Daniela era una chica humilde, de una familia compuesta por la madre y su hermano menor. Su sueño siempre fue uno, y solo uno, ser cantante. Desde que era niña ya sentía esa vocación casi innata en su vida. Hasta que creció, y ese don se fue puliendo, con esfuerzo y trabajo. Pero no solo hace falta talento para llegar, y ella lo supo de la peor manera.

Su vida rutinaria era normal, estudiaba, trabajaba de vez en cuando en un pequeño bar cerca de la Arístides los fines de semana y colaboraba en lo que pudiese en su hogar. Jamás se hizo un reclamo, ni a ella, ni a su madre que tanto la tuvo que remar para lidiar con un padre ausente. Su personalidad y voluntad era algo admirable, siempre sacrificada y dispuesta a dejar todo para cumplir sus metas.

Una noche de febrero, llegó a su casa agotada, tenía sus piernas casi entumecidas de tanto mantenerse parada, pero esa noche fue diferente para ella, se dio cuenta de algo. Después de muchas horas de trabajo, llevar y traer interminables bandejas de comida, hablar con cientos de personas a las que dejaban una mísera propina, pudo hacerse con un buen dinero para tratar de llevar a cabo su primera grabación. Después de mucho tiempo, se le dibujo una sonrisa de oreja a oreja en el rostro. Mientras que con una mano sostenía el dinero, con la otra tocaba su boca, sus mejillas, y su cara, sosteniendo lo que luego fue un llanto. Esa noche durmió en una pseudo felicidad.

Aprovechó la semana, ya que no trabajaba hasta el próximo viernes, para preparar todo lo necesario, e ir al estudio de grabación que había estado viendo desde hace unas semanas. El disco salió como lo esperaba, los reiterados ensayos previos en su tiempo libre hicieron que surgiera todo sin sobre saltos. Pero luego se terminó llevando la primera decepción de muchas. Entregó todas las muestras que pudo grabar en la mayoría de los estudios conocidos y por haber, pero al cabo de unas semanas no recibió ni una llamada. Pese a sentir una enorme desolación no bajó los brazos, había luchado mucho y su personalidad no le permitía rendirse tan fácilmente.

Uno de sus compañeros de la Universidad Nacional de Cuyo, donde se formó y estudió para cantante, le consiguió por medio de unos amigos el contacto de un representante. Dudosa, no creía que iba a funcionar. Pero ella, aun con sus dudas de si era o no buena idea, sabía que no podría llegar a ningún lado por sus propios y escasos recursos. No conocía a mucha gente en el medio, y ella sola no podía abrirse camino entre tanta gente con el mismo sueño y mucho más recursos que una simple chica que nadie tenía en cuenta, y cuya oportunidad que pudo hacerse con meses de trabajo con una paga mediocre no le funcionó. Así que decidió acelerar esa opción.

Continuará…

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