Cuando la desgracia te persigue hasta la fiesta Mendolotuda

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¿Les ha pasado de no poder olvidarse de una persona? Bueno, me pasó y no por algo muy bueno que digamos.

Hace dos años más o menos para esta altura tenía que hacer unos trámites para la facultad. Estaba medio fresco como ahora pero por hacerme la pendeja no le hice caso a Cecilia Ranua del noticiero cuando dijo que saliéramos abrigados porque a pesar del sol, el viento estaba que congelaba por la mañana.

A las puteadas y cagada de frío me tomé el micro para el centro. Cuando me bajo en Catamarca y Rioja no quería saber nada con caminar hasta el CONI en calle Godoy Cruz, asique pateé hasta la calle San Martín para tomarme un taxi.

Me acerco a la puerta del único taxi estacionado, ya que a eso de las 6 y pico de la mañana son pocos los que están ahí, cuando me estoy por subir se me cae la billetera, la levanto y en esos segundos un forro de mierda se mete al taxi y se va.

20 minutos estuve parada temblando como una hoja esperando a otro vehículo, 20 minutos en los que la madre de quien se había ido en mi taxi se convirtió en el centro de mis puteadas hasta que otro tacho llegó y pude hacer mis cosas.

A la vuelta ya estaba pegando el solcito y empezó hacer calor, asique pensé “Está lindo para un heladito” Me fui al Grido de calle Las Heras que me quedaba cerca y en la cola veo al tipo que se me había colado en el taxi. No soy una persona vengativa pero en mi interior deseaba que se acabara su gusto favorito. Compró y se fue para mi suerte. Cuando la chica me atiende le digo:

-Dame chocolate y selva negra por favor.

-No me queda selva negra, justo el señor que se acaba de ir se llevo lo último.

No compré nada, me fui re caliente pensando: “Robame el taxi si queres, te lo pago si es necesario, pero con el helado no, con el helado no hijo de puta, a una mujer no se le jode con eso”

Llegué a mi casa y anduve con el culo afuera toda la tarde, que dicha la mía de cruzarme 2 veces al mismo boludo en el mismo día. Todo se me olvido en la noche, justo se festejaba la 3ra Fiesta del Mendolotudo, la venía esperando hacia meses, hacía poco había entrado al Mendo y era la primera vez que iba como miembro del staff. En las otras fiestas la había pasado de puta madre pero no había tenido la oportunidad de conocer a ninguno de los chicos y estaba emocionada por encontrarme con mis colegas.

Cuando llego al bolichongo me encuentro con Conep haciendo sociales en la puerta. Era al único que conocía, cuando entramos empezó a presentarme a algunos de los chicos que andaban por ahí. En eso Conep me da un ticket para un trago en la barra.  Cuando estoy ahí a punto de pedir una Margarita ¿Quién se me cola? Si, el mismo tipo de esa mañana, no lo podía creer. Sentí que todo era una joda y cuando se está por ir lo paro y le digo:

-Flaco, ¿vos me estas cargando?

– Mmm, no creo, ¿Por?

– ¡Hacete el boludo! esta mañana me cagaste el taxi, después en la heladería te llevaste todo el helado del sabor que me gusta, ahora te me colas en la barra. De todos los boliches de Mendoza ¿justo acá te tengo que cruzar?

En eso aparece Conep.

-¡Bomur! ¡Bomur!, ¿ya estas escabiando? ¡Ah! Veo que ya se conocieron.

Yo no entendía nada, ¿Había dicho Bomur?

– Te presento a Marilyn Monroe, la nueva adquisición del Mendolotudo.

Si, así como leen,  el señor que había querido cagar a patadas esa misma mañana era nada más y nada menos que Richard Bomur.

Dicen que del amor al odio hay un solo paso y en mi caso fue al revés: Pase de detestar a Bomur a adorarlo, aunque se me siga colando en la barra en las fiestas Medolotudas.