El virus de la histeria azota al pueblo mendocino II

Me senté, mire el número que tenía, y habían como 20 números arriba. Mientras esperaba había una chica al costado mío, y dos enfrente. Todas me miraban con esa cara, otra vez, como si fuera el último hombre de la tierra, no sé a qué nivel había llegado el virus en Mendoza pero esto que todas las mujeres me miraran me generaba aún más pánico y miedo. A los minutos las 3 chicas de la nada se sentaron alado mío, también entablaron una charla, el celular me seguía sonando, era Celeste que no paraba de llamarme y mandarme whatsapps, y para colmo parece que le dio el número a las dos chicas que estaban en ese bondi que me violaron con la mirada antes de bajarme. En eso una de las mujeres también me sacó el celular y dejó anotado sus números, después de que se me pasara la parálisis, me fui al pasillo, el pánico se apoderaba completamente de mí. El virus no era un invento mío, era real, sino no se explicaba que todas las mujeres se abalanzaran a mí como si fuera el único espécimen sano en la ciudad. Volví a mirar el número en el tablero, faltaban solo 2.  Y ahí también noté que atrás del número que me dio la secretaria estaba su celular.

La doctora me recibió, sentí un enorme alivio al verla. Y ella lo pudo ver, me pregunto que tenía, y le explique más o menos lo que andaba pasando, y al principio le causó gracia, pero me hizo las pruebas correspondientes para dejarme más tranquilo, mientras esperaba los resultados me carcomía los nervios. Por suerte me dio todo rápido, y me dijo que estaba todo normal, que me veía muy bien. Ahí solté un suspiro y una sonrisa de oreja a oreja, instintivamente la abracé al momento de escuchar que todo había salido bien, después  me di cuenta que había hecho algo totalmente extraño, y la solté. Le pedí disculpas por haberlo hecho, aunque había una cierta confianza de años de conocernos me parecía desubicado haberla abrazado, pero por suerte ella no lo tomo así, y me dijo que no pasaba nada, que le gustó, que hace mucho no la abrazaban así, y me empezó a mirar, con esos mismos ojos que veía en todas las chicas que estaban afuera, me empezó a hablar que cortó con su susodicho hace un tiempo porque le dijo que lo estaba ahogando, que los findes quería salir con sus amigos, que no era lo que esperaba, y mientras me hablaba se me acercaba más y más, como buscando otro abrazo. Tomé mis cosas y me fui lo más pronto que pude.

Cuando salí me fui a la casa de Mónica a explicarle todo lo que me había pasado, me dijo que andaba muy paranoico, que no pasaba nada de eso, que estaba en mi cabeza. Pero no podía dejar de pensar que en cualquier momento podía ser el siguiente. Esa noche se quedó haciéndome compañía, y le conté las peripecias que tuvo que pasar, y me dijo que, si todo era cierto que había un virus y los hombres les daban vueltas a las mujeres a tal punto de no tener sexo, que aprovechara la situación. Esa noche, después hablar distendido y muchas cosas, sentimos una atracción como no habíamos sentido nunca con Mónica, me miró como nunca me había mirado, y tuvimos una noche de sexo pasional que nunca olvidare. Después de mucho tiempo por fin se me dio.

**CINCO DÍAS DESPUÉS**

No sé qué le pasa a Mónica, se cree que le tengo que escribir siempre, voy a esperar a que ella me escriba primero, encima se enojó porque andaba intensa y le dije que cuando estemos con gente no nos tomemos de la mano, que me estaba asfixiando, que me sentía ahogado. Mejor le digo este finde que salgo con los chicos, que la quiero, pero no podemos ser algo más, que me perdone pero no era lo que esperaba. Necesito tiempo para pensar…

El virus de la histeria se contagia por transmisión sexual, y las mujeres son portadoras de dicho virus desde hace tiempo, pero solo afecta el cromosoma “Y”, haciendo inmunes a las mujeres y siendo el sector masculino el vulnerable. Eso explica por qué después de garchárnosla nos convertimos en unos pelotudos y patógenos histéricos sin cura.