La historia de “Apache”, el caníbal de San José

El domingo 15 de Febrero del año 2002 la ciudad de Mendoza amanecía con la noticia de un terrible asesinato. No se trataba de un hecho de inseguridad mas, no era un asesinato en ocasión de robo.

Durante la madrugada una joven pareja fue hallada muerta en el interior de su coche, en lo que se conoce como la Rotonda de las vírgenes. El crimen se había perpetrado con un sadismo y saña pocas veces vistas. Cuando trascendieron los pormenores del crimen la rabia, el odio y el pavor se apoderaron de la sociedad mendocina, la joven había sido violada y estrangulada, el hombre había recibido un profundo corte en el abdomen que le terminó causando la muerte al cabo de varios minutos de agonía. Todo parecía indicar que ambos habían sido dopados con algún tipo de anestésico, puesto que ninguno había ofrecido resistencia física considerable.

Desde el primer momento en que se conocieron los hechos, se propagaron rumores de que el sadismo del perpetrador había ido mas allá e incluso había mutilado a sus víctimas. Las autoridades salieron a desmentir inmediatamente estas versiones, y se pidió cautela en los medios, dado que los familiares estaban destruidos.

Las características y las repercusiones que genero el doble homicidio, motivo una rápida reacción desde el Ministerio de Seguridad. Se dispusieron custodias policiales en todas las entradas del parque y se le aconsejo a la población que no permaneciera en el lugar después de que oscureciera.

El tiempo y la sucesión de otros hechos violentos y los avatares políticos a nivel nacional, diluyeron el interés y la alarma de la ciudadanía y, aun peor, de las fuerzas de seguridad sobre el hecho. Para el otoño parecía haber pasado la tormenta y en la televisión no se hacia mención del doble crimen.

El 5 de Julio, en el ya desaparecido Hotel EL PELICANO, ubicado en el Challao se disparo la alarma del vehículo de uno de los clientes. Los empleados llamaron a la habitación, sin recibir respuesta alguna, al cabo de algunos minutos; y ante la insistencia de los demás clientes el dueño entro en la habitación.

La escena era espeluznante, la joven pareja de alrededor de 20 años había sido masacrada, dejando un reguero de sangre y vísceras por todo el lugar.

El crimen fue aun mas sádico y conmocionarte que el primero, los empleados y el dueño del lugar corroboraron las versiones sobre mutilaciones y lo que parecía ser una serie de ritos, marcas efectuadas en ambos cuerpos y señales de canibalismo. Evidentemente, el asesino había tenido mas tiempo que la vez anterior y había dado rienda suelta a su perversa mente.

Sin embargo, la trágica noche daría un giro inesperado en un control de tráfico montado en las inmediaciones de la terminal se detuvo a una pareja que conducía erráticamente a bordo de un Peugeot 504. El muchacho estaba temblando y la chica convulsionaba en el asiento trasero.

Ambos debieron ser trasladados al Hospital central, habían sufrido heridas importantísimas, golpes y además, parecían no reaccionar.

El traslado y la intervención de la pareja se hizo con custodia policial, puesto que los investigadores sospecharon desde un principio que pudiera haber una conexión con los otros crímenes.

El joven, llamado Raúl Stocco, recobro la conciencia recién dos días después debido a la perdida de sangre y la presencia de un anestésico animal en su sistema.

Su declaración echaba luz sobre los crímenes anteriores.

– Estaba con mi novia estacionado en la rotonda, se acercó una camioneta antigua, de color negro que encendió dos reflectores, encandilándome.

Toqué bocina y le grite, el se bajó del vehículo, no alcancé a verle la cara, pero era un hombre muy alto, 1,90 o mas. Cuando me acerqué el me clavó algo en el muslo.

Desperté totalmente adormecido, me costó darme cuenta lo que estaba sucediendo, hasta que lo vi sobre mi novia en el asiento trasero. Como pude me levanté y lo arroje al asfalto, lo patee y salí a prisa para perderlo. No me di cuenta de la gravedad de mis heridas, pise el acelerador a fondo y no me detuve en ningún semáforo.”

La muchacha, de nombre Silvina Ruffo, recobro el conocimiento recién dos semanas después y corroboro la declaración de su novio.

Lo único que los había salvado fue la maciza complexión de Raúl, un muchacho que practicaba Rugby, al cual la dosis de anestésico que se le había suministrado no alcanzo a dormirlo del todo.

Al momento despertar se le informo a Silvina que estaba embarazada, por la proximidad de la violación de la que había sido víctima, no se podía saber con certeza si el niño era de Raúl, o de su violador, a menos de que se efectuase un examen de ADN. Ante esta posibilidad eligieron obviar el examen y asumir que Raúl era el padre.

La descripción de la camioneta, sumado a un trozo de una óptica, y las marcas de las cubiertas, permitieron determinar que se trataba de una camioneta Chevrolet Apache modificada, con doble tracción, con dos reflectores de caza montados sobre la cabina y color negro.

Los medios de comunicación difundieron la descripción de la camioneta, y de inmediato se popularizo el sobrenombre APACHE para el sanguinario asesino.

Se individualizaron cinco camionetas con estas características en la zona del Gran Mendoza, cuatro de ellos eran mecánicos. Sobre estos recayó la investigación, porque si bien no daban con la altura descripta, si se trataba de hombre fornidos.

Por mas que le diera vueltas al asunto, no se lograba llegar a buen puerto con la investigación. Las pericias no lograban establecer un nexo entre los sospechosos y los crímenes, todo indicaba que se había llegado a un callejón sin salida.

Habiéndose agotado todas las posibilidades, quedaba solo un sospechoso, el señor Darko Mirkovic, un anciano de noventa años que había emigrado desde la región de Dalmacia en los años 40, propietario de una magnifica Chevrolet Apache modelo 1962

Darko se volvió un importante viñatero, que forjo una inmensa fortuna, llegando a convertirse en un gran empresario y filántropo, que contribuyo personalmente en grandes obras benéficas. Su morada había sido durante los últimos 20 años una fastuosa mansión ubicada sobre la calle Bandera de los Andes. El palacete estaba rodeado de un parquizado bellísimo con pinos, arboles y ligustrinas, prolijamente mantenidos.

El anciano se ajustaba a la descripción, aun con todos sus años conservaba una imponente y robusta figura que rozaba los 2m. Además era una asiduo cazador, por lo que manejaba a la perfección todo tipo de armas. Aun así, sus antecedentes como hombre de bien y avanzada edad lo habían excluido de la lista de sospechosos.

El comisario Ramírez tomó la decisión de ir el mismo a realizar la “entrevista” para evitar herir susceptibilidades, después de todo se trataba de un ciudadano de conocida trayectoria.

Evito llegar en papel de comisario, espero terminar con su trabajo y llego en su vehículo, un viejo Citroen, hasta la mansión.

La esposa del comisario estaba acostumbrada a que su marido se ausentara por las noches, pero se había comprometido con una pareja amiga, por lo que llamo a la comisaria alrededor de las 22pm, los oficiales evitaron dar detalles, conocían las escapadas del comisario y lo excusaron sin saber exactamente donde estaba.

Ya en la mañana se enviaron dos móviles hasta el palacete de calle Bandera de Los Andes. Ni bien estacionaron se llegaron, hallaron el Citroen de Ramírez estacionado en la cochera.

Sobre la mesa del comedor habían dos tazas de café a medio beber y una canasta llena de facturas, todo salpicado de sangre.

El rastro seguía hasta un inmenso sótano. Nada de lo que habían visto en sus años de servicios los había preparado para lo que encontraron tras esa puerta. El cuerpo desvencijado de Ramirez tendido sobre una mesa de loza blanca, su cráneo aplastado y sus entrañas colgando hasta el suelo, la sangre hedionda mezclada con la aun tibia del comisario.

En el cuarto contiguo, el cuerpo aun convulsionante de Mirkovic hacia de siniestra piñata.

En la pared pintado en sangre la inscripción rezaba:

Mi sangre impregna estos muros, mi semilla será eterna.

En el sótano se pudieron identificar rastros de al menos 8 personas.

Hubieron fuertes presiones por parte de sectores económicos vitivinícolas para ocultar lo sucedido, porque perjudicaría gravemente la actividad. El gobierno provincial, escaso de fondos por la crisis recibió gustoso las “donaciones” y aprovecho la muerte de un prófugo en medio de una balacera para culparlo de los hechos. Total, todos ganaron, el asesino estaba bien muerto y los familiares encontraron su victimario.

Continuará…