Homicidio en la calle España | Parte 6

El sol se movía lentamente detrás de la cordillera y la noche no tardaba en llegar. El muchacho escuálido y por lo visto amanerado llamado Sergio Morales, se sobresaltó cuándo el fiscal se paró detrás de él.

—¿Podes o no? —repitió la pregunta.

El muchacho se sintió atacado y comenzó a temblar, muy dentro de sí sintió la necesidad de correr y huir de allí lo más rápido posible, pero no pudo, las piernas le fallaron.

Joaquín notó todas las sensaciones en el cuerpo de Sergio, vio que la boca del chico temblaba y que el color de sus mejillas desapareció en cuanto supo que él era el encargado de la investigación de Johana.

Esto hizo surgir en el fiscal una duda, “se puso nervioso porque es el asesino o porque es un chico asustadizo que le teme a todo. Sea cual sea el caso, voy a proceder con cautela, no va a ser difícil sacarle una confesión en este momento. Voy a tratarlo con delicadeza, para que me diga todo lo que sabe”.

—Ey, ¿estás?

—Si sis si —tartamudeó el muchacho, Joaquín sintió un poco de pena.

—Mira, esto no va llevar mucho tiempo —la primera campanada sonó en el cementerio, en quince minutos cerrarían las puertas.

—Si nos vamos, me dan miedo los cementerios en la noche.

—Estás conmigo, no te va a pasar nada Sergio, y no te preocupes, nunca dejan a nadie encerrado en el cementerio. Sólo basta con que vayamos a la puerta y le pidamos al sereno que nos abra.

—¿Esta seguro?

—Sí, son sólo unas cuantas preguntas.

—¿Y porque tiene que hacerme preguntas?

—Se te cree el segundo sospechoso en la investigación además de Darío. Después de revisar las redes sociales y entrevistarlo, surgiste como sospechoso.

El muchacho suspiró lentamente, como conteniendo la respiración y el llanto, sus ojos se pusieron vidriosos, era obvio que le dolía la muerte de su amiga, pero aún más que lo consideraran sospechoso.

—Está bien, pregúnteme lo que quiera.

—¿Eras el mejor amigo de Johana?

—Soy el mejor amigo de ella.

Joaquín sonrió— bueno, ¿qué tipo de relación mantenías con ella?

—Era mi mejor amiga, nos contábamos casi todo.

—¿Cómo casi todo?

—Ella es la única persona que sabe que yo —la voz del muchacho se quebró— que me gustan los hombres, se lo conté a ella primero y me iba a ayudar a decirle a mi papá. Es más, hace seis meses que tengo una relación y sólo ella lo sabía.

Joaquín mordió sus labios mientras encendía un cigarrillo— te molestaría demostrarme alguna foto, algo que corroboré esa relación.

El muchacho sacó su teléfono celular y le enseñó una foto con el chico que mantenía una relación.

—Esto no te descarta como sospechoso, pero casi te elimina. Voy a necesitar que vayas a la policía con un abogado y un adulto para hacerte la prueba de ADN. Ya te va a llegar un citatorio formal para que vayas a declarar—. Joaquín se sentía frustrado, no tenía ningún sospechoso. —Ella tenía a su mejor amiga, Luz y a vos, ¿ella nunca te contó nada? ¿Alguien que la acosara o que la molestara?

—Creo que guardar secretos hoy ya es al pedo, en realidad es que Johana tenía muchos novios y pretendientes, engaño muchas veces a Darío, salía a bailar a escondidas conmigo y se transaba siempre a cinco o seis pibes por noche.

Joaquín abrió sus ojos sorprendido, no podía creerlo, quiso formular una pregunta, pero no pudo, entonces Sergio siguió hablando.

—Ella llevaba una relación con un tipo mayor, nunca me dijo el nombre del tipo por miedo de que le dijera a su papa. Creo que hace mas o menos un año que estaba con ese tipo.

—¿Nunca la viste?

—No señor —la segunda campanada sonó.

—Vamos antes de que cierren, mantené esta conversación en secreto.

—Sí, sabía que esto es ilegal, pero no me importa con tal de ayudarlo a encontrar al asesino.

Mientras caminaban a la entrada ninguno hablaba, cruzaron el gran portón de hierro forjado, y se dirigieron cada a su vehículo, cuando el oficial Menendez apareció con Carlos caminando.

La vista de Joaquín y de Carlos se cruzaron, entonces ambos se detuvieron para darse un abrazo. Conversaron cinco minutos, los dos lloraron. Joaquín lo acompañó a su auto, cuando se estaba despidiendo, el oficial Menendez se volvió a Joaquín.

—¿Sabe usted que interrogar sin una orden serían más o menos tres años de cárcel?

—Conozco las leyes, no se preocupe, ¿qué hace usted todavía acá?

—Carlos es mi vecino y mi amigo, como lo es suyo. Si lo vuelvo a ver haciendo lo que hizo hoy o con el otro muchacho lo voy a detener.

Joaquín no le respondió y se fue caminando lentamente maldiciendo al oficial y pensando quien podría ser ese hombre mayor con el que Johana mantenía una relación.

Continuará…