Se despertó una mañana teniendo mucho miedo por alguna razón que todavía no encontraba. Pasaban las horas del día y no supo más que temblar. No encajaban las canciones, no sabía si era calor o muchísimo frío pero solo podía descansar cuando cerraba los ojos y se entregaba a flotar.

A medida que fue pasando el tiempo y los días o quizás solo minutos, cuando abrió los ojos encontró la mirada que la hizo reaccionar. Había tenido que elegir entre alguno de sus sentidos. Empezó planteándose que el olfato no era tan importante y que podría perderlo continuando con su vida casi como si nada hubiera sucedido. Parecía una decisión fácil, no había sido tan tremendo analizarlo pero justo tres días antes de la fecha límite para decidir hubo una lluvia de jazmines blancos que le puso la piel de gallina por el aroma que quedó en las calles, un perfume que hizo que se llenen los ojos de lágrimas y que la vida tomara otro rumbo. La decisión había cambiado.

Ahora tenía que pensar qué sentido, cuál de los 5 maravillosos y perfectos sentidos debía resignar para este desafío que no entendía de donde había salido y mucho menos porqué. Tacto. Sería difícil no volver a sentir su piel rozando con sus manos, su pelo entre los dedos, sus labios encontrándose como dos desaparecidos después de naufragar… pero era lo que esta vez creyó menos perjudicial. Así como la lluvia de jazmines, mientras dormía le dieron el beso más precioso y esperado en mucho tiempo. De esos que te dejan medio temblando muy despacio por adentro, esos besos que se entienden que se extrañan sin haberse sentido previamente, esos besos tan de ellos que se frena todo. Con la medida justa de todo lo que tiene un beso perfecto. Y la cosa se puso más difícil.

Pasaron dos días y no quedaba mucho más que analizar. Le quedaba entregarse a la resignación de la vista, de la voz y del oído.

¿Cómo podría vivir una vida resignando un sentido cuando ya los he conocido? Se plantean las cuestiones existencialistas de que el que nació sin uno de ellos, no conoce otra realidad. Esas personas que mágicamente conocen el color del mar por el sonido de las olas, escuchan el mar por la fuerza de la luna rebotando y sueñan con colores por las sensaciones.

No puedo no ver los ojos de quienes me miran, no puedo pensar la forma tan cruda de extrañarte y saber que no podré verte nunca más. Tampoco puedo entregarme a una vida sin volver a escuchar tu voz, sin poder sentir tu risa o tu llanto y desesperarme de ver las lágrimas y quizás no llegar a comprender el porqué.

Me duele perder alguno de mis sentidos, pero no es por mí. Es por lo que dejo ir de vos. Hasta qué punto es sano ya no me importa ni encontrar cordura. Solo quiero que entiendas que perderte en cualquiera de mis sentidos duele como las más profunda herida. El tiempo esta vez no podrá curar, el sol esta vez no sé si volverá a brillar. Taquicardia, miedo, pesadillas por pensar en no verte o escucharte nunca más.

Es doloroso como el poema de un enamorado que no pudo ser amado. Una canción de Chavela que llora en la melodía. Así de espeso es lo que siento, así de intenso es mi amar.

No pudo resignarlo pero sí pudo plantearse que los sentidos no podían pertenecer a alguien más ¿Hasta qué punto el amor limita nuestras decisiones? ¿Hasta dónde soy capaz de amar? Sí, entendió que era tan capaz de amar que no podía perder la vista para no extrañar, comprendió que los besos eran tan esperados como el soldado que vuelve después de la guerra, que la voz y los te quiero eran tan jugosos y sinceros como las miradas. Tan lindo todo lo que rodea los sentidos como doloroso y romántico, pero único y fuerte en fin.

Y así concluyó:

Te regalo mis sentidos, te entrego los pensamientos, es mejor perderse en los sueños sin comprender antes de perder literalmente uno de los sentidos por los que siento.

Sonó el despertador, se dio vuelta, la abrazó, la beso, le cantó, le hizo el amor y después la escuchó sonreír con la mirada y con su dulce y añorada voz.

Esa mañana todo cambió, esa mañana se dio cuenta cuánto podía llegar a sufrir la ausencia de alguna parte de su amor, cuánta falta le haría encontrar el sentido de lo perdido y cuánto sentido tienen los sentidos.

Compartí, no seas paco