No es que me sienta un mujeriego ni mucho menos,  de hecho de momentos creo en el cuento de la monogamia y los sentimientos eternos. Pero como tampoco voy a ser tan choto de quedarme con la primera tuerta que me cruce, voy disfrutando el camino hasta llegar a la indicada.

El camino de búsqueda está lleno de sorpresas y adrenalina, pero también de garrones que deberían ser innecesarios, como por ejemplo:

Mensajitos por Whatsap: Esta es la parte en la que la muchacha en cuestión te cuenta su color preferido, cada cuanto sale y de momentos te comenta hasta las cosas que no está estudiando por hablar con vos.  Generalmente en esta etapa te va testeando como candidato para merecer una cita con ella. Como el caballero no es choto y sabe que no siempre pasa la prueba y a veces no se consigue la cita, se va tiroteando a otras dos para llegar aunque sea con una a un finde lejos de la soledad y las pajas en la ducha. Entonces, imagínense a un hombre, tratando de recordar tres comidas favoritas, tres carreras, tres colores, y un sinfín de preguntas que serían mucho más efectivas hacerlas en persona y con una birra de por medio.

Supongamos que hiciste todo bien, la invitaste y aceptó. ¿De qué concha hablas si ya se han charlado todo? Que paja repetir las mismas preguntas porque no te acordás las respuestas o se te mezclan las historias con las de las otras guachas.

Etiquetas: El depredador no solo triunfa al cazar una víctima, sino que luego debe borrar los rastros de su hazaña para no espantar futuras presas. Al otro día de la salida tenés que andar a dos manos borrando y ocultando fotos a mansalva. Un segundo que tardes en borrar una foto con otra, alcanza para que la captura de pantalla haga explotar el grupo que tiene con sus amigas y te cocinen vivo.  Que paja andar atrapado.

Invitar la comida: Los mejores platos se cocinan a fuego lento. La mujer sale a la cita con una decisión tomada: “Hoy se coge”, “hoy no se coge”, el resultado va a depender de tu desempeño en la salida previa.  Mientras vas “cocinando” el plato del encanto y la atracción femenina, estás gatillando como un culiado. Plata para el cuida coches, plata para cena y vino (lo necesario para que se ponga mimosa) y recién ahí podés llegar a tirar el famoso “vamos a un lugar más tranquilo”(Nunca entendí esta frase trillada, ¿Qué tranquilidad le ves a estrellarla contra el espejo del telo?).

En el hipotético caso de triunfar, terminarías con tu chica en el telo y tu billetera destruida. Ser mujeriego también es de chetos. Que paja las cenas previas, juntémonos directo en el telo y pidamos un tostado después de coger.

Tragos chotos: La invitas a tomar unos tragos un sábado a la noche, el mensaje es implícito pero directo.  La ves pedir la carta de tragos y clavarse mojitos o Baileys con Oreo uno tras otro. ¡PONETE EN PEDO RAPIDO ASI COGEMOS QUERIDA, PEDITE UN SEPTIMO REGIMIENTO O UNA MEADA DE ORTEGA!

Evitar palabras afectivas: Hay miles de palabras que un hombre puede usar para expresar que la pasó bien, pero la tarea de elegirlas es muy difícil cuando la que está en frente es una mujer distinta a la de la semana pasada. La frase prohibida es “te quiero”, ya que si la tirás una vez puede volverte varias, haciendo que la joven se ilusione o bien te puede mandar a la verga porque no busca sentimentalismos.

Meter panza: Seamos realistas, a los hombres nos gusta comer de a dos kilos de asado. Sin ir más lejos, hasta nos vamos vestidos con ropa bien suelta para morfar como un africano suelto en el festival del chivo. Pero a las damas les gusta el sushi y las camisas entalladas, por lo que tendrás que estar toda la noche metiendo panza para no sacarle un ojo con el botón de la camisa. ¡QUE PAJA!

Fingir: Por algún extraño motivo, el mujeriego en cuestión siente que debe venderse todo el tiempo como el príncipe azul que en realidad no es. Así comienza el ritual del “Yo hago”, “yo tengo”, “Yo soy”. Pero hacerse auto cartel no es todo, si no que también debe fingir interés por lo que ella le cuenta y usar frases como: “Que interesante”, “Qué flashero”, “No te puedo creer” acompañado de la misma cara que ponías cuando Indiana Jones se salvaba de ser aplastado.

Buscar conexiones: En todos los libros de conquista que he escrito, aparece destacado el punto de buscar cosas en común. Esta es una tarea que no debería llevarnos mucho tiempo, pero la realidad es que así como hay hombres chotos, también viene la versión femenina que no se le queda atrás. Mujeres insulsas, sin ambiciones ni sueños hay de a montones. Entonces te comés el garrón de encontrar conexiones donde no la hay, con el único propósito de embocarla.  En esta instancia usas frases que a tu oído suenan muy chotas como: “Que flashero, a mí también me gusta la Coca”.

Si con estos 8 items que te acabo de exponer, no pensás que tener muchas minas es todo un trámite, lo respeto. Pero yo prefiero la infinita comodidad de los refregones con la almohada y la suave y siempre placentera sensación de la paja en la ducha…

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