Yo no quiero dejar de ser un niño

La niñez, por lo menos para mi, es la parte más maravillosa de la vida. ¿Porque digo esto? Porque sucede cuando el ser humano vive su mayor estado de pureza. Somos una fina tela blanca mientras somos niños, hasta que indefectiblemente nos terminamos ensuciando con la basura del mundo. Tengo la certeza que si todos fuéramos un poco más niños, seríamos mucho más felices. Sería bueno recordar lo que aprendimos de chicos, eso que nos hizo quienes somos.

De niño aprendí que la capacidad de soñar no tiene limites, que podemos ser quien imaginamos y queremos. Soñamos con ser grandes futbolistas, músicos de rock, grandes actores, y nada nos detiene a la hora de imaginarnos nuestro futuro ideal. Tenemos esas ganas irrefrenables de ser quien queremos y eso nos hace ser felices. Pero crecemos, y a veces las necesidades, o alguna carencia, nos hace abandonar esos sueños para hacer algo que odiamos, y terminamos siendo funcionales al sistema, trabajando para vivir, o a la inversa. ¿Cuán feliz nos haría seguir nuestros sueños hasta el final sin importar nada?

No hay amor más puro que el de un niño, quizás porque se siente verdaderamente en el corazón. Intenten recordar algún amor de su infancia y se van a dar cuenta que jamás pensaron si la otra persona era de tal clase social, si estudiaba, si vivía en tal o cual lugar, que de grande es muy común pensar. Simplemente se enamoraban de sus ojos, de su sonrisa, del interior del otro, lo más hermoso que una persona tiene.

Algo que siempre añore de ser niño es el valor de la amistad, algo que vamos dejando de lado con el tiempo. De niño los amigos lo son todo, no concebimos la vida sin ellos, sin las aventuras, sin jugar a la pelota en la calle. Un amigo es algo tan valioso que no se puede pagar. Pero de grande las cosas hacen que le demos más valor a otras cosas; estamos tan preocupados en crecer personalmente que olvidamos el valor de un consejo que ayuda, del abrazo que te pone las pilas, de la cagada a pedos que te activa, y nos quedamos sólo con vacíos mensajes por whatsapp u otra red social. Nos olvidamos del valor de estar presente, y lo que significa compartir algo con la familia que uno eligió.

Quizás lo que más añoro de ser niño es la pureza que uno tiene en ese momento. Tenemos el corazón tan puro que jamás haríamos algo egoísta o para dañar a otro. Pero indefectiblemente el mundo está tan podrido que terminamos siendo todo lo contrario: si podemos cagar al otro en nuestro beneficio lo hacemos, somos egoístas, envidiosos, soberbios. Perdemos la esencia que solíamos tener, dejamos de ser transparentes para volvernos en muchos casos, oscuros.

Por algunas de estas cosas es por las que no quiero dejar de ser un niño, porque siento que mientras más crezco, mientras más vivo, más me convierto en quien no quiero ser. Desearía que todos pudiésemos ser un poco más niños y volver a ver la vida como un juego, quizás seríamos un poco más felices.