Un subtítulo para Manuela Suares

El Mendolotudo, también conocido como Elmendo, es un sitio en la web abierto a cualquiera persona que quiera escribir y sin ningún tipo de condicionamiento, fruto de una gran apertura mental de sus editores y producto del aporte interminable de historias de los miembros del Staff. Cada nota publicada se compone de: una foto de cabecera con un título y un “subtítulo”, y luego de un clic se ingresa al relato con algunas fotos y en el pie de página la firma del autor, con la posibilidad de emitir comentarios por parte del lector.

Cada autor tiene estipulado un día específico para publicar, en mi caso es el miércoles, por lo que debo mandar la nota un día antes para darle tiempo a prepararla a mi editor, que es el Doctor Bomur. Tengo por costumbre enviarle el título y el relato y no mucho más, con la idea de analizar qué reacción provoca en él lo escrito por mi; confirmándome en cada una de ellas que no es un “copie y pegue, pase el que sigue” sino que entiende mi forma de escribir y me lo demuestra con la selección de fotos y en la elaboración de cada “subtítulo”.

Mi nota anterior… “El sol del veinticinco viene asomando” (click para leerla), la envié el martes 22 de Mayo y debería haber sido publicada el miércoles 23 según el cronograma antes dicho o el viernes 25 de acuerdo al tema intitulado. En ella cuento la historia de Manuela Suares, de 17 años de edad y muy enferma, que dicta su última voluntad en su testamento según un documento judicial del 24 de Mayo de 1810; a su vez, transcribo un documento oficial de José de San Martín que explica cómo se conmemoraron las Fiestas Mayas del año 1815. Como ambos sucesos no tenían relación directa entre sí y habían ocurrido en Mendoza, decidí que San Martín le contaría a Manuela Suares y a los lectores, en qué forma se festejaría aquel 25 de Mayo.

Por otro lado, no le aclaré a Bomur que debía publicarla el día 24, con la intención de ponerlo en una encrucijada de fechas y él sin saberlo siquiera suponerlo. Fue así que el 23 de Mayo ingresé al sitio y en las notas de ese día figuraban mis compañeros: Cristian Wonders, Francisco Lucas y una tercera de Mendoza Escribe, que son aquellas personas que no pertenecen al equipo y que encuentran en el sitio un espacio para expresarse. A raíz de ello se generaron tres nuevas posibilidades: que la fuera a publicar el 24 que era el día ideal o el 25 que no hubiese estado mal, o que lo hiciera en días posteriores perdiendo notoriedad respecto del título.

¡Y el gran día llegó !… ese 24 de Mayo había sido publicada la nota. Alcancé a leer el “subtítulo” definido por Bomur sin prestarle atención, luego entré a ella para revisar si tenía errores de ortografía y redacción. Después de leerla, ingresé en Facebook a la cuenta de Richard Bomur para agradecerle por publicarla, luego regresé al relato y empecé a analizar el “subtítulo” escrito por él: “Hay fechas inolvidables, como el 25 de Mayo, pero hay otras muy importantes que quedan en el olvido, como hoy 24 de Mayo”.

Noté que había algo distinto en esas “veintitrés” palabras subtituladas que lo potenciaban, creí entender que al igual que a mí, a él le había llegado la historia de Manuela Suares y la había hecho propia o algo similar. Reingresé en Facebook y escribí un segundo mensaje en su cuenta: “El subtítulo impecable, se merece un… Dios guarde a Vuestra Señoría por muchos años, beso mil veces sus pies”, que es un saludo habitual en documentos históricos y cuyo destinatario es una persona muy importante, es decir, había elevado a Bomur al nivel de un prócer o una leyenda casi un semidiós.

A su vez… comencé a recibir mensajes y llamados de parientes y amigos a partir de expresiones como: épico, sublime, hacéme tuyo y más, los cuáles no podía contestar porque mi cuenta en Facebook se había saturado de solicitudes de amistad, lo que me llevó a batir el récord histórico en cantidad de amigos y amigas captadas en una hora en la red social, colapsando el Data Center que la empresa tiene en Suecia y a Mark Zukerberg, su propietario, puteándome por privado. Después… un llamado de mi madre, que con 85 años me dijo…

– Has resumido en “veintitrés” palabras una historia apoteósica, te felicito.

Muy confundido, ya que el relato era más extenso y sin entender de qué se trataban aquellas expresiones vertidas por mi progenitora, formulé la pregunta de rigor que nunca debería haber realizado…

– ¿Mamá leíste la nota ?

– ¡ Ahhh… sí la nota, estemmm ! es que con el “subtítulo” quedé subyugada.

Confirmando así el viejo y penoso dicho… “ni mi vieja me lee”. Acto seguido… reconfirmé que todos los mensajes y llamados, sumados a la solicitudes de amistad en Facebook, no hacían referencia a la nota sino al “subtítulo” impuesto por Bomur. Luego de lo cual y en forma desesperada, empecé a llamar a mis enemigos, pidiendo encarecidamente se mandaran al pie de página de la misma y le pusieran un “me gusta o un te odio”, y así generar tráfico en ella, y de última hicieran la devolución correspondiente con un dejá de escribir y andá a cantar a la calle San Martín.

Fue así que decidí reingresar en Facebook y como para redondear una tarde nefasta, el Señor Doctor… Richard Bomur, luego que le había besado mil veces las patas, ni un mísero “me gusta” había sido capaz de darle al segundo mensaje. Ni lo dudé… borré al carajo el mismo y me fui a buscarlo con un solo objetivo en mi mente, enfrentarlo para que sacara el “subtítulo” de la nota y lo dejara en blanco, para que los lectores se dignaran a entrar y de una buena vez leyeran la historia.

Imaginé que estaba en el Café Isaac Estrella, el lugar donde pulula la filosofía urbana y tanto más… llegué antes que el sol del veinticinco asomara, casi al filo de la madrugada. El Tulio haciendo el aguante en la barra, apenas me vio me abrazó como nunca lo había hecho y de su boca escucho…

– Me hiciste emocionar con el “subtítulo” de la nota, gracias hermano.

– Tulio y la puta que te parió, sabés bien que los “subtítulos” los escribe el Bomur. Me cagó la nota… ¿ Dónde está ?

– Tranquilizate… después que subió tu nota se vino para acá con lapicera y libreta en mano, me dijo que estaba a punto de escribir su mejor relato. Noté que puso el título y se quedó en él… después empezó a pedir botellas de whisky, debe tener un pedo celeste y blanco.

Me mandé a la mesa de la que es habitué, al llegar visualizo tres botellas de whisky llenas y destapadas, en la mano de Bomur igual número de tapa rosca, intuí que habían sido las culpables de haberlo degradado a ese nivel de ebriedad absoluto y lo habían sumido en una inconsciencia casi comatosa. Lo tomé por el hombro y lo desperté, mis niveles de violencia disminuyeron al ver su deplorable estado.

Elevó su cabeza y noté su mirada perdida, pensé que había visto algo en el Disney Channel que lo había perturbado, pero no fue así, se había quedado dormido sobre su libreta, en ella, un nuevo título en espera de una nueva historia atrapado en cinco palabras que decía: “Un subtítulo para Manuela Suares”, después de él la nada… el blanco papel reflejado en una mente en blanco, y de su boca escucho algo que jamás había oído de un escritor…

– Tengo la nueva historia de Manuela Suares en mi cabeza lista para redactarla, pero mis manos no entienden el idioma de mi mente.

Después de aquel “subtítulo” escrito por Bomur en la nota anterior, supe que mi extensa y exitosa carrera de escritor iniciada en aquel Enero del 2018 quedaba desbastada, pero entendí que él se había llevado la peor parte, un nuevo título había enfrentado a su inspiración contra su redacción, colapsando su mente y bloqueando sus manos. Lo había puesto en una situación compleja, le debía una explicación…

Previo a enviar la nota anterior, el título original había sido… “Una Niña en busca de la eternidad, una Nación en busca de la libertad”, pensé que era muy largo, fue así que en un rapto de genialidad se me ocurrió… “una Niña y la eternidad, una Nación y la libertad”, pero lo vi idénticamente rebuscado, entonces ni lo dudé… “El sol del veinticinco viene asomando”, ese era el título y me sentí realizado.

Terminada la nota y luego de controlar la redacción, la envié por correo electrónico como siempre lo hago, a su vez, Bomur recibe el título y el relato con las fotos, se toma el trabajo de escribir el “subtítulo” y retocar las imágenes, para luego subir el combo al servidor del sitio. El drama surge después que la nota se hace pública y con el primer lector, que justamente fui yo, produciendo en ese preciso instante una “atemporalidad”, es decir… un hecho que está fuera del tiempo, lo trasciende a la actualidad y termina con un bloqueo psicofísico de aquellos que lo iniciaron; lo que decantó en que nadie leyera mi nota y que Bomur después de escribir el nuevo título no pudiera continuar con la nueva historia.

Esta intemporalidad nos afectó a ambos con síntomas opuestos, hizo caer a Bomur en una locura lingüística en la que su imaginación genera tantos relatos que sus manos no le dan tiempo a escribirlos, sumiéndolo a deambular por las calles mendocinas haciendo fogatas y comercializando su gaseoso resultado; a su vez, a mi me llevó a una depresión literaria que puso mi mente en blanco sin siquiera una sola idea, transformándome en un comprador compulsivo de sacapuntas y lápices de colores buscando en alguno de ellos un nuevo relato. Era hora de develar lo que motivó la situación…

En la nota anterior y en la ficción, había invocado al Diablo y puesto en juego el alma de Manuela Suares con la complicidad de Dios que era mi compañero, a partir de un partido de truco contra el Tiempo, el cuarto en discordia. Al ganar la partida salvé el alma de la niña y me hice acreedor a una fecha en el calendario a elección, pensando en retroceder en el tiempo hasta aquel 24 de Mayo de 1810 para hablar con ella, pero no fue así y con Satanás no se juega siempre se pierde.

En la nota anterior y en la realidad, pensé que el día 25 de Mayo debía ser parte principal del título para que el lector se enganchara con el relato, relegando el protagonismo de Manuela Suares a un segundo plano; a su vez, por el hecho de no nombrarla en el “subtítulo”, pero sí, resaltar el 24 de Mayo como un día muy importante, Bomur alcanzó a redactar el nuevo título y no pudo seguir con el desarrollo del nuevo subtítulo y la nueva historia. Era hora de darle una solución a la situación…

Como el nuevo título ya había sido escrito en la libreta, entendí que el título original que yo había descartado por su gran extensión debía transformarlo en el nuevo subtítulo para esta nota, más, la foto principal con la cara de Manuela Suares y así honrar su memoria. Sólo faltaba desatar nuestras manos y mentes para seguir escribiendo, por lo que debíamos invocar las palabras mágicas que son propias del escritor al escribir una nueva historia: “nada ni nadie vive por siempre… salvo lo que escribes, eso nunca muere”.-

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