Llegó muy temprano a la biblioteca de la facultad, Emmanuel estaba exaltado, no podía pensar en otra cosa que no fuera en la cinta que su hermano había escondido, la duda, el temor y el remordimiento giraban entorno a su cabeza, ¿por qué la escondió ahí? ¿Qué es lo que quiere que compare?

El bibliotecario, un hombre tosco de aspecto muy estricto, entró en escena. Lo miró y le sonrió amenamente.

—¿No es muy temprano para que vengas a estudiar?

—Sí, lo sé, pero estoy hasta las manos. —Sonrió nervioso.

—Se nota, he visto casos similares en los últimos años —respondió mientras abría la gran puerta de la antesala—. Seré curioso, pero ¿Qué estás buscando?

—El último libro que sacó Jesús Zenobia.

La expresión del bibliotecario cambió de simpático a consternado.

—Ya veo —respondió— son hermanos.

—¿Cómo se dio cuenta?

—Pues, el parecido y además estás igual de nervioso que la mañana que él vino. Por cierto, lamento mucho lo que le pasó.

—Gracias —respondió con un cierto aire de desaliento y tristeza.

—El libro que tu hermano leía se llama “La zona oscura”.

—Estoy familiarizado con el término.

—¿También te gustan las historias de fantasmas?

—No, yo me refiero a la sombra que vemos en el talón del ojo cuando nos debilitamos.

—Ah… —vocifero el bibliotecario—. Lo que necesitas está en la fila “jota” en el tercer estante, pero déjame decirte algo, tu hermano no leía nada sobre medicina, en realidad leía todo lo relacionado a la zona de ocultismo y leyendas urbanas.

Emmanuel no le hizo caso a este último comentario y se dirigió al sector que le señalaron. Tomó el libro, su lomo era de cuero abultado en las solapas. Lo agitó un poco y de este cayó casete. Se fue a la mesa que se encontraba en el centro y comenzó a oír lo que grabó Jesús.

 “Esta es mi segunda cinta, me dio miedo dejarla en la casa porque todo últimamente cambia de lugar y se pierden cosas. Lo que me está sucediendo me asusta, pero también me fascina, creo poder comprobar que existe la vida después de la muerte. Es decir, ya sé que parece una locura, pero si logro demostrarlo estaría desenmascarando un hito en la medicina, en la religión y en la naturaleza. El libro que tiene en tus manos menciona lo que es umbral, la zona intermedia que separa nuestros mundos. También habla de la zona clara y de la oscura, donde descansan ellos, o mejor dicho donde no descansan. En esta segunda grabación pude identificar una voz familiar, la de mi abuelo, que falleció hace aproximadamente diez años, cuando recién estaba comenzando la secundaria. Corté la mayor parte de la grabación, porque según mis cálculos el sonido se reproduce alrededor de a las tres de mañana.”

A continuación, sólo se oía estática, era como si un sonido blanco hubiese sido gravado sobre el casete, pero luego de unos treinta segundos los ojos de Emmanuel se llenaron de lágrimas, su cuerpo se estremeció y su garganta se cerró tanto que no pudo tragar la saliva que se había acumulado en su paladar.

“Jesús”, se oyó fuerte y claro y si, era la voz de su abuelo. El bibliotecario lo veía desde el otro extremo del salón, prestándole atención a los detalles. Emmanuel por inercia, sin saber porque, sacó la cinta que él grabó en la noche anterior, la puso y comenzó a oír, la adelantó de apoco a lo largo de una hora, escuchando como la estática se desenvolvía en sus oídos a través del auricular, hasta que de pronto oyó algo, casi imperceptible por la velocidad a la que se movían los motorcitos del interior del walkman. Lo retrasó, apretó el botón para reproducir el sonido y escuchó…

 “Emmanuel” …, pero esta vez no era de la voz de su abuelo, era la voz de su hermano. El impacto al oírlo fue tan grande que brincó de su silla y cayó de espaldas. Se reincorporó lo más rápido que pudo. Tomó sus cosas, el libro y se marchó bajo la mirada acusadora del bibliotecario…

Continuará…

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