Sucesos…


Esta historia quedará inconclusa hasta la semana que viene. Y va a tener un desenlace increíble. Por eso te recomendamos que previo a leerla, leas ésta otra nota: La escritora de mis sueños (por Mérida)

El lunes de esa semana había llegado Mauro el hermano menor de Bruno, mi mejor amigo. Desde chico fué muy viajero y se instaló en la casa de unos familiares que ellos tienen en Miami. Los años pasaron y Maurito ya no era el nene flaquito de ojitos claros. Se había convertido en un triángulo invertido de musculos. Brazos, cuello, espalda, dorsales, pectorales, tablita, los de la ingle que marcan el caminito, todo. Yo no se qué comen allá, pero volvió para el crimen. Sin contar el bronceado for ever summer y esa sonrisa… era Paul Walker a los 22 años.

Con Bruno teníamos una salida programada para ese viernes. Él es gay asi que íbamos a un boliche de ambiente y pensábamos llevarlo con nosotros. Previamos en lo de bruno y vinieron dos amigas más. Después de unos champagnes y alguna que otra flor, decidimos partir. Pese a que insistimos, Mauro no quiso venir, dijo que no le gustaban esos lugares.

– Te estoy esperando hace una semana, te vas el lunes otra vez y no querés venir… -Rezongué.

– Vos andá. Yo te espero acá. – Dijo con esa sonrisa de picardía de niño chico. Me quedó gustando la idea.

Legamos al lugar, fuimos al baño con las chicas. Bruno se encontró con el ex por lo que se colgó charlando, y nosotras fuimos por unos tragos. Bailámos, nos reímos. Segunda ronda y yo ya empezaba a querer irme. Entre que estaba un poquito descompuesta y que tenía otro plan bajo la manga, dije: -Voy a dar una vueltas.

– ¿A dónde vas?- preguntó Caro.

– Por ahí, yo te escribo.

Crucé la pista, fui a la salida y me tomé un taxi a la casa de Bruno. Legué al edificio y el portero, que ya me conocía me abrió la puerta. Fui al 5to piso Depto C, y toqué timbre. No salió nadie. Y menos mal, Porque Bruno vivia en el 8-C. Fuí al octavo piso, y después de algunas timbradas salió Mauro.

– Gordo, vengo a buscar mi mochila y me voy. -vieeeejísiiima.

– Sí, pasa. Puse las cosas en la habitación.

Paso al cuarto, me siento en la cama a buscar mi otra ropa en la mochila y él se sienta detrás de mi y empieza a besarme el cuello.

– No gordito, de verdad. Busco mis cosas y me voy. -Él besaba mis hombros y acariciaba mis brazos. Me paro de la cama y le digo: No Mau, en serio. Me cambio y me voy.

Histeriqueada de mina para ver hasta dónde llegan. Porque podría haber ido a cambiarme al baño, sin embargo me dí vuelta, le dí la espalda y me saqué la remera. Ahí el noto que no llevaba corpiño. Se levantó y con sus manos tibias me agarró las tetas y me besó el cuello como solo pocos lo hacen. Yo estaba un poco dispersa pero no podía perderme ese cuerpo.

El resto de la noche está un poco nublada, entre alcohol y descompostura, tengo recuerdos por secuencia de lo que pasó. Sé que estaba sentada sobre él, ya en bombacha y lo empecé a besar admirando ese monumento al buen gusto. Le saqué el boxer blanco y la ví. Ella también era perfecta. Cabeza y tronco bien proporcionados. Me la metí a la boca y se la chupé como solo yo sé hacerlo. Me pedía más, todo el tiempo me pedía más. Me recostó para devolverme el placer, pero no lo dejé. No quería que bajara.

Atiné a tocarme, por el morbo de que me viera y ¿Qué noté?

¡Noooo! ¿Qué me pasaba? ¿Qué le pasaba a la nena? Entre la previa, la idea, nuestros cuerpos y todo ¡yo ya debería estar empapada! No me había pasado nunca. Mezcla de verguenza e impotencia. No entendía nada. Improvisamos sin hablar del tema con el lubricante natural por excelencia: “la babita”. Pero había un puto ventilador de techo prendido que no ayudaba.

No me puede estar pasando esto- pensaba. ¿El mundo conspira contra mí esta noche? Es la maldición de mi ex- pensé y me lo imaginaba cantando: “ojalá que no puedas hacer el amor… ojalá que no puedas…” de Cacho Castaña. ¿Qué te pasa Mónica? (Mónica se llama mi cotorrita) ¡Arrancá!

Ya distraída por demás y dada la manifestación de mi cuerpo a no ceder ante los estímulos de ese mini dios griego, bajé a chupársela. Acabó un poco en mi boca, un poco en su cuerpo. Nos limpiamos, dimos la vuelta y entre dudas y preocupaciones me dormí.

No podía dejar de pensar qué era lo que había pasado. ¿Qué te pasa Murray? Rampolla para las amigas, mezcla de Chicholina y Coca Sarly de copetín para los amigos… y no pudo.

A la noche siguiente de este, para mí terrible suceso; quería corroborar si era que mi cuerpo no reaccionaba o algo más. Me acosté boca abajo, acomodé la almohada como lo hago siempre que quiero un momento conmigo y vedeíto mediante, me regalé un orgásmo. Todo estaba en orden. Y ya que estaba, me dí dos.

Mi cuerpo estaba bien pero ¿Qué le pasa a mi cabeza? ¿Estaré deseando cosas nuevas? Llamé a Mérida… Definitivamente quería verla.

Continuará…