Te pido perdón. Durante mucho tiempo estuve ciega, pensando que iba a pasar, que íbamos a ser viejos y a estar juntos.

Que se yo. Fue mi error.

Camino despacio y miro en mi cuerpo las cicatrices que el amor me dejó. Es cierto que el amor duele, también es cierto que es lo más bello qué hay.

Pido perdón por fallar. Nunca he sido perfecta. No intento serlo. Intento caminar el camino lo mejor que puedo, amando la libertad.

Pido perdón por la traición. Pido perdón por el desengaño, por ser incrédula creyendo cosas que no iban a pasar. Estuve ciega durante mucho, pero pude abrir los ojos.

Hay personas que no están listas para la libertad de los demás. Hay personas que no quieren renunciar a los privilegios que se les dieron, y por eso también, te pido perdón.

Perdón. ¡Perdón! Por traicionar aquello en lo que yo creía. Perdón a mí misma, a mi forma de pensar, porque la gente no cambia si no quiere, y porque el amor no todo lo vale, no todo lo perdona.

Yo también creí en ese cuento de hadas que me contaba mi madre, en la cual las princesas eran felices para siempre, era todo perfecto. Pero eso no existe. Nadie es así en la realidad. El tiempo me enseñó a no volver a engañarme. Ya no.

Camino y miro hacia atrás todo lo que aquella relación me dejó. Aprendo a amar mi libertad. A no traicionarme nunca más.

Perdón, a mi nuevamente, a pensar que todo podía mejorar a su lado. Que la vida solo con amor bastaba y no era así.

Perdón. Trataré de no volver a herirme. Trataré de no fallarme más.

Compartí, no seas paco