Hace unas semanas hablaba con un amigo que me decía que no confiaba en los psicólogos, que no podía hablar con alguien que no conocía, que como iba a confiarle sus secretos al alguien que no tenía ni idea de donde venia, y yo, me veía en la tarea de insistir que es más fácil contar algo difícil a otra persona que no sepa mucho de nosotros.Hablar con extraños puede hacernos sentir mucho más libres que las conversaciones con nuestros familiares o amigos de toda la vida. La razón podría estar en que un extraño nos ve como somos, libre de idealizaciones y autoengaños, no como quiere creer que somos, y eso es algo muy liberador para relacionarnos y poder expresarnos, además conversar con desconocidos nos hace sentir mejor con nosotros mismos, al considerar esta acción como una muestra de humildad y bondad.

Desde nuestra niñez hemos escuchado la frase “no hables con extraños”, tiene cierto sentido hasta que tenemos una determinada edad. Este consejo se da principalmente con el objetivo de prevenir algunos peligros. Sin embargo, entablar conversación con un desconocido produce una sensación parecida al bienestar, interactuar con ellos tiene beneficios diferentes a los que obtenemos con las personas de nuestro círculo social.

Un estudio publicado en PsychologicalScience señala que los niños, a partir de los tres años, podrían distinguir por su cuenta si las personas que se les acercan son de fiar, pueden considerarse confiables o si deben alejarse de ellas, y a los siete años ya podrían hacerlo con la misma precisión que los adultos.

Conversar con extraños aumenta nuestro bienestar y esto repercute directamente sobre nuestra productividad, contribuye al fortalecimiento de nuestra identidad, nos hace sentir que podemos aportar algo, que somos tenidos en cuenta, valorados y además no esperan nada de nosotros

Probablemente, puede ser que a veces prefiramos hablar con un extraño porque este nos ve como somos, no como quiere creer que somos. Hablar con personas con las que tenemos una relación personal influye de forma positiva, si esta es sana, en nuestro estado de ánimo, aunque para controlar el enfado y/o los disgustos hablar con desconocidos parece ser más efectivo.La mayoría de nosotros actuamos de dos formas cuando estamos de mal humor. Con las personas de nuestro círculo más íntimo, descargamos nuestro enojo porque sabemos que podemos hacerlo, en cambio, cuando interactuamos con algún desconocido en la calle, solemos mostrarnos más amables y educados.

Así, conversar con extraños actúa a modo de interruptor emocional. Nos facilita tomar la distancia emocional suficiente para regular cómo nos sentimos y observar la situación desde otra perspectiva.Como vemos, hablar con desconocidos es beneficioso para nuestra salud psicológica, no solo nos hace sentir mejor, sino que también es una buena oportunidad para mejorar nuestras habilidades sociales, conectar con los demás y sentirnos parte de la comunidad.

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