El reenviador de pelotudeces: Un flagelo social

Este problema viene desde hace tiempo, silencioso y con apariencia de inocente. Comienza con los mails, donde el botón “reeviar” aparece tentador ahí arriba, más la función de autocompletar en el llenado de las direcciones de mail, constituyen el deleite del futuro reenviador de pelotudeces. Sin embargo la vorágine de la tecnología ha llevado a simplificar el sistema de copiado y pegado de choteras. Esto sumado a algún hijo de puta, que en algún momento de su vida le enseñó a alguna mujer cercana a la menopausia (Véase mamá, tía o abuela) la técnica para llevar a cabo este maravilloso proceso. Sumemos a eso ser tan boludo de creerse toda la bola que desparrama otro más boludo. Por último, el acceso al celular todo el día, a toda hora, la inmediatez de la información al instante y sin escalas. Todo eso genera un cóctel explosivo que amenaza la salud mental de cualquiera. Sobre todo de los que tenemos TOC virtual-social y nos producen urticaria estas cosas. Sí, me acabo de inventar una nueva enfermedad psiquiátrica, infelices.

Primero analicemos al sujeto que padece este síndrome. El reenviador de pelotudeces tiene que estar muy al pedo y con ganas de joder a alguien. Lo típico de este idiota es querer llamar la atención, ya sea en un grupo o individualmente. Él o ella tienen que molestar con esto. La verdad que no sé qué esperan. ¿Un agradecimiento? ¿Por un mensaje colectivo diciéndome que soy especial o feliz día del amigo? ¿Por qué hiciste una lista de difusión con tus 300 contactos para decirme que soy único? ¿Acaso comiste caca anoche o sos aturdido de nacimiento? Más impersonal que orgía en la oscuridad. Te mandan un texto plagado de buenos deseos, augurios y emoticones, que al detectar al instante de qué se trata, optás por leer el final. Un final un tanto curioso: “Reenvialo a todos tus contactos INCLUIDO A MI si me consideras tu amigo” A ver, ¿Cómo hacemos, estimado anencefálico? Te lo vuelvo a mandar, me lo mandás, otra vez te lo mando (siempre haciendo caso a las específicas instrucciones de la cadena del orto esa) ¿Así hasta cuándo? ¿Hasta que se nos vaya la pelotudez? Difícil.

Párrafo aparte merece el idiota que difunde datos de dudosa procedencia, pero obvio, como están en Facebook, no se duda de su veracidad. Tal vez lo posteó un científico importante y de tanto difundirlo llegó a tus manos salvadoras de la vida de algún niño que no se come el lote de Sancor Bebé 3 vencido. ¡Encima escriben el número de lote en el post! ¡Mirá que hay que ser pelotudo eh! Vamos a explicarlo con manzanas. Supongamos que yo tengo una empresa de alimento para bebés o un laboratorio farmaceútico que tiene un gran competidor, o tengo ganas de romperle las pelotas a alguien. Hago circular por la red que el producto de mi competidor tiene el virus Hanta y la gripe porcina SÓLO EN UNOS LOTES, cosa que la gente se asuste y no compre nunca jamás ninguno, por las dudas. Conclusiones que saco yo, que ni he terminado la primaria. Apuesto a que si usaran un poco más la cabeza, se darían cuenta que no es para sostener la gorra nomás. Infelices.

Vamos ahora a la última. La foto con una camioneta a todo trapo o un celular última generación. La fábrica está regalando diez mil unidades entre los que compartan la foto. La ilusión del compartidor serial de ganarse algo así sin laburar o sin tener que pagarlo supera ampliamente el raciocinio, que dudosamente tenga. Como si fuera poco, ves en los grupos o en los post, la gente comentando el color que elegirían. ¿Se puede acaso ser más choto en la vida?

Por último, la noticia de que el Hospital Militar va a operar a niños con problemas gratis, sólo llamando a un número (inexistente, por supuesto). La foto de la enfermedad, que muestra a un menor postrado, violándole la intimidad y la reserva de manera morbosa, claro, pero se va a curar sólo si compartes y dices amén. Los sorteos de regalos para el día del padre, factibles, si no fueran páginas de Bogotá o de Chipre. Las noticias falsas haciendo alusión a que el Presidente va a cerrar todas las escuelas públicas y los hospitales. Todo eso hace a una gran masa de pelotudos que, no contentos con incomodar con su idiotez a sus amigos sociales, cuando salen a comprar mortadela a la Pochita o cuando esperan que sus hijos salgan de la escuela, largan:

– ¿Viste que nació un perro con cabeza de mosquito en Buenos Aires?

– ¿En serio?

– Si, boludo. ¡Lo ví en el Facebook!