Ellas no me representan

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Hace un tiempo atrás, escribí una nota llamada “tres menos entre nosotros” dado que los casos de femicidios que habían hasta el momento llegaban a hacer que me doliera hasta el alma… ni hablar de todos los que vinieron después; una seguidilla brutal de asesinatos que nos dejaron destrozados y, de más está decir, muy sensibles al respecto.

Pero he de hablar en esta nota del contrapunto; de aquellas mujeres que han tomado esta lucha como una guerra contra el género masculino. He de hablar de aquellas que salieron a pintar las paredes del centro y de la legislatura a la voz de “ojalá te indignaras tanto por los femicidios como por las paredes pintadas” (como si pudiera compararse una cosa con la otra). He de hablar de aquellas que se enfrentaban a hombres que no tenían nada que ver con la situación y los golpeaban y escupían aprovechándose de la sensibilidad de la gente y la cantidad que las acompañaban.

Recuerdo haber leído frases como “muerte a todos los machos” y “lesbianizate” entre otras tantas.

De estas mujeres es que quería hablar para así poder decir bien fuerte y claro que ellas no me representan. Ellas no hablan por mí, ni se encuentran en la misma lucha que yo… mi lucha no se trata de intentar apagar el fuego con nafta. Creo fervientemente que la violencia es un círculo vicioso que sólo puede cortarse con respeto, amor y educación. Creo en enseñar para lograr una sociedad mejor. Creo en concientizar e instruir con paciencia.

No puedo evitar imaginarme a esas mujeres educando a sus hijos varones a los golpes y enseñando a sus hijas mujeres a solucionar todo a través de la violencia…no se por qué, pero es lo primero que me viene a la mente al pensar en eso.

No me representan aquellas que quieren utilizar la sensibilidad del momento para hacer campaña a favor del aborto.

No me representan esas que piensan que la solución a los problemas actuales es matar a los hombres o hacerse lesbianas.

No me representan las que han llevado el feminismo a tal extremo que un hombre no puede pagar una cena o cederles el asiento en un colectivo sin que se sientan ofendidas e insultadas.

No me representan las que para absolutamente todo, utilizan las palabras machismo, micromachismo e hijos sanos del patriarcado como si les hubieran lavado el cerebro y no pudieran ver otra cosa.

He sido tachada muchas veces de “machista” por mi forma de pensar, pero sé que no es así. Créanme que siempre he estado interesada en la igualdad de género y ese es el otro punto que me interesa tocar: la igualdad.

La sociedad en la que vivimos hoy en día no me parece para nada equitativa. Hoy por hoy, en todas las cosas alguien ve “machismo”…nos hemos vuelto extremos por completo; absolutamente todo son escarches públicos, agresiones y violencia desde y hacia ambos géneros.

He de hablar también de algo que nadie se atreve a decir dada la momentánea sensibilidad: tenemos pleno conocimiento de los casos de violencia del hombre hacia la mujer, que han sido denunciados y son reales… pero tenemos conocimiento también de que existen situaciones en las que una mujer, enojada por algún motivo, denuncia violencia a modo de venganza.

Mi pregunta es esta: en ese segundo caso que menciono, ¿Dónde está la igualdad que tanto se reclama? ¿cómo separamos un caso de violencia real de uno que no lo es? Debemos considerar que la denuncia es verdadera siempre y tomar medidas preventivas; pero entonces ¿Dónde está la justicia para aquel hombre inocente? ¿Cómo educamos a las mujeres para que entiendan la gravedad de este tipo de denuncias?

Creo en una sociedad más justa para ambos géneros. Creo en educar a la generación que sigue con todo para lograr que el sistema de a poco comience a cambiar. Creo en enseñar el respeto como valor por sobre todas las cosas tanto hacia mujeres como hacia hombres.

No creo en el feminismo extremo, capaz de juzgar a una persona del mismo género simplemente por una frase que dijo.

Aborrezco la hipocresía de “defender a las compañeras del género” pero insultarlas si no piensan de la misma forma que yo.

No creo en faltar el respeto para expresarme.

No creo en salir a hacer daño y pintar paredes para exigir que se me respete.

No creo en los escraches públicos a través de redes sociales sin antes hacer una búsqueda de información para ponerme al tanto de lo que realmente pasó.

No creo en imponer mis ideas con agresión y violencia.

Y quiero que se sepa que todas aquellas que hacen estas últimas cosas, al menos a mí, NO ME REPRESENTAN.