No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él.
Charles Baudelaire 

Se va apagando la tarde, se vuelve invisible, invencible e inverosímil.

Una bandada de zorzales siente esperanzas al poder asilarse en las nubes, antes de que llegue el viento y sólo deje su osamenta.

Un fantasma se asusta al ver a una persona en el reflejo del espejo.

Los niños, en la calle, juegan a ser humanos.

Una mujer le grita a sus hijos, estos no existen pero ella igual los ama.

Un Rastrojero rezonga con diesel sobre el asfalto.

Nos vamos diluyendo, la panza se nos llena de estrellas y las escupimos sobre nuestros pies.

Vamos cayendo.

Nos vamos diluyendo, nos convertimos en átomos, en pequeños universos de gotas radioactivas. Cayendo.

Nos vamos diluyendo, se acerca la tormenta de insomnios y la catarata de Clonazepan.

Cayendo.

Los niños siguen jugando a ser humanos.

Los servicios médicos no dan abasto ante la epidemia de licantropía.

Nos vamos diluyendo, la noche es sólo un sueño y el ahora, ese pálido y eterno transcurrir, nos tira de las mechas para que cerremos los ojos y descansemos.

Algo me susurra en el oído que toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado, eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz.

Nos vamos diluyendo hasta mañana.

Hasta mañana.

(La Luna punk destroza todo, hace un pogo inter galáctico, se toma hasta las nubes y en el viaje de regreso a casa, en el colectivo, vomita… el resto de los pasajeros abren ventanillas, la insultan entre dientes y levantan los pies para evitar el tsunami).

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