—Todavía no puedo creer que se fuera—dijo Emmanuel muy triste y enojado.

—No sabemos lo que pasó—le dijo Gloria a su hijo Emmanuel—. La policía todavía lo está buscando.

—Mama, por favor, vos lo conocías bien, sabes que él era un tiro al aire. Estoy seguro de que se fue con alguna mina o se escapó a… ¡vaya saber dónde!

—Emma, hace tresmeses que nadie sabe de él, no se sabe ni siquiera que era lo que tenía puesto. Los vecinos dicen…—Antes de que pudiera terminar la frase su hijo la interrumpió.

—Si mama, hacia muchos días que no lo veían salir—refutó furioso.

—Yo sé que estas así porque sentís que te abandonó, pero para mí pasó algo. Me lo dice mi instinto de madre.

—¿Y en qué te basas?—respondió Emmanuel casi ridiculizándola.

—¿Quién se va e su casa y abandona a su mascota?, ¿te acordasde cuando encontramos a Fito, una semana después, completamente deshidratado y al borde de morir? Él podrá haber sido un tirado, como vos decís, peor tenía un gran corazón. Tu hermano era incapaz de hacer sufrir a alguien. Él adoraba a ese perro. —Esta última frase, Gloria, la dijo entre lágrimas. Emmanuel se percató de esto y la abrazó lo más fuerte que pudo.

—Te lo juro Emma, ya no lo soporto, tu papa y yo casi no nos hablamos, parece que tenemos corazones de piedra. Vos estas cada vez más lejos de nosotros. Y ahora pienso que vas a empezar la facultad como Jesús y que algo malo también te puede pasar.

—Mama, por favor te lo pido, deja de llorar, a mí no me va a pasar nada. Esta casa ha sido de la familia por más de veinte años y me queda a solo tres cuadras de facu, si sigo viviendo con ustedes tengo que viajar dos horas y media para llegar. El viaje en micro me asusta mucho más que esta casa en sí.

—Prométeme que te vas a cuidar.

—Si mama, por supuesto.

—Y algo más—dijo Gloria volviéndose— quiero que traigas a Fito aquí, a vivir con vos, no quiero que estés solito. Estamos a cien kilómetros de distancia y me asusta no tenerte cerca.

—Si mama, no te preocupes, lo que vos quieras para que te quedes tranquila.

Pasaron dos semanas y Emmanuel se acomodó en su nueva residencia universitaria, hablaba con sus padres casi todas las noches, su vida se volvió algo rutinaria. Normal para lo que es una vida en la universidad. Hasta que un día, mientras se duchaba, le pareció percibir una pequeña sombra en su ojo derecho.

Sin embargo, no le hizo mucho caso, ya que él sabía, por su carrera de medina, que a veces el ojo suele proyectar sombras por falta de oxigenación en el cerebro o pequeños mareos. Lo ignoró por completo, hasta que salió del baño y se encontró con Fito.

—¿Qué pasa muchacho? —le preguntó en tono cariñoso —. ¿Está todo bien?

Pero el can parecía no prestarle atención, el animal estaba ido, como perdido en la bruma, era como si Fito estuviese mirando algo detrás de él. Emmanuel naturalmente se guió por su mente lógica y no le hizo caso, en cambio, se agachó y acarició el lomo del perro. Sólo con este gesto, el perro parecía volver a cobrar vitalidad.

Por la noche se acostó en la única habitación del pequeño departamento, pues este sólo contaba con una cocina comedor, un baño y la habitación que él usaba para estudiar y dormir.

Esa noche, él estaba particularmente sensible, no asustado, sino más bien como esperando que algo pasara. Se estaba quedando dormido, cuando de repente sintió que un eco incesante sopló en su oído y le dijo.

—Emma. —Luego de escuchar el sonido se asustó y Fito pegó un salto sobre la cama, aterrizó en su pecho y comenzó a ladrar freáticamente, como un perro rabioso. Emmanuel lo tomó del cuello y lo abrazó hasta que se calmó y sus ladridos se volvieron un débil sollozo.

“¿Habrá escuchado lo mismo que yo?”, pensó mientras la piel se tensaba por el miedo y sentía como sus pies se helaban en la oscuridad que reinaba sobre su cama. Fue cuando el perro se levantó de la cama y comenzó a querer escarbar el cerámico del piso.Emmanuel lo siguió de inmediato y se dirigió hasta donde estaba Fito, lo apartó a un costado y debajo de la cerámica encontró una remera que reconoció al instante, era la de su hermano perdido, y en el interior de esta había una pequeña nota y un walkman debajo.

Comenzó a temblar, no lo podía creer, la policía registro mil veces el departamento y nunca encontraron nada que pudiese vincularse a la desaparición de Jesús. Entonces Emmanuel tomó la nota y comenzó aleer.

Primera anotación del diario
Jesús Zenobia 23/7/94

Esta es la primera de una serie de notas que estoy dejando por toda la casa y lugares que frecuento. Me encuentro en compañía de mi perro, Fito, que me observa pacientemente, mientras yo guardo lo que será una serie de pistas por si algo me llegará a pasar.

Hace más o menos un mes, comencé a notar ruidos extraños en la casa, por tal motivo decidí comenzar a grabar los sonidos que ocurrían durante la noche. Lo primero que detecté, no llamó mucho la atención, solo escuchaba estática y uno que otro ruido de calle, seguramente provenientes del tráfico. Me di cuenta de que no podía grabar solo con el auricular del walkman, por eso decidí comprar un micrófono para que pudiese determinar con mayor calidad de sonido lo que sucede en la noche en mi casa.

Si quieres, tu, quien sea que encontró esto, puedes seguir con el experimento, pasé en limpio todas mis anotaciones y coloque el walkman para que también puedas hacerlo si quieres, pero debo decirte, esto se puso cada vez más hostil, tengo mucho miedo y no sé qué me pueda llegar a pasar

Continuará…

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