Abrazo de almas

Primer capítulo: De amores y resentimientos
Segundo capítulo: Un corazón frío
Tercer capítulo: Sentimientos escondidos
Cuarto capítulo: Éxtasis
Quinto capítulo: Inmarcesible

– A las 11 ¿Te parece bien?…

– Dale, Buenísimo. Nos vemos mañana.

Su mueca de angustia cambio un poco, nos saludamos y cada uno se fue para su lado. Ese día llegue a mi casa y no pude dejar de pensar en lo que hice. ¿Porque le dije que sí? ¿Por qué fui hasta el bar a ver cómo estaba? ¿Qué pensará Jime cuando se entere? ¿Ahora qué hago?

No le podía decir a Jimena que me iba juntar con Lucia ese mismo fin de semana, lo iba mal interpretar. Tampoco podía cancelar la juntada con Lucía, se iba sentir más mal de lo que ya estaba. Además quería saber porque estaba mal, nunca la vi tan triste. No podría dejar de pensar en eso. Decidí en verla como habíamos quedado.

Ese sábado me levante a las 10, me cambié, y partí al bar donde solía estar y habíamos quedado. Llegue. Ella estaba sentada en una de las mesas esperándome, me acerque y me dispuse a saludarla, la note algo tensa y los ojos un poco húmedos como si hubiera estado llorando antes. Pedí un café para cada uno y nos pusimos hablar mientras lo esperábamos:

– Hola Lu ¿Cómo estás?

– Y… un poco mal, últimamente siento que las cosas no me están saliendo bien…

– ¿Por? ¿Se te está complicando la facultad?

– No, no es eso. Hasta ahora la llevo al día a la carrera… El problema es eso.

– ¿Qué cosa? Disculpa pero si la llevas al día no se cuál sería el problema.

– La carrera…

– ¿No te gusta?

– La odio.

-¿Y porque la estas estudiando?

– …

Sus ojos se pusieron más lagrimosos, un nudo en la garganta no dejaba responder aquella pregunta que le hice, antes que quebrara en llanto le dije:

– Está bien, ahí traen el café. Enseguida me seguís contando.

Ambos tomamos un sorbo, mientras ella miraba su taza, miraba sus ojos humedecidos, su cabello algo despeinado, espere un rato para retomar la charla. En eso me dice:

– No me gusta la carrera, pero mi papá quería que estudiara esto y no tuve otra opción. ¿Qué podía hacer?

– Haberle dicho que no te gustaba, es tu viejo, lo debería entender.

– No es tan fácil Adri, no conoces a mi papá.

– Te conozco a vos, y veo que no estás bien haciendo o estudiando algo que no te gusta.

– Es que no puedo contarle a mi papa que no me gusta esto, no puedo dejar la carrera.

– ¿Por qué no?

– Siempre hice lo que mi papa y mama me dijera que hiciera…

Dejo el café, levanto la mirada y me miro directo a los ojos. Y me pudo decir lo que le pasaba:

– Empecé el pre Jardín a los 4 años, era muy chiquita, pero tengo recuerdos muy lindos jugando en la plaza con mis abuelos. Luego hice el Jardín, empecé a tener responsabilidades, hacer tareas y portarme bien con las señoritas, siempre hacia caso a mis mayores, a mis maestras y a mis padres. Simplemente hacía lo que me dijeran sin cuestionar, aun no sabía que significaba esa palabra.

Después 7 años de primaria, las responsabilidades crecieron y empecé a tener una rutina propia, pero mientras me dejaran algo de tiempo para jugar estaba bien, no cuestionaba nada… apenas sabía que significaba esa palabra.

Apenas termine hice 5 años de Secundaría. No entendía el mundo que me rodeaba, no entendía la etapa de la adolescencia, me sentía tonta, ingenua, a veces algo de miedo a la sociedad. Ahí es cuando entendí muy bien la palabra “cuestionarse”, muchas veces me cuestionaba las decisiones que tomaba o que los demás tomaban por mí, pero nunca tuve respuestas certeras y solo obedecía, era más sencillo. Solamente me deje llevar y escuchar lo que mis padres me ordenaban: “pórtate bien”, “cumplí con tus tareas”, “Esforzate por ser una buen alumna”, “Hace todo lo que te dice tus profes”, “Estudia, estudia y estudia…” eran las frases que escuchaba a diario y se apoderaron de mi razón.

No alcance a terminar la secundaria y mi padre me había inscripto para la facultad sin preguntarme si quería estudiar algo que me gustase o me interesara. En mis 17 años nunca me cuestione nada, no iba hacerlo en ese momento así que solo decidí dejar fluir todo como estaba. Ahora estoy en tercer año, ¿Y para qué? Para estudiar dos años más, después hacer 4 años de posgrado y recibirme de algo que no me gusta. Para pasar el resto de mi vida trabajando en algo que es impropio de mí ser, sin pensar que debo pasar 30 años trabajando duro para escalar posiciones y llegar arriba en algún puesto importante. Y llegar a los 60 con una vida…

No pudo seguir, sus labios no podían emitir palabra alguna, su voz se quebró en llanto, sus ojos azules dejaban caer lágrimas en sus mejillas, su miraba bajo al suelo desconsolada, sus brazos se cruzaron entre sí. Me acerque hacia su silla, me dispuse a levantarla despacio, y la abrace…

Pude sentir todo su dolor, su angustia, su tristeza, sus lágrimas en mis hombros, su cabello rubio en mis manos, sentía sus hombros tensos, sentía como su alma se desnudaba en ese abrazo…

Continuará…