Carta para Víctor

Cartas, ¿quién las escribe en estos tiempos, en donde la tecnología lo atropella todo? Las cartas, son para mí, la envidia de la actualidad, nadie las escribe porque no saben cómo, nadie tiene la habilidad de nuestros abuelos, de nuestros padres, para volcar en un papel los sentimientos más profundos del alma. Eso es, ya nadie busca en el fondo de su ser lo que se necesita para escribir y enviar una carta.

Víctor, el chico de la sonrisa llamativa, el chico de los hoyuelos en las mejillas al reír, el sí logró llegar a ese lugar desconocido, fue capaz de encontrar en mí, el lugar cursi que todos odian, pero que en verdad, la gran mayoría oculta para no parecer frágil.

Las cartas, papel y tinta, algo tan básico como eso, son mucho más: es la dedicación, el tiempo, es la forma de hacer la letra para que quien la lea la comprenda, le llegue, y que al fin sienta lo que un mensaje de texto o un email jamás lograrán hacer.

Así como la vida nos quita, también afloja la cuerda de nuestros cuellos y nos da un mínimo respiro, así es como la vida se apiadó de mi incertidumbre sobre el amor y colocó en mi camino a Víctor, el chico de los ojos café, el chico de los agujeros en sus orejas.

¿Quién es Víctor? En su momento lo fue todo, ahora solo son frases en una hoja de papel. En su momento fue lo más importante para mí. Mientras el mundo se autodestruía en guerras y las poblaciones morían de hambre, nosotros andábamos por ahí haciendo la paz, comiéndonos a besos, si el hambre de nuestras bocas así lo requería.

Con Víctor fuimos los “Del uno al diez ¿cuánto me queres?” como si lo verdaderamente importante fuera ganar, fuimos las discusiones tontas y las reconciliaciones prontas, sedientas de abrazos, fuimos los besos lanzados desde la ventana del tren, fuimos fugaces.

Pero así como la vida se apiada un poco de nosotros, también es egoísta y nos quita, y así como el amor viene y se va, así como Víctor llegó, se fue o tal vez lo dejé ir, sin dar más vueltas: ya no está, ¿o la que ya no está soy yo? Quizás o más bien, se agotó, nos agotamos, mas bien, creo que nos rendimos. No hace falta ser un genio para saber el final.

Y en medio del dolor, de la separación, del desapego, el mundo a nuestro alrededor se torna sabiondo, teniendo la explicación de todo sobre el desamor, trayendo bajo la manga trucos mágicos para llenar el vacío existencial, mas bien, el vacío de los Domingos, que mas para extrañar a alguien, los Domingos están para dormir la siesta de a dos, pero los seres humanos somos, así, raros, escogimos un día y todo para sufrir.

Las cartas son la manera de expresar lo que la voz no puede reproducir, es la lengua de los temerosos y enamorados. Las cartas cuentan historias lindas y no tan agraciadas, como las despedidas.

Las despedidas son terribles: Son los lunes de los sentimientos, son los veranos sin pileta, son el sanguche de milanesa sin tomate, lechuga y mayonesa. Son tan jodidas como la tía que viene de visita a casa y ocupa tu cama, son el desayuno sin tortitas o medialunas, son el bondi lleno sin un asiento libre para desplomarse y descansar. Las despedidas son dolorosas, como cortarse el dedo al cocinar, como quemarse con el agua caliente de la pava, así de doloroso como son mis días sin Víctor. Las despedidas, son esas cosas que más odiamos y llegan para quedarse y como se quedan es mejor hacer de cuenta que las despedimos, haciendo una carta, por ejemplo.

Si ahora me preguntaran ¿Qué fue él para vos? Víctor fue lo que los indecisos dicen “No sé que es, pero me gusta”, fue lo que la gente te pregunta: ¿Y para cuando? Cuando te ven de la mano, fue esa cara de tarado al leer un mensaje de “buenos días mi amor” en la mañana, fue las rosas que me regaló y que guardé en mis libros preferidos, la lluvia en las noches de verano, que mas que refrescar, humedecen pero llenan el alma. Fue lo lindo mientras duró y por eso se merece una carta.

Y me pregunto yo, ¿Cuántos Víctor andarán por ahí dando vuelta que despedimos y no les hicimos una carta? ¿Cuántos Víctor se fueron y todavía los tenemos pero en forma de dolor?

Querido Víctor: Te envío esta carta para despedirme decirte que te quiero.

“Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho”.

Jean Jacques Rousseau