Inmarcesible

Primer capítulo: De amores y resentimientos
Segundo capítulo: Un corazón frío
Tercer capítulo: Sentimientos escondidos
Cuarto capítulo: Éxtasis

Me levante luego de esa noche casi mágica e irrepetible, no podía creer lo que sucedió luego de esa cena. Me volvió loco ese lado nuevo y desconocido de Jimena, no pude dejar de pensar en ella toda la noche, su mirada, su piel, sus labios, ese cuerpo hermoso que nunca pude apreciar tan cerca y profundo. Podía sentir en mi almohada su perfume, mi cuerpo quedo impregnado de su aroma. Una fragancia fresca, dulce.

Me dispuse para salir a la oficina, pensando que la volvería a ver. Se hizo eterno el camino al trabajo, como si todos los semáforos se hubieran complotado para demorar mi viaje. Hasta que llegue, deje mi moto estacionada donde siempre. Y entre, esperando que hubiera llegado antes que mí. No estaba, supuse que llegue un poco más temprano de lo habitual, la ansiedad de verla lo antes posible. Me senté en mi escritorio y luego de unos minutos llego ella, Jimena…

La vi desde que abrió esa puerta de la entrada. Estaba tan linda como nunca antes la pude apreciar, su camisa blanca un poco ajustada marcando esa suave y delicada cintura. Su cabello morocho bien arreglado como siempre sobre sus hombros, esa falda negra mostrando esas hermosas piernas que me volaron la cabeza anoche. La vi caminar desde la puerta hasta su escritorio, sus pasos firmes con sus tacos parecía que ralentizaban el tiempo con cada paso que daba, cuando vio que estaba en mi escritorio sentado soltó una sonrisa…

Esa sonrisa radiante acelero mis pulsaciones. Cada paso que daba acercándose sentía que mi corazón latía más y más fuerte. Ambos no pudimos disimular esa pasión y fuego que emanaba nuestras miradas. Ella se sentó en su escritorio, luego de unos minutos de revisar su correo se acercó a saludarme. Ambos nos saludamos con un beso sutil pero profundo, sabíamos que era horario de trabajo y debíamos respetar formalidades. Las arpías de nuestras compañeras no pudieron evitar ver esa escena de afecto pero no hicieron comentario al respecto en ese momento.

Ambos seguimos con nuestra jornada laboral, no nos pudimos ver mucho tiempo ya que ese día hubo reuniones con clientes y no nos coincidieron los momentos.

***

Adrián tuvo unas reuniones con algunos clientes, por suerte no tuve demasiado trabajo. No pude evitar pensar en él. Esa noche inconclusa, lo salude al entrar con apenas un beso, quería agarralo de esa camisa y comerlo a besos. Me contuve y nos saludamos formalmente.

Ese día no pude evitar ver que las densas de mis compañeras no dejaban de mirarme, como si hablaran de mí, como si algo en mi les molestara. En un momento las escuche… como si un comentario lo hubieran hecho a propósito para escucharlas.

Dijeron claramente “ahí anda Jimena saliendo con Adrián, anda comiéndose nuestras sobras. pobrecita”. Ignore sus comentarios, no me interesaba lo que ellas pensaran. En un momento me llamó mi hermana, diciéndome que ese fin de semana nos íbamos a ir con la familia a visitar unos parientes a Córdoba. Lo único que pensaba es que no iba poder ver Adrián y terminar con lo que empezamos.

Cada uno finalizó con su jornada laboral, nos quedamos hablando un rato mientas salíamos de la oficina, ella me contó que se iba el finde a visitar unos parientes lejanos, quedamos en vernos cuando llegara de su viaje, ambos queríamos sacarnos esas incontrolables ganas de acabar con ese asunto inconcluso, pero debería esperar al menos unos días…

***

Salimos del trabajo, la lleve hasta su casa y nos dimos un largo beso. Llegué a mi casa y me fui rápido a la facultad.

El entrar me saludé con mis amigos y en eso la vi… Algo en ella había cambiado, su sonrisa delicada no estaba, sus ojos celestes no tenían esa mirada dulce y tierna. Su mirada era de angustia y un malestar que podía percibirse al verla. La noté apagada, un poco triste como por algo. Algo en Lucía me llamo la atención… Pero no pude preguntarle, llegaba tarde, tenía que dar una exposición y no hice tiempo para saludarla.

En el curso no pude evitar pensar en Lucia, si le había pasado algo. Nunca la vi tan gris, sé que algo le había pasado para que ella anduviera sin esa sonrisa encantadora. Pese a la espantosa noche en esa cena que tuvimos y termino mal, muchas veces con tan solo verla en la facultad, ver esa sonrisa maravillosa, esa mirada dulce y esos ojos celestes, me iluminaban, me motivaba verla tan radiante, tan alegre, me contagiaba esa buena vibra en ella. Siempre la vi como mi amor platónico, algo inalcanzable. Ella era linda, simpática, inteligente. Lo tenía todo.

Siempre soñaba conque algún momento estuviéramos juntos. Muchas veces soñé con largos paseos en el parque de la mano, hablando de lo que fuese, haciéndola reír y me mirase con esos hermosos ojos. Nunca desistí en hacer ese sueño realidad. Siempre trate de ser mejor persona, esforzarme en todo lo que hacía, dar todo de mi para cuando llegara esa oportunidad estuviera a la altura de ella, una chica con la que siempre soñé, bella, inteligente, simpática… Mi amor platónico.

Más allá a lo que sentía por Jimena, no pude evitar hacer algo al respecto. A pesar de todo lo que pase, no pude dejar de sentir algo por ella, muy en el fondo eso que sentía por Lucia no se marchitó del todo. Decidí buscarla a la salida de la facultad en aquel bar que solía frecuentar.

Salí deprisa y fui directo al local. No sabía bien lo que hacía, ni porque me preocupaba tanto por ella pero cuando llegue ahí estaba, con la misma angustia en su mirada. Se sorprendió al verme, trato de disimular un poco esa mirada triste y me pregunto:

– Adrián ¿Cómo andas?

– Hola Lucia, bien saliendo de la facultad.

– Que bien, Yo también.

– Te vi más temprano, te note un poco rara… ¿Cómo estas vos?

– …

Hubo un instante de silencio al preguntarle, su mirada se volvió apagar como cuando la vi, en ese momento supe que algo no andaba bien.

– Está bien si no quieres hablar, solo quería saber si estabas bien.

– Perdón, pero es que no ando bien últimamente. Ya se me va a pasar.

– Bueno, está bien. Entiendo si no tenes ganas de contarme, te dejo tranquila. Cualquier cosa si necesitas algo me avisas. Nos vemos en la facu…

La salude y me fui. En ese instante antes de irme escucho su voz gritando mi nombre. Me di vuelta, me acerque a ella y me dice:

– La verdad que no estoy bien, te contaría todo pero justo ahora me tengo que ir. ¿Vamos a tomar un café mañana? Y te cuento…

No pude verla triste y hasta con una voz a punto del llanto. En el fondo aun sentía algo, no era el mismo sentimiento, no era un amor platónico, no era tan fuerte como antes, pero aún estaba ahí, algo en ella aún estaba en mí, no se marchito ese sentimiento por ella.

Sin pensarlo bien, y siguiendo lo que me decía mi intuición le respondí…

Continuará…