¡Me re cago en las tachas!

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Uno ve la historia del ingeniero “Bombita” de Relatos Salvajes y no puede menos que sentirse identificado. ¿Quién no se sintió en un agujero del sistema? o mejor dicho que el sistema se te mete por el agujero, te viola incansablemente con una semisonrisa sádica propia de aquel que sabe que tiene el poder y te puede culear cuando y como quiera, vos sos su putita y no tenés otra que aflojarte y cooperar.

Pero como buen sádico, el sistema ya no se conforma con culearse al que se le lleva el auto la grúa o al que le retienen ingresos brutos por duplicado, no, eso es muy poco frecuente para los instintos animales del salvaje sistema al que nos sometemos a cambio de tener asegurado que nos levanten la basura, que nos pongan luz en la calle, que dejen libres sólo a los ladrones de guante blanco y a los narcotraficantes. Quiere culearse a todos, todo el día, todos los días. Quiere llevarte al extremo de que te implosione la cabeza entre las ganas de poner una bomba en la Municipalidad y la culpa de tener esos sentimientos tan poco amables.

Y rebuscando entre subas de impuestos, radares ocultos con límites de velocidad imposibles, multas de medio sueldo y demás, la respuesta llegó en forma de caparazón de tortuga: las tachas. “¿Cómo no se nos ocurrió antes?”, me imagino a los funcionarios municipales descorchando espumantes y encargando sushi para festejar el nuevo método sistemático de empome masivo a la población, y de enriquecimiento colateral por retorno: win-win situation.

Si tuviera al hijo de puta que planifica las líneas de tachas en Godoy Cruz, lo acostaría sobre las tachas  y le pasaría de ida y vuelta el auto por encima, cosa que sienta bien lo duras que son las tachas y el impacto que causa en el autito. Bien despacito, que es la manera de pasar por encima de las tachas para que las gomas del auto te duren más de 2 años. Después lo ataría al capó y le metería las 4 hileras de tachas de la Remedios de Escalada por donde no le da el sol, y por los ojos los amortiguadores arruinados como sacacorchos. Y para eso me tomaría la misma cantidad de tiempo que perdí reduciendo la velocidad en el tránsito entorpecido por todas esas líneas de tachas puestas en los 150 metros que hay entre un semáforo y las vías del tren: como 508439 horas.

Después sentaría al maltrecho cadáver en una sillita frente a mí y le preguntaría:

“¿Por qué amor mío angelito de Dios ponés esas tachitas ahí, cuánta velocidad creés que un auto puede alcanzar entre el semáforo de la esquina y el semáforo del tren?”

“Si las pusiste para que los chicos de la escuela puedan cruzar la calle, ¿no te das cuenta que el tránsito se enlentece y por consiguiente no se hace un espacio entre auto y auto, sino que hay una enorme fila de autos pasando sin cesar? Niños cruzando: cero. Conductores con ganas de asesinarte: 10 millones”.

“¿Tenías muchas ganas de cagarnos la vida que eso no te fue suficiente y 100 metros antes del semáforo, en una bocacalle (o sea el que viene por Remedios tiene prioridad) pusiste 2 hileras más de tachas? Pero no para el que debe reducir la velocidad antes de doblar, noooo pícaro, si no para el que viene por la calle principal, para otra vez enlentecer el tránsito, DIFICULTANDO más aún esa intersección que de por sí ya es un dolor de huevos?”

“¿Tu auto vuela, hijo de puta? ¿O sos accionista de Michelin? Porque si no, no se entiende. O ya sé, por algún motivo no podés manejar y eso te creó un resentimiento contra los conductores que te catapultó a buscar un puesto donde te los podás coger a todos de parado, escupiéndonos, tirándonos del pelo, pateándonos por atrás para que terminemos con la cara en el barro”.

“Anotá en tu libretita:

  • Tachas para marcar la reducción de un tramo de una calle: Sí
  • Tachas para reforzar la doble línea amarilla: Sí
  • Tachas para demarcar un área exclusiva de peatones: Sí
  • Tachas para marcar un área donde no puede circular un auto: Sí
  • Tachas para enlentecer el tránsito: NO
  • Tachas para que frenen en la esquina los autos: NO
  • Tachas para arruinar las gomas y los amortiguadores del prójimo: NO
  • Tachas para sentir que sos importante y tu aporte a la seguridad vial es un punto de inflexión en la historia mendocina: NO POR DIOS, ¡NO!”

¿Por qué tan callado? Ah cierto, te maté. O, podríamos decir, te mataron tus tachas. Estarás contento. Bueno ahora que estás tan receptivo, te cuento algo más: las tachas no garantizan que el auto va a disminuir la velocidad. Tampoco garantizan que el que pase lento tenga menos daño en su automóvil que aquel que pase rápido. El inconsciente que no frena en la esquina, tampoco va a frenar por unas tachas pedorras. Pero sí lográs que se revuelva la bilis y se creen úlceras en los pacíficos ciudadanos que cumplimos las reglas. Lo único que aseguran las tachas es que los autos se van a romper más rápido, y que los 100 autos que pasaban por un lugar en 5 minutos ahora se van a tardar 10, acumulándose con los otros 100 autos, aumentando las probabilidades de choques, bocinazos, puteadas, contaminación. Claro eso no es un problema para vos, a vos te debe dar placer ver esas mierdas tachonando la ciudad como un punk con mal gusto y pasado de moda.

Te doy una re buena idea: Seguí así sin asfaltar las calles, dejando que los pozos se agranden, o mejor aún, levantá el asfalto y llená las calles de grava. Ahí vamos a andar todos despacito, como en matungo, como caminando. La gente va a poder caminar por las calles  como en el siglo XIX, entre carretas y caballos. Ni un accidente, en esa época.

Otra idea: agarrá esas tachas y metelas en un museo, junto con los 800 semáforos que amagaste a poner en cada puta esquina de esta ciudad y retiraste porque te diste cuenta (o alguien te dijo) que menos es más. Que poniendo semáforos en cada esquina no ibas a contribuir a otra cosa que a generar un caos. Con las tachas es lo mismo, la gran madre que te parió. Una tacha, un pozo, una alcantarilla a desnivel: tan pendiente va uno de los próximos 10 metros de calle que es más probable atropellar a alguien que cruza de improviso.

Bueno. Ahora estoy menos estresada. Al sentir tus huesitos hacer crack, dejé de producir exceso de ácidos en el estómago, y mi corazón dejó de tener taquicardia. Pero no te preocupes, pronto vas a tener compañía: el que decidió que era más importante cambiar el coso que separa ambas manos de la Costanera que arreglar los agujeros del asfalto.

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