Hace unos días, reflexionaba con unos amigos sobre nuestros primeros pasos en nuestra vida sexual. El primer recuerdo me llevó como por un tubo al ciber del “Mecha” (alias el “mano pegajosa”). Yo tenía unos 14 años cuando llegó el boom de Internet y los cibers a los barrios. Hordas de jóvenes sedientos de contenidos llenaban las salas del Mecha, quien con un cuaderno les iba anotando las horas que le quedaban a cada uno. Los “after school” dejaban las instalaciones con un olor a pendejo interesante, de hecho, recuerdo que la gente grande aprovechaba los horarios de clase para poder usar las PCs tranquilos, una vez sonado el timbre, no quedaría espacio ni para un alfiler.

Entre el Counter Strike y petardas.com peleaban por el trono en nuestros contados minutos de acceso a internet y a una computadora. Uno era usado por diversión, el otro, por la más inocente curiosidad de saber que pasa en el mundo de los adultos.  En mi entorno del cole a algunas de mis compañeras ya estaban comprándole corpiños más grandes, algunas incluso atravesaban una transformación muy fuerte. La Joa por ejemplo, de ser una especie de larva indeseable e incomible durante toda la primaria, abrió sus alas cerca de los 15 años de edad para transformarse en la mariposa más deseada de la institución. En la platea masculina había mucha curiosidad y se expresaba en los recreos, colmando los pasillos de preguntas: ¿De dónde sacó esas gomas la Marina? ¿Cómo se sentirá tocar una teta? ¿Tendrán pelos ahí abajo como yo? Cuando el recreo terminaba el profesor de biología tenía preparada para nosotros una nueva clase sobre las flores de Mendel y la genética.

El porno, fue el primer cómplice sexual de la gran mayoría de hombres que conozco, lo cual es preocupante si tenemos en cuenta la temprana edad. Todavía no tenía mi primer experiencia sexual y gracias a sitios porno ya había visto hasta a un tipo metiéndose literalmente de cabeza “ahí”. ¿A la Joa le gustará eso? ¿Mi mamá le cagará el pecho a papá? ¿Por qué les gustará que les hagan doler? ¿Mi papá le hace todas estas cosas a mamá?

Hoy que soy grande y me acuerdo de estas cosas me doy cuenta de que crecí solo en un mundo de reglas nuevas y que aprendí muchas cosas mal por no tener las fuentes indicadas (escuela, familia). Fui un niño descuidado por el sistema, que creía que a las mujeres les causaba placer ser tratadas como objeto, o ser cogidas como si fuese un perro. Mi ignorancia me tuvo a mí (y a muchos amiguitos) acomplejados por el tamaño de nuestro pene y pendientes del tamaño de los pechos o la cola de nuestra amiguita. Los contenidos que me “enseñaron” me hicieron aprender el sexo desde un costado machista y probablemente hasta el día de hoy siga re aprendiendo cosas que internalicé mal.

Si me preguntaran por los responsables mencionaría a internet y la religión. La red tiene sus razones obvias por su gran cantidad de contenidos y la facilidad de acceso aún siendo un niño, esto la establece como un arma de doble filo en manos de idiotas. La religión, al menos en mi caso, fue la culpable de forjar una falsa moral y una culpa que no me permitió en su momento preguntarle mis dudas a papá y mamá (o a algún profe), generación que también heredó muchos tabúes y falsos valores.

Vivimos tiempos despojados de las visiones de dinosaurio, tenemos lesbianas, gays, heteros, pansexuales, trans, entre otras rebuscadas definiciones. ¿Quién le va a enseñar sobre esto a las futuras generaciones? A mí el porno me enseñó más que el cole, y lo hizo mal.

Compartí, no seas paco