La Guerra de la Sal | Último capítulo

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4

I

Las tribus dejaron la retaguardia descubierta y eso aprovecharon Álvaro y Nefer para escabullirse. Ella cada tanto miraba de reojo para ver si él la seguía. Se sentía reconfortada al percibir su mole corriendo detrás suyo. Álvaro encontró tirado un enorme palo. Lo tomó y siguió corriendo complacido. Los guerreros estaban distraídos con el ataque y ellos sigilosamente se metieron en un edificio destruido. Nefer buscó por algunas habitaciones en ruinas, hasta que en una levantó unas chapas dejando al descubierto la boca de un túnel.

II

El Garza miraba con satisfacción cómo los caballos de los Beltrán jalaban el puente para bajarlo. Unos pocos guerreros habían alcanzado a colarse por la abertura, debía lograr de alguna manera poder introducir más fuerzas. Ordenó a los Sanroque que acercaran sus catapultas a la muralla y a los Nuyán que redoblasen sus tiros de flechas. Desde el Feudo la defensa del puente era férrea. A pesar de que nadie los dirigiese los guardias habían conseguido controlar la situación.

III

Nefer y Álvaro atravesaron el túnel para llegar al Feudo; estas aberturas habían sido ideadas por el Jefe Núñez. Se dirigieron resueltamente hacia donde se escuchaba el sonido de la lucha. Corrieron entre los pobladores que huían buscando alejarse de la batalla. Se encontraron con unos cuatro guerreros que combatían rabiosamente contra unos guardias, quienes sólo atinaban a acorralarlos. Entonces intervino Álvaro. De un palazo en la cabeza derribó a un guerrero; se acercó al segundo quien esgrimió una bayoneta, Álvaro le pegó con el palo como un ariete en el esternón; el tercero tomó la iniciativa y atacó con su machete, el errante le atizó un golpe en el mentón; el último intentó huir pero el errante arrojó su vara como una lanza y le dio en la nuca.

Los guardias reconocieron a Nefer y le dijeron que estaban a sus órdenes. Ella, Álvaro y el resto avanzaron. A medida que lo hacían la lluvia de flechas y rocas iba en aumento. Algunos pericotes mordieron sus talones. El fragor de la batalla iba en aumento al tiempo que se acercaban a la muralla; se encontraron con guerreros de las tribus dispersos y los ultimaron con cuchilladas y palazos. Nefer era la más encarnizada, Álvaro la miró entre sorprendido y gozoso cuando ella le clavó un puñal en el pecho a un Ipo.

IV

El Garza estaba impaciente, veía que el ataque se había estancado. Los caballos de los Beltrán cayeron bajo las flechas; los pericotes de los Lomayén no alcanzaban a subir por el puente a medio abrir y los guerreros menguaron en su ferocidad. Necesitaba un golpe de efecto y no podía hallarlo. No creía en la suerte pero la necesitaba.

V

Nefer sentía esperanzas en que la situación estaba controlada y tenía reproches para hacerle a él por creer que todo estaba perdido. Pronto tuvieron a la vista la muralla, el sonido de la pelea era casi inaudible. Ella pensó que habían rechazado el ataque. Ya divisaba a los arqueros en la almenas defendiéndolas. Los guardias que defendían al puente a medio abrir se miraban unos a otros satisfechos por contrarrestar la avanzada. Los pobladores comenzaban a salir de sus escondites. Entonces se escuchó un chasquido, luego otro, después un estrépito. Los cables se cortaron y el puente cayó sin remedio. Comenzaron a entrar hordas de guerreros y pericotes que sometieron a los defensores y empezaron a cometer tropelías: Incendiaban las viviendas, mataban sin piedad al que se les atravesase, hombres o niños; con las mujeres el trato era diferente, eran violadas en el mismo sitio en que las capturaban. Nefer intentó ir a batallar contra el enjambre de enemigos que se metían al Feudo, esta vez Álvaro no tuvo miramientos, la tomó fuertemente de la cintura y la arrastró con él, mientras buscaba alguna salida de ese pandemoniun.

VI

El Garza estalló en gritos de júbilo cuando cayó el puente, sin perder un instante ordenó a todos sus combatientes que atacaran. Sintió un placer absoluto al ver cómo se introducían en el Feudo Central. Hurgó en un bolsillo y sacó un paquete de Camel, los atesoraba sólo para grandes ocasiones, encendió uno. Entonces con asombro vio en el cielo cómo una nave comenzaba a descender, al principio creyó que tenía visiones pero a medida que bajaba vio el perfil de algo parecido a un avión, pero que no producía sonidos. Se olvidó rápido. Quería la sal.

VII

El Recolector manejaba los controles de la nave con precisión, las alturas le brindaban una visión privilegiada de la batalla, veía a los guerreros correr por las callejuelas saqueando y asolando y se reprochó el no haber actuado en su momento. En el caos creyó reconocerlos.

VIII

Álvaro llevaba a una sollozante Nefer con una mano y con la otra esgrimía el palo para defenderse de los guerreros. Estos cada vez eran más y más; dobló por una esquina y se encontró con una calle sin salida, cuando quiso volver sobre sus pasos le fue imposible, estaba rodeado; sentó a Nefer en el piso y se dispuso a defenderla a toda costa. Un zumbido llamó su atención, levantó la vista y se encontró con la nave a unos metros encima de su cabeza, se abrió una escotilla y apareció el Recolector quien disparó a los guerreros, luego les arrojó una escalera de mano. -Ustedes deciden- les gritó a los sorprendidos Nefer y Álvaro.

IX

Nefer y Álvaro se ubicaron como pudieron dentro de la estrecha cabina. Miraban estupefactos cómo el Feudo se hacía cada vez más chico, hasta desaparecer. El Recolector los miró fijamente y les ofreció a cada uno un vaso con un líquido parecido al café. Al tomarlo cayeron en un profundo sopor. Lo último que escuchó Álvaro fue al Recolector: -El viaje es largo, mejor que descansen. Luego todo se volvió un negro absoluto.

X

Álvaro despertó en una cama limpia en una habitación blanca. Se sentó en el borde del lecho un tanto aturdido. Levantó la vista y vio a Enrico sentado en una esquina mirándolo fijamente -Cuando cayó el meteorito pensamos que no había quedado nadie… pero el panorama se aclaró y vimos que sí, que habían sobrevivientes, pero no podíamos traerlos a todos- dijo Enrico -¿Traerlos adónde?- preguntó Álvaro. Enrico lo miró condescendiente y le contestó – A la Luna… ¿adónde si no? – Álvaro lo miró extrañado y antes de que pudiera decir algo el otro siguió hablando – Estás en una base lunar ultrasecreta creada por lo que fue la OTAN, es un sitio autosuficiente; no traemos personas de la Tierra, pero teníamos dos cupos y el Recolector optó por ustedes… Acá no van a tener sobresaltos, es el único lugar seguro… Es su decisión- Álvaro intentaba procesar toda la información -¿Y Nefer?- preguntó.

XI

Era un mirador con una cúpula de vidrio que daba a una meseta lunar. Nefer miraba el paisaje en silencio, Álvaro se acercó y se sentó a su lado sin decir palabra, ella lo miró luminosamente y él se sintió reconfortado. Se quedaron un rato en silencio, saboreando la nueva oportunidad que les daban. Él la miró -Álvaro- dijo; ella lo miró sin comprender – Nunca me presenté… me llamo Álvaro- y le extendió la mano, ella se la tomó y no lo soltó. Se quedaron así, viendo cómo crecía la figura de la Tierra en el horizonte.

 

FIN