Estefanía

Agarró la birome, tomó lo que estaba en la lista y fue tachando uno por uno lo que se debía comprar, todo normal, hasta que se dispuso a pagar lo que llevaba en la caja, y ahí estaba ella. Una morocha, ojos marrones de color miel, el pelo recogido dejando ver sus hombros. Antes de formarse en la fila ya estaba pensando cual chiste contarle para romper el hielo. Había solo 3 personas adelante suyo, y no estaba seguro cual contar, contó uno cortito y al pie, el tiempo apremiaba y disponía de segundos. Y surtió efecto, así fue que con escasos minutos, ya intercambiaron nombres y hasta unas sonrisas, todo salió mejor de lo pensado.

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Nadia

Hace bastante que le caía bien, era casi el que hacia ameno el pasar el tiempo adentro de esa rueda de hámster en forma de escritorio. Esa noche, después de un exhaustivo trabajo en un balance para una empresa que no cuadraba ni para adelante ni para atrás, terminaron. Ya siendo los últimos en irse se dispusieron a tomar sus cosas, antes de apagar la última sala, la de reuniones, se quedaron charlando. Chistes van, chistes vienen, y no se pudieron resistir a las tentaciones y las ganas que se tenían desde el primer chiste. Cumplieron sus fantasías en ese lugar.

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Gisela

Luego de ese caos, pudieron salir de ese laberinto burocrático. Ella le agradeció el buen gesto por haberla ayudado a escapar, y los únicos números que se llevaron de aquel lugar fueron los del otro, que luego se llenaron de chistes malos e improvisados.

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Candelaria

Eran las 7.45hs, pisando pucho con el horario, entro apurado y dejo al nene en su respectivo curso. Mientras iba saliendo, transitando el pasillo escolar, otro nene con su mama corriendo. También a las apuradas lo dejo en el curso de alado. Justo a pocos metros se dio vuelta una mujer, y fue como el tiempo se ralentizara, los pelos volaban, danzando en el aire, mientras sus miradas se estrellaban con la fuerza de dos planetas en movimiento. Preparado, y atento, fue cuando hizo un sutil comentario, soltando una picara risa, y dando pie a una pequeña conversación en el pasillo, a la cual siguieron en el café que estaba a pocas cuadras del jardín. En donde proliferaron muchas más sonrisas y carcajadas.

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Melanie

Ambos, aun con sus compromisos afectivos, se dejaron mutuos mensajes a altas horas de la noche, colmados de risas, ocurrencias. Incluso sin conocerse, se colmaron de gestos y palabras de cariño para con el otro.

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Anabel

Antes de que llegase del baño, bloqueo el celular y lo dejo donde estaba. No supo en que momento llegó, pero ya estaba sentado frente a ella, hablándole, contándole algo gracioso, siempre tenía algo ingenioso y ocurrente para decir.

“Y de repente sus chistes dejaron de tener sentido cuando vio que hacían reír a otras más”

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