El gran golpe | X – El gran golpe


 

 

La madrugada del 28 de Julio nos recibió con nubarrones enormes y un frío mortal, lo cuál nos favorecía, mientras menos gente en la calle, mejor. Nos subimos los tres a la camioneta vestidos con nuestros disfraces y el drone. Si bien habíamos planeado todo para no usar armas, llevábamos con nosotros tres pistolas Bersa Thunder 9, armas estándar de la policía de Mendoza. Ante una situación extrema las deberíamos usar, íbamos a hacer ruido… mucho ruido, pero no teníamos porque dispararle a nadie.

Por primera vez en meses pusimos en marcha el Fiat… arrancó perfecto y comenzó a ser conducido por radiocontrol desde el habitáculo de la Toyota. El Pampa iba en el asiento de adelante, con el enorme control y una tablet que mostraba lo que la cámara en su paragolpes filmaba. El auto se desarrollaba perfecto y pasaba desapercibido.

Transitamos algunas cuadras más y encendimos el drone, mientras el Pampa manejaba la camioneta el bicho nos seguía desde los aires siendo piloteado por mí… con muchísimos litros de napalm encima, un viento o algo que lo hiciese caer y tendría consecuencias trágicas en la población.

Por fin llegamos a la calle Güemes… nos detuvimos a mitad de cuadra, a metros de la lateral del Acceso Este. Cumplidos los tres objetivos deberíamos acelerar a fondo y llegar a nuestro destino. Estábamos los tres extremadamente nerviosos, hacía días que no comíamos. El Toro estaba estresado y yo me había bajado 7 kilos. El Pampa era el que mejor lo llevaba, era un cínico, frío y calculador, pero la noche anterior había vomitado sin cesar y aún estaba pálido y convaleciente. Luego de tres meses de planear, de miles de horas, de tantas noches en vela, de los nervios, de mentiras a nuestras familias, de persecutas e inseguridades, de analizar alternativas, fallas, fracasos y planes B, C y D inexistentes, ya estábamos en el ruedo… ahora había que rodar.

El 147 siguió paso hacia el centro por Vicente Zapata, respetando semáforos en la soledad citadina de las noches de invierno. Dobló por San Martín a la derecha y comenzó a acelerar. Teníamos calculada la “onda verde” a la perfección. Solamente debía pasar en rojo el semáforo de la calle Catamarca para alcanzar los vertiginosos cien kilómetros por hora el plena ciudad. El Toro apretaba el volante con fuerza, yo piloteaba el drone lo más alto posible, sin luces que lo evidencien, yendo lentamente hacia mi objetivo. El Pampa estaba completamente sumido en su parte del plan, controlando en detalle cada maniobra del poderoso coche bomba.

Tardamos unos segundos en escuchar el estallido. El Fiat impactó de lleno contra el frente del Banco Nación de Gutiérrez y San Martín, destrozando por completo todo el hall y la zona de cajas. Los vehículos de toda la cuadra sufrieron el impacto, segundos previos al impacto vimos en las cámaras dos móviles de policía apostados sobre cada calle… supusimos que esas fueron las dos explosiones que se sintieron segundos después. No queríamos que nadie muriese, pero ya no nos importaba más nada.

El Toro arrancó la camioneta, comenzamos a sentir ruidos y sirenas de policía. Cinco minutos después coloqué el drone sobre mi objetivo, el frente Banco Nación de la calle España y Gutiérrez, a escasos 200 metros del atentado que acabábamos de perpetrar. Lo aceleré al máximo… 100 kilómetros de furia combustible estallaron a 5 metros de los vidrios del segundo piso de la entidad. La explosión destrozó los vidrios, el líquido ingresó al banco y bañó la vereda de una lluvia infernal, los árboles se prendieron fuego y un auto estacionado aportó más escándalo y ruido al descontrol que habíamos desatado. El Toro aceleró a fondo… era momento de ir a nuestro destino.

Al subir al acceso Este nos pasaron dos camiones de bomberos a toda velocidad, venían policías de todos lados, ambulancias y autos descontrolados. Entre tanto azul pasábamos completamente desapercibidos, ni siquiera se notaba nuestro escudo “antibombas” en la puerta. Eramos una parte de toda la seguridad.

Cuando ingresamos al centro por Vicente Zapata, le di el honor al Toro tirar la última parte de nuestros fuegos artificiales. Con tan solo pulsar un botón explotó por los aires el regalito que dejamos con mi nieta en el corazón del Banco Nación de 9 de Julio y Necochea.

Encendimos la radio mientras manejábamos hacia en Banco Patagonia de Colón y Chile, el desconcierto era total. Estaban vallando la zona, aseguraban que un grupo de terroristas había ingresado dentro de los bancos pretendiendo robar el botín y que quizás algo les había fallado. No se sabía nada, todo era un caos y un descontrol. Los civiles conducían por las calles desesperados huyendo del centro y la gente se intentaba refugiar en las entradas de los locales sin saber qué era tanto kilombo.

Continuará…