El corpiñazo ¿Fue revolución?

 

“La piba decidió no usar corpiño para un día normal de su vida y el país entró en pánico.”

Así recitan las primeras palabras de la nota que escribió mi compañera Patricia Solari hace unos días en el Mendolotudo. En ella nos pide al resto del staff aportar con una “contranota” o simplemente una con un punto de vista distinto, no para generar un confrontamiento innecesario, sino para ampliar el punto de vista y hacer un debate más enriquecedor, algo en lo que coincido plenamente.

Hoy me pongo el objetivo de hacer esa contranota, tratar de ver las cosas desde un punto de vista “más frío” si se puede decir y sacar lo que yo creo que se debe valorar de lo que sucedió.

Antes de empezar no puedo dejar de recomendar el artículo que escribió mi compañera, escrita con la energía y espíritu que la caracteriza, y que hoy me toca reversionar: El corpiño de la revolución.

Dicho esto, voy a tomar esa primera frase de la nota de Patricia, para comenzar la mía.

“El país entró en pánico”

Y… no. Yo creo que el país no entró en pánico. No entró en pánico cuando mataron al colectivero de La Matanza la semana pasada, no entraron en pánico con el derrumbe reciente de nuestra economía… no creo sinceramente que haya entrado en pánico porque una chica fue sancionada por no llevar corpiño a la escuela.

Pero en el sentido poético en el cual mi compañera lo expresó, si es innegable que el asunto se hizo escuchar por todos lados y genero debate. Poco amistoso, por cierto.

Voy a ser completamente sincero: yo detesto las normas de vestimenta de algunas escuelas. Yo mismo fui a un colegio donde tenía que usar mi uniforme de manera perfecta o sino era sancionado. Tuve mis debates internos acerca de si era o no necesario, y siempre llegué a la misma conclusión: las reglas están hechas con un fin.

Hay un código de vestimenta que el colegio aporta y que se tiene que cumplir. No podés caer sin pantalón, o de short, o con una remera de equipo de futbol. Es una forma equitativa de hacer reconocer al estudiante como parte de la institución y como un igual con sus pares.

Sin embargo, lo sucedido con esta chica Bianca, me parece que cae afuera de ese “código” por varias razones, creo que llamarle la atención como se hizo, fue en un principio una estupidez bastante grande.

Como sociedad hemos avanzado hasta el punto que tenés que ser muy renacentista para indignarte porque ves a una mujer sin corpiño con otra prenda arriba caminando por la calle.

Principalmente, no jode a absolutamente nadie, no es que una mujer sin corpiño este caminando desnuda o haciendo exhibicionismo. Tampoco debería importar como te vestís o te dejas de vestir.

Digamos, podrías pensar que para algunas es un poco incómodo usarlo y que ya no estamos en tiempos lejanos donde si no cumplías con ciertas reglas de vestimenta exactas te apuntaban con el dedo.

Dicho esto, puedo entender que una chica vaya sin corpiño a la escuela, lo que no puedo entender particularmente este caso es todo lo que paso después.

Que le hicieran un llamado de atención, que se volviera noticia, después un tema a nivel nacional y finalmente una manifestación con tintes revolucionarios…me parece absurdo.

Absurdo que una rectora le llamará la atención por un código de vestimenta que al final no decía nada sobre el uso de corpiño, absurdo el nivel de reacción de los medios a lo sucedido, absurdo que se volviera un “trending topic” en todas las redes sociales, absurdo que se metieran partidos políticos y movimientos sociales a debatir, absurdo los comentarios denigrantes de algunas personas (tanto a favor como en contra de los involucrados) y más absurdo que se terminara por convertir en una manifestación revolucionaria…

Absurdo, porque estas cosas a esta altura del partido ya la deberíamos haber superado. No podemos armar semejante quilombo porque una piba un día decidió ir a la escuela sin corpiño.

No fue pánico, repito. Pero seguimos armando un circo hermoso alrededor de cada disyuntiva social que tenemos y nos desviamos de que el país se viene abajo en muchas otras cosas.

Respeto lo que se logró y el ímpetu de quienes realmente creían en la causa. Pero no puedo dejar de pensar que estas cosas opacan problemas mucho peores.

No pienso tirar una frase quemada como “¡Ah claro!, marchan porque una piba no lleva corpiño, ¿Por qué no marchan por el colectivero asesinado o por los chicos que van a la escuela sin calzado?” que sería perfectamente válida, si no fuera porque la gente que lo dice nunca en su vida fue a una manifestación o propuso armar una con respecto a esos temas.

Pero si decir que, amaría ver este tipo de repercusión o esta movida, en otras cosas, en otros temas más serios, sin desmerecer lo que se hizo tampoco.

Si me preguntan que pienso de lo ocurrido…el problema al final se resume a una encrucijada conocida: La rebeldía adolescente en contra de un sistema que le impone reglas y obligaciones que a veces son justas y otras no tanto.

Algunos creen que la rebeldía adolescente siempre puede salir con algún planteamiento poco construido, y movidos por una onda progresista fuerte que está creciendo: “¿Por qué no podemos fumarnos un porro antes de entrar a clase?” o “¿Por qué no podemos venir desnudos a cursar?”.

Desde el vamos no van a crecer como propuestas, porque ya está claro desde el mismo planteamiento que no pueden entrar fumados a un lugar donde se les pretende enseñar y que no pueden andar por la vida mostrándole los genitales a otra gente.

Pero esos planteos no los van a hacer, porque por más perdida que se quiera hacer ver a las nuevas generaciones, los adolescentes no son boludos. No van a salir con un “Porrazo” o un “Exhibicionazo” ni van a saltar con cosas peores porque estos pibes son iguales que nosotros cuando éramos adolescentes.

Porque, aun así, con sus confusiones, frustraciones e intereses, son capaces de discernir cuando están haciendo algo por pura rebeldía hormonal y cuando por una causa justa. Repito, los jóvenes no son boludos.

Acá nos encontramos con lo que paso…

Lo peculiar de este caso se da porque la rebeldía adolescente tiene un punto válido:

¿Por qué se le llama la atención de esta manera a una chica por llevar una prenda de ropa que le molesta y la aqueja? Más sabiendo que por no usarla no le complica la vida a absolutamente a nadie.

Llego a mi conclusión:

La situación podría haber sido completamente pasable. No hacía falta tanto bardo mediático, no hacía falta tanto escándalo, pero por sobre todo, no hacía falta decirle en un principio a una piba que tenía que llevar un corpiño a un lugar donde no había un código de vestimenta que ni siquiera lo dejaba expreso. No hacia falta “entrar en pánico”.

La piba no fue en bolas, no fue “provocativa” como diría algún boludo octagenario. Fue sin un corpiño. Nada más.

Repito: Todo este quilombo por un corpiño.

Hoy es un tema que para mí no merecía el movimiento exagerado que mereció, ni el rótulo de revolución. Así, sin embargo, habiéndome puesto en el lugar de hacer la “contranota” solo puedo decir que, si bien no estoy de acuerdo del todo con el sensacionalismo de mi compañera, ni simpatizo mucho con el lenguaje inclusivo, si estoy de acuerdo en algo:

Me parece perfecto que los pibes tengan una voz y que puedan expresarse.

Quizá algún día podamos hacer esto por el bullying, por la precariedad de la educación pública, por lo mal que les pagan a los profesores y por muchas otras cosas que están mal en nuestras escuelas.

Hoy toco el corpiñazo, para mí, no fue una revolución. No fue el tema más importante ni más terrible que estamos afrontando, no fue necesario hacer tanto circo.

Pero demostró que la nueva generación tiene todo para cambiar el mundo.

Bien ahí.