El típico nene de papá

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El nene de papá es un personaje detestable, casi nefasto, sumido en una serie de características típicas y de fácil reconocimiento. Por lo general son de carácter rural, de pueblo y sobre todo del interior del país, alejados de las grandes urbes donde son comidos por los tiburones del trabajo. La raíz es siempre le misma… un abuelo trabajador incansable que armó la empresa, un papito hábil e inteligente que la hizo crecer y él… la lacra de la familia, un mantenido frustrado incapaz de generar algo por sí mismo. Vamos a detallar algunas de sus típicas características.

nene de papá

En nene de papá suele ser bastante pasmado a nivel educativo, ya de chiquito era duraznito para memorizar las tablas y escribir de corrido, imaginátelo en la secundaria con logaritmos, aritmética y literatura. ¿Universidad? ¡Ni de pedo! Con mucho huevo terminan la secundaria y, los más osados, clavan uno o dos años en Ciencias Económicas sin meter una puta materia hasta que los padres los internan en la empresa familiar a ver si sirven para algo, por ende tiende a menospreciar la educación. Desprecian al estudiante y, según ellos, “la plata se hace laburando” y “el título no te sirve de nada… ¡mirame a mí! Gano más que un ingeniero en petróleo y nunca estudié”. Claro… se olvidan de que en la construcción del imperio no fueron más que un gasto.

Siempre intenta correrte con la guita, como el jugador de póker que va ganando y se apura con fichas a los cascoteados, sacándolos del juego. Si perciben que te le estás metiendo en su territorio, intuitivamente se agarran de lo único que tienen: la plata, ya que su nulo carisma no les permite amalgamar ni siquiera dos hámster en una misma jaula.

Tapa sus carencias con cosas materiales. Gasta fuerte y apunta alto, siempre lo vas a ver con la mejor pilcha, el mejor auto, la mejor casa, los lujos más caros. Mientras más ostentoso y parafernálico sea el objeto, más seguro de sí mismo se va a sentir. Es tanta su inseguridad, que necesita sentir poder en cuestiones materiales para que todos vean que tiene, que le sobra, que la pesa, que la pone… aunque todos saben que la fuente es el papito, incluso él. Por eso lo ves con cara de amargado el 90% del día, sumido en una mufa desgastante.

Como vive rodeado de cosas materiales y muy muy poco afecto real, mide a la gente por lo que tiene, no por lo que es. Por ende, el 90% de sus juntas suelen ser tontolabas del mismo calibre que él, atestados de cosas materiales sin cariño real. Se sienten incómodos entre gente con menos recursos… ni hablar si esa gente tiene buen número de anécdotas de vida, experiencia y vivencias, es el karma del nene de papá, no lo pueden controlar, así que ahí nomás tiende a excluir a los que no tienen mucho, de todo, como él.

Por una cuestión familiar, de legado, de herencia, es machista y conserva. La mujer es ama de casa, madre de familia, señora del marido, así que tiene que estar dentro de casa cuidando a los hijos. No podría estar con una mina independiente, ni hablar de una mujer con título profesional. Esas son todas putas, son todas trolas, están todo el día en la calle cogiendo con sus jefes. Es chupasirio y comehostia, lava las culpas yendo los domingos a misa como para sentirse menos porquería. Encuentra en la religión un sustento, un respiro y un perdón. Desprecia profundamente cualquier movida progresista que tienda a la igualdad y la adquisición de derechos, porque él está completamente convencido de que no todos somos iguales y que la meritocracia es ley suprema. Meritocracia que padece ferozmente, porque sabe que nada de lo que tiene lo merece y, al no creer en los psicólogos (obviamente), intenta sublimar sin resultado fortuito sus angustias, debiendo tomar antidepresivos, pastillas para dormir y tranquilizantes para rendir.

Por este asuntito de la meritocracia y de medir todo con lo material, se jacta de cualquier acción social. Él manda a todos a laburar, tiene la profunda convicción de que “Evita era una puta que le quitaba cosas a los empresarios para regalárselas a los pobres” y “Perón era un viejo ladrón que tenía cuentas en Suiza”, entonces asocia cualquier acción social con clientelismo y asistencialismo. Que trabajen esos negros de mierda, que limpien autos esos linyeras de mierda, que se mueran esos viejos vagabundos de mierda, no hubiesen tenido mil hijos para cobrar asignaciones esas negras putas de mierda. Es una serie interminables de barreras agresivas que intentan esconder sus profundas frustraciones, porque en el fondo… él es un vago inútil de mierda que nación en la cuna de papá.

Desprecia el arte y desconoce por completo cualquier movida cultural. No tiene una banda musical favorita, ni un escritor favorito, ni hablar de pintores, actores, escultores o demás ramas del arte. Lo asocia directamente al hipismo, a la vagancia, a la droga, a la bohemia (en sentido denigrante que él le da), al absurdo. El arte es para vagos, para manyines, para zurdos de mierda. Como es insensible el muy pelotudo, es incapaz de sentir algo, no le mueve ninguna fibra, entonces… como no le genera nada, lo desprecia, no le sirve, lo considera obsoleto. Lógicamente los artistas están a un nivel de miseria impensable para él.

Se vive quejando absolutamente todo el puto día. Siempre está mal, siempre la empresa está para atrás, siempre tiene que trabajar el doble y ganar la mitad. Cuando no era Nestor, era Cristina, ahora es Macri y mañana será cualquiera, el tema es que jamás la pasa bien. Que el dólar, que los impuestos, que Messi, que las obras públicas, que los F31, que ganancias, que el campo, que iva, que el déficit, que el peronismo, que somos un cáncer, que Chile es la gloria, que Europa es la panacea, ¡pero andate a vivir allá inútil de mierda si te vas a tener que volver a los dos meses pajarón pelotudo! Lo más gracioso es que no para de comprarse el auto último modelo, no deja de viajar a lugares exóticos y cada verano se aparece con una lancha nueva y siete motos de agua. Te cae la ficha que se queja porque es un rata miserable hijo de puta y tiene terror a que le pidan guita prestada.

Todo lo que tiene lo tiene gracias a su papá, a la empresa familiar. Es absolutamente inservible para cualquier cosa que no sea ser el pichichi del papito. Dos o tres veces intentó hacer algo por sí mismo y fracasó estrepitosamente, porque carece de inteligencia, actitudes de liderazgo, motivación, visión empresarial, picardía comercial o un mínimo de empatía para asociarse. Lo sacás de su eje, de lo único que más o menos hace bien en la empresa de la familia, y se hunde como el Titanic. Sólo sirve para financiar proyectos ajenos y si eso sucede, es la mismísima muerte para los financiados, ya que los vuelve locos. Porque es un rata, obvio.

Y concluyendo, con esta venenosa lista de características de este horroroso personaje, es condición sine qua non que desprestigia cualquier trabajo que no implique esfuerzo físico. Si tu laburo es creativo, artístico o está relacionado al esfuerzo mental, no es laburo, sos un chanta. Si te ganas la vida pensando y no laburando catorce horas por día con una pala, sos un atorrante, no sabes lo que es trabajar y no merecés ganar lo mismo que él. Su miedos internos le impiden reconocer que podes ser mejor que él, o vivir tan bien como él, con menor esfuerzo físico y mayor esfuerzo mental, porque como la cabeza no le da, se pasa la vida metido en la fábrica del papito para justificar si inutilidad.

Si te gustó esta nota te invito a seguir leyendo ésta de hace algunos años.