Emmanuel quedó completamente impactado, era la primera pista real que tenía algún indicio de lo que le había pasado a su hermano, se recostó en su cama y evaluó todas las posibilidades.

“¿Qué hago?”, pensó, “mi mamá esta devastada, si le digo sólo voy a empeorar las cosas y mi papá está perdido, si les cuento les voy a romper el corazón. Quizás les genere una falsa esperanza de encontrarlo y si no llega a ser así lo más probable es que los lastime. Lo mejor que puedo hacer es investigar un poco, tal vez, en alguna de esas pistas él haya dicho adonde esta o adonde se escapó. Por lo pronto, necesito el micrófono para poder gravar lo que va a pasar esta noche.”

Mientras Emmanuel recitaba su monologo en voz baja, Fito, subió de un salto a la cama, el perro estaba intranquilo y asustado.

—Estoy seguro que viste lo que pasó en la casa. —Lo acarició—. Me gustaría que me digieras que fue lo que viste. —Fito jadeó asustado. —No tengas miedo, te voy a llevar conmigo, no te voy a dejar solo acá.

Esa misma tarde, Emmanuel emprendió junto con su perro un viaje a la casa de sus padres. Una vez que llegó, le preguntó a su madre si entre las coas de Jesús había un micrófono, le dijo que lo necesitaba para un trabajo de la facultad. Su madre se lo dio y el lunes por la noche después de volver dejó el walkman y el micrófono conectados en la cocina, con la intención de gravar algo durante la noche.

Mientras dormía, soñaba que alguien estaba sentado en la silla que estaba ubicada frente a su cama. Alguien lo miraba, pero no era una sola persona, no, eran muchas, mil ojos lo observaban detenidamente sin que él se pudiera moverse.

Después se vio a sí mismo en las sombras, viendo como su hermano escondía algo debajo de la alacena de la cocina.

Se levantó sobresaltado, casi ahogando un grito, no podía recordar la última parte de del sueño. Sólo recordaba que su hermano guardó algo en la alacena y lo siguiente que vio en el sueño fue muy real, fue lo que lo asusto, pero no podía recordarlo. Trató de hacer memoria lo más que pudo, sin embargo, no podía recordar nada. Cuando despertó se había borrado la última parte del sueño; pero ¿fue la luz del amanecer que lo borró o fue que lo visto lo asustó tanto que su mente bloqueó el recuerdo para evitar traumarlo?

Al verse solo en tan poca claridad se cubrió con las sabanas hasta la cabeza, nunca había estado tan asustado como en esa ocasión. Se dijo así mismo que estúpido tener miedo por una simple pesadilla, pero ¿y si no lo era?, si en verdad había visto lo que había algo debajo de la alacena.

Salió de la colchas temblando, buscó a Fito, este dormía a un costado de la cama, parecía no inmutarse con nada. El sol ya iluminaba la cocina. Emmanuel se aproximó al punto en el que vio a su hermano esconder algo. Sacó todo lo que había, pero no vio nada. Después recordó un ruido, similar al de una tabla que se quiebra. Metió la punta de sus dedos en los costados de la plancha inferior del mueble de cocina, tiro de ella y con un ruido sorprendentemente familiar esta se levantó.

Debajo de la tabla había otro sobre, lo abrió y comenzó a leer.

Segunda anotación de mi experimento.

Esta es la anotación que corresponde al 25/7/94, la segunda grabación la escondí en un libro de la facultad que habla un poco de lo que está sucediendo en mi departamento. Decidí esconderla ahí porque se notaba que nadie lo ha ocupado desde hace muchos años. Si vas a buscarlo solo di que buscas el último libro que sacó Jesús Zenobia, no creo que tengas problemas solo por pedirlo. Si ya comenzaste a grabar, te aconsejaría que escuches cuanto antes lo que hay en la cinta y luego la compares con la mía, así podrás conclusiones. Solo te pido que luego de escucharlas compares el contenido de las dos cintas.

P.D. es probable que comiences a tener pesadillas, es más, si encontraste esta nota es por esa misma razón. Te recomiendo que tomes pastillas para dormir, las necesitaras.

Emmanuel se vistió y salió inmediatamente a la biblioteca.

Continuará…

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