La paja de volver a enamorarse

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Una vez que te acostumbraste a estar soltera, el asunto de volver a empezar una relación con alguien te resulta desgastante y resignás la idea de compartir tu vida al lado de otra persona. Es que estás tan cómoda durmiendo con tu almohada favorita, mirando la serie de Luis Miguel sin tener que lidiar con boludeces o histeriqueos pasados de moda, vistiéndote cual indigente para estar en tu casa o para salir a comprar una coca mientras golpeás el envase de la botella con tus rodillas (como cuando tenías doce años), que te da mucha paja pensar en plancharte el pelo para tener una cita con otro salame.

Vamos a ser honestas: Nadie es totalmente espontáneo y tal cual es en la vida cotidiana cuando conocemos a alguien, porque somos conscientes de que primero tenemos que agradar. Y no hablo de simular ser otra persona, porque lógicamente en un par de juntadas más te sacan la ficha y se dan cuenta que sos peor que Fiona y te pegan una patada donde no te da la luz. Peeero, mostrar la crudísima realidad es contraproducente y muy difícil si tenés una vida más aburrida que la de mi hermano que tiene 20 años y todavía no la pone.

En el instante en el que decidiste intentarlo, poner tu corazón en manos de un desconocido rezando que no tenga ganas de jugar a pateártelo, te das cuenta de que ya es muy tarde para dar marcha atrás porque metiste la cara en el barro por ese tipo que juraste, no te iba a gustar nunca. Porque te pasa que te enganchás como quinceañera enamorada de un flaco por el que no darías ni dos pesos chilenos con el pleno uso de tus facultades mentales, que no tiene absolutamente nada que ver con vos y de hecho tus amigas te lo hicieron notar con cada consejo que te daban. Pero vos sos una paspada que nació afiliada al sufrimiento, así que pisás el acelerador e intentás no partirte la pera durante el viaje.

Y mientras te vas enamorando, te das cuenta que te surgieron más ganas de verlo que de costumbre, de hecho, tenés ganas de verlo todo el tiempo. Chusmeás su Instagram y hasta revisás cuántos likes tiene en cada foto mientras te bajás media botellade fernet. Querés escribirle a todas horas y no tolerás la idea de creer que no tiene mucha onda con vos, que no sos suficiente. Pero los flacos en ese sentido son muchísimo más simples que nosotras (algunos), por eso y porque nacieron hijos de puta casi no sufren por amor. Así que si no te quieren o si te aman desenfrenadamente no lo demuestran en demasía. Respirá tranquila, no sos vos: ¡Son ellos!

Primero quieren que conozcas a los vírgenes de sus amigos que, para él, son más importantes que las milanesas de la abuela e incluso que sus viejos.Y para cuando llegue el momento tenés que saber que ellos ya saben de vos, que ya hablaron de vos y que ya te vieron en algunas fotos. Si pasás esa prueba de fuego mamina, te abrazo fuerte a la distancia. Porque no existe nada más miserable que intentar caerle bien a esos flacos que se la pasan hablando del culo de Sol Pérez, con tal de que no te jueguen una mala pasada con el pibe que te estás chamullando.

Porque sí, corazones míos, no se espanten ni lean desesperadamente la biblia, las mujeres también chamullamos flacos. ¿O se creían que eran Cristóbal Colón y que descubrieron América? Tampoco crean que solo nosotras reclamamos absurdos, ustedes tienen mucho de “minita” en el interior. De manera que, si tienen ganas de formalizar y tener algo en serio, les pido que nos lo hagan saber así nos evitan malgastar tiempo charlando con las impresentables de nuestras amigas. Probablemente si nos dicen que la idea es solo coger, los saquemos cagando sin chances de humedecer la vainilla en la leche; pero por ahí tienen suerte y los astros se alinearon a su favor, entonces nos pinte el garche desenfrenado y pasemos unas buenas noches sin la necesidad de involucrarnos sentimentalmente. Y les aviso que las mujeres también queremos sexo sin compromiso, ¿usted no ha leído? ¿no se ha informado?

Siguiendo con el tema del amor, notás que enamorarte de este pibe te consume tiempo, tiempo que antes invertías en vos misma. En ir al gimnasio vestida de “che pibe”, en estudiar un poco más de la cuenta para no recibirte a los cuarenta años, en juntarte a tomar mates con las pibas, en ir a bailar. Enamorarte te consume las ganas de volver a quererte. Entonces estás frente a la dicotomía de elegir si te seguís mimando o si utilizás ese amor pero para querer a otro.

Y yo creo que está bueno dejarse llevar por los sentimientos, por las palpitaciones y toda esa cursilería barata. Pero la lógica juega un papel fundamental. Tenés amor de sobra, no lo inviertas todo en una sola persona. Porque después, cuando por fin ya no se cumpla la ley del embudo, vas a sentirte sola y descuidada y eso es muy difícil de superar. Nadie va a ser capaz de querernos más que nosotras mismas.

Siento que el amor no es ni debe ser incondicional, porque si vos me maltratás, no es justo que yo te siga queriendo. Amar no tiene nada que ver con la imposibilidad de vivir sin la presencia del otro, o vivir a su lado porque lo necesitás un montón, porque sentís que sin él no podés respirar. Al contrario, cuando te enamorás lo hacés sabiendo que podrías seguir perfectamente sola, pero elegís no hacerlo. Porque simplemente en esa persona sentís que la vida es más linda, hasta más divertida.

Así que si se iluminan, déjense llevar por sus sentimientos y denle rienda suelta a las mariposas en la panza. Y si por el contrario, la joda les golpea la puerta los fines de semana y no la quieren dejar ir por nada o si solo las seduce el “garch and go” y tienen ganas de que se las pongan hoy y se las saquen en doce cuotas ¡Ningún problema meeeamorrrr! Que para eso vinimos al mundo, para disfrutar y ser felices.

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