La escritora de mis sueños

Hacía mucho que la leía, era parte de nuestro famoso “Mendolotudo”, me pasaba tardes leyendo y riéndome de las mentes locas que escribían, pero ella…. Ella lograba que me volviera protagonista de sus relatos.

Si chicos, estoy hablando de Mina Murray, ella que con su poca sutileza nos defendió de todos aquellos que dicen que escribimos para pajeros en el “Placer escrito a través del tiempo”, también donde nos cuenta que hasta un pibe de 19 años te puede dibujar un Picasso con su leche tibia en “Una historia ardiente entre los 19 de él y mis 25” entre otras las cuales recomiendo sean leídas así como yo las leí.

En fin, escribíamos… Una tocaya, una colega, como suelo llamarla. Y hoy quiero compartir con todos nuestros lectores algo raro que me paso, no sé si raro, tal vez fogoso, tal vez morboso, tal vez…. No sé, algo que debo hacer realidad.

Era un lunes, de esos feriados donde decís: “la rompo el finde entero” y el lunes no te podes mover, bueno así. Había leído su última nota, obvio con la cual salí corriendo al sex shop de la Peatonal Sarmiento a pispear, y me terminé trayendo muchas cosas las cuales estrené todo durante las noches de fiesta y mi querido compañero de juegos atrevidos.

Almorcé como de costumbre, un pucho haciendo sobre mesa, el sueño haciendo efecto de vuelta, y bueno, lunes feriado, olvídate, a dormir la siesta y me largué de panza a mi cama. Acomodé la almohada y me hundí en un mar de sueños.

“…Entre hombres que me tocaban, recuerdo que en una parte conducía un Porche azul a todo trapo (y bueno es un sueño), jugaba al golf, y cosas raras así, apareció ella.

Mi habitación, entró sigilosamente, un vestido negro ajustado al cuerpo, sus labios rojos furioso, un antifaz negro que solo me dejaba ver ese delineado perfecto de sus párpados. Me acomodé en la cama, solo me encontraba vestida con mi conjunto de ropa interior, negro también como de costumbre, encaje, bien sexi. La invité a sentarse, mis rulos rojos caían sobre mis pechos cubriéndolos, y su cabello que llegaba a sus hombros de color castaño claro, unas ondas marcadas de tal forma que mi calentura subía y se los quería agarrar para besarla.

Como sabemos Mina Murray no es de las típica que les gusta esperar a que el otro empiece, y yo no fui la excepción. Levantó su mano derecha y con sus dedos me corrió el pelo hacia atrás, me daba cuenta que quería mirarme. La dejé tocarme los hombros, muy despacio y con la delicadeza que jamás había recibido, también mi cuello, mi espalda y como era de esperarse desprendió mi corpiño, lo sacó siguiendo la silueta de mis brazos y con sus manos agarró mis pechos. Fue entonces donde me di cuenta que moría de ganas de hacer lo mismo. Bajé el top de su vestido, no llevaba corpiño, ella no es de usarlos sus pechos son tan perfectos que no le hace falta. Chiquitos redondos, simétricos. De la misma forma que ella lo hacía conmigo, la acaricié. Que placer raro aquel que sentí al tocar su piel, tan suave. Me dijo al oído que adoraba tocarlos, tan maleables. Entraban en sus manos perfectamente, y los suyos en las mías. Las caricias en forma de círculos, el apretón con la intensidad justa, el pellizco exacto, perfecto, nunca me tocaron las tetas tan bien como ella.

Me paré, la deje semi acostada en mi cama, y saqué el vestido de su cuerpo. Me sorprendió, tampoco traía bombacha, aunque bueno, era de esperarse, así de atrevida es Mina. La miré, recorrí su cuerpo con una mirada lujuriosa. Detecté inmediatamente los lunares, llamaron mi atención, sólo se situaban en la parte derecha de su cuerpo. Decidí besar cada uno, el primero, centrado en el pecho, debajo de su garganta alineado con su cadenita, apoyé mis labios y en un camino de besos llegué al segundo, ahí estaba, justo donde comenzaba su pecho derecho, otro beso y un nuevo camino que me detuve en su pezón, también chiquito, delicado, y pasé mi lengua, dibujé círculos sobre su areola, apreté su botoncito con mis labios lo estiré apenas y volví a mojarlo con mi lengua. El próximo lunar estaba en el comienzo de su brazo, lo besé y lo recorrí completo hasta llegar a sus manos, me metí su dedo índice a mi boca y lo chupé como si estuviera chupando una pija. Todos sabemos que las terminaciones nerviosas que tenemos, tienen un gran poder de sensaciones y chuparlo bien logro lo que esperaba, un suspiro bien sonoro de sus labios. Arqueó un poco su espalda, se acomodó y seguí con mi paseo sobre su cuerpo.

El cuarto lunar, se encontraba debajo de sus pechos, justo en la última costilla. Era un poco más grande, y el único con relieve, vistoso y tan sexi como los demás. Otro beso, una pequeña lamida, me desvié un poco ya que me llamó la atención ese aro invertido que tenía en el ombligo, pocas lo tienen así, y que sensual se veía, así que no puede evitar pasar mi lengua, agarrarlo con mis dientes y tirar un poco de él. Mis manos contorneaban su cuerpo a cada paso que daba, y ella cada vez que podía masajeaba un poco más mis pechos.

Mi camino terminaba, me acercaba al último de los lunares, justo al lado de un tatuaje que adornaba su piel. Un timón, justo en la ingle, tentador y tan indescifrable. Lo repasé todo con mi lengua, un beso mas a ese lunar y le dije: “perfecto camino de lunares”. Me devolvió la mirada y dijo:”no has terminado, quedan dos más”. Se dió vuelta, y ahí estaban. Uno debajo de su cola en la pierna derecha. Hice una mueca, me miró invitándome a que lo besara también. Lo hice, y agarré con mis manos su cola, bien desde arriba, bien firme, tratando de abarcar todo. Le rocé los glúteos con mis pezones, y con mi lengua lamí toda su columna y ahora sí, besé el ultimo, en la nuca lo cual me dió lugar a besar todo su cuello. Volvió a girarse, y agarrando mi cara con ambas manos apoyó su labios en los míos. Fue suave, tibio, húmedo, dulce. Un ensamble perfecto de labios carnosos como los míos y finos como los de ella.

Un beso largo, caliente, erótico, sensual, sin dudar un beso de esos a cualquiera lo sube de tono, y nosotras estábamos mojadas a más no poder.

Estábamos dispuestas a todo, queríamos hacernos de todo, sentirnos el sabor de cada parte de nuestros cuerpos, podía darme cuenta por su mirada, irradiaba calor, y yo… yo me estaba quemando viva.

Me acosté, y ella comenzó a besarme, mis tetas, un poco mas voluptuosas que las de ella, pero hizo magia con ambas. Las humedeció, masajeó, y siguió bajando, mi abdomen fue violado por completo, colocó cada mano a los costados de mis caderas, bajo la tanga, la sacó, y se hundió en mi…”

Abrí mis ojos, mi corazón estaba acelerado, una de mis manos estaba encima de uno de mis pechos, y la otra… la otra entre mis piernas. Mis dedos perfilados justo dentro de mí. La saqué, estaba empapada.

¿Qué había pasado? ¡Qué real había sido ese sueño! Había tenido el sueño más erótico de mi vida y había sido con mi colega.

Me levanté, abrí la ducha, el agua caliente, agarre uno de los juguetes que había comprado en el Sex Shop que ella me había recomendado, y en un clima de confort propio terminé lo que en un sueño había comenzado, sólo que esta vez me encontraba sola.

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