La gente sombra | Cuarta Parte

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Emmanuel caminaba de regreso a su casa triste, asustado y acongojado, “¿qué mierda fue lo que escuche? ¿Fue la voz de mi hermano? ¿Estoy por descubrir que hay vida después de la muerte?”. Pensaba mientras el sol de la mañana se alzaba sobre la punta de los edificios.

“¿En qué te metiste Jesús? O mejor dicho, ¿en qué me metiste?”, seguían sus pensamientos.

No podía pensar todo se volvía difuso y nebuloso, era como caminar en medio de una tormenta de nieve en el medio del desierto del Sahara, no tenía sentido.

“¿Qué hay en la casa?” Pensaba mientras su nerviosismo subía y subía como la demencia de un loco confinado.

“Me estoy volviendo loco” se dijo a si mismo mientras frotaba sus manos “esto no puede ser real”.

Llegó a su casa y Fito, su perro, dormía plácidamente en un rincón de la cocina. Se sentó sobre la mesa, de frente a la única ventana del departamento que daba a la calle, y volvió a escuchar la grabación.

“Emmanuel” oyó fuerte y claro, no cabían dudas, era la voz de su hermano desaparecido. La escuchó más de mil veces y sentía como el nudo que nació en su garganta bajaba hasta su estómago y este último se descomponía. Las lágrimas se desprendían de sus ojos y los pies parecían alejarse lentamente del piso.

Tragó saliva, sacó el libro de leyendas urbanas y leyó el primer cuento: “La gente Sombra”, lo que más le asustó, aparte de lo escabroso de la historia, era que parecía que el antagonista la había escrito en forma de fábula de terror.

El cuento dictaba algo así…

“Nos escondemos entre sombras y nos movemos con sigilo, nunca nos ves hasta que ya es demasiado tarde, cómo aquel chico, que vivía sólo con su perro, pobre, pobrecito. Creyó poder atraparnos, creyó poder grabarnos, creyó estar a salvo, sin embargo, estaba muy equivocado…”

Emmanuel tuvo que detenerse, pues encontró la similitud de lo que leía con lo que le pasó nada su hermano. —No puede ser— murmuró asustado mientras se despeinaba—. ¿Qué mierda está pasando? — dijo a la nada y luego de tranquilizarse siguió leyendo.

Muchos lo han intentado, vaya sin fueron muchos, pero nunca han podido ni podrán, y ahora vienen por TI…

Sintió la última palabra como una amenaza, su vista se nublaba y el silencio extremo reinaba en el departamento, hasta que Fito se levantó de un salto, cómo si alguien lo hubiese pateado, y ladró tan fuerte que Emmanuel cayó de espaldas sobre la mesa. La escena fue similar a cuando un trueno rompe la tranquilidad nocturna.

Estando recostado sobre la mesa, Emmanuel veía el techo y con el rabillo del ojo vio que una sombra se precipitaba sobre el perro. Se movió rápidamente y tomó al can, que lo mordió en el antebrazo. Soportó el dolor, corrió hasta la habitación y se encerró en ella con el perro. Luego de varias horas se atrevió a salir, se aproximó a la cocina con Fito muy de cerca, cuando llegó a la mesa notó que el libro ya no estaba, que aparentemente el walkman sé le había caído y que terminó grabando todos los sonidos transcurridos durante las últimas horas…

Continuará…