Bollito de papel

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Pegué los gajos de mi corazón, como pude
No sostuve la mirada en el espejo cuando me busqué
Fumé mil cigarros en las noches de mayo
Toqué mis labios creyendo recordar y solo odié…

¿Qué pasa cuando te rompen la cabeza más que el corazón? Te duelen esas partes que ni siquiera sabias que existían de tanto pensar y pensar, aún así te dejaste de preguntar por qué es que no diste un paso al costado cuando supiste que estabas haciendo mal. No hay límites en el corazón, pero eso es según la moral individual… depende de cada persona, por eso nos lanzamos sin más, a un mar de incertidumbres sin importar cuantas heridas nos provoque el fondo.

“¡No me importa una mierda! ¡Me hirió!” le grité por teléfono a mi mejor amiga, mientras le decía que me cansé de escuchar Bach, Schubert, Vivaldi y Paganini… sólo para olvidar su puta voz de mierda, y sus ojos. Hermosos ojos.

“No pasa nada” me dije en la ducha mientras las gotas de agua se mezclaban con mis lagrimas. Esa misma noche me emborrache a más no poder como para olvidarme, y al pedo… porque le terminé escribiendo.

Pero al venir la luna negra, enterré lo que me dolía… en la tierra, sembré mi dolor y mis penas, ahí donde no duela. Busqué entretenerme, leer, escuchar música, caminar y caminar, me encerré durante más de un mes en mi casa y renací, luego de llantos y tristeza seguido de rabia, bronca y hasta odio.

No puedo decir que fue un camino fácil el “desapego”, pero ahora estoy más armoniosa conmigo misma, menos enojada con mi corazón, después de todo… para mí, siempre estaré yo. Hay que aprender a enamorarse de unx mismx, antes de quien pueda llegar a dejar nuestro corazón hecho un bollito de papel.

“No estoy sola, estoy conmigo”

(Gracias a Javier S. por la frase que me regaló hace algunos años, le dedico a él éste pedacito de texto salido de mi corazón)