Lugares en Mendoza que no fueron

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La calle Corrientes Mendocina

Sobre calle Lavalle, en solo un par de cuadras, que iban desde San Martín hasta La Rioja, teníamos al Cine Gran Rex, el Cine Teatro Lavalle y el Cine Universidad (ex Cine Cóndor) como polos aptos para todo público y las salas Porky’s para un selecto grupo de onanistas impúdicos. Ahí nomás, a la vuelta, sobre Buenos Aires teníamos al “Cine Buenos Aires” y el “Ópera”. Igual que en la calle Corrientes de Buenos Aires habían pizzerías aporteñadas, como Carpi y Trento (aún en pié), fichines, galerías, bares y cafés arrabaleros y mucho esplendor. Ahí había arte, cine, teatro y mucha cultura.

Hoy es un rejunte de casas de ropa de segunda, tristes elefantes destripados que hacen las veces de frías playa de estacionamiento y locales comerciales de baratijas importadas.

El San Telmo cuyano

Tres o cuatro cuadras de bares under, de precios módicos, buena música, aire tanguero y de rock nacional, plagado de carolinos que le dan un ambiente paisajístico urbano-forestal, mucho adoquín y personajes pintorescos vendiendo artesanías y flores, no lograron iluminarse ante la frivolidad de las mueblerías, las agencias de autos y las casas de repuestos y materiales para la construcción.

Hoy La Alameda es una calle oscura, sin mística, con menos arrabal que un aeropuerto y tapiada en caca de paloma y olor a aceite grasiento de casa de comida rápida.

El hippiesmo chic de MDZ

Un grupo de arquitectos excéntricos, políticos innovadores, comerciantes jugados e inversores arriesgados quisieron hacer en el Barrio Bombal una especie de “Palermo Soho” (plagio del famoso Soho de Manhattan) denominando la zona como “Bombal Soho”. Abrieron varios bares “chic”, modernosos, con propuestas gastronómicas jugadas y orientados a un público distendido, bien acomodado, con plástico familiar y viajes al exterior.

Fracasó rotundamente, culpa de su paupérrima campaña de difusión y su escasísima convocatoria. Hoy es un lugar incómodo para todos; para los vecinos que les rompieron la tranquilidad del barrio, para los comerciantes que la reman en dulce de leche y para los clientes que no saben dónde carajos están.

La Ibiza Andina

La infraestructura estaba orientada para ser 8 kilómetros de pura joda, baile, gente caminando, bares y lógicamente mega boliches. La zona de “los boliches de chacras” comienza con uno ubicado en una pequeña montaña (Ahora Nikki, antes 9 Reinas, antes Voodoo, antes etc) y termina en un pseudo templo griego llamado “Olimpo”. Una calle amplia, muchas opciones, un lugar para cada estrato social, onda para todos los gustos, de fácil acceso, egreso y control. La zona ideal para concentrar toda la diversión nocturna en un solo lugar.

Pero no… salvo por dos o tres opciones, esos 8 kilómetros parecen Chernobyl. Edificios abandonados, lugares clausurados, zonas oscuras y peligrosas y glorias del pasado venidas a menos son las opacas estrellas que aún le dan algo de lúgubre color a la zona.

Disney con zonda

Un parque de diversiones con cientos de juegos, una pileta enorme, un camping verde, una alfombra mágica gigantesca, una pista de karting, una iglesia faraónica, infraestructura para boliches y bares, un mirador, posibilidad de abrir bares escondidos, paisaje montañés todo a escasos minutos del corazón de Mendoza podría haber sido una especie de Walt Disney Menduco, con espacio para niños y grandes, para fieles e infieles, para todas las edades.

Hoy el Challao es un páramo oxidado, como la iglesia, con estructuras peligrosas al filo del colapso, seco, descuidado, con un par de lugares fantasmas que abren y cierran misteriosamente para públicos selectos de sexualidad variopinta, venido a menos, arruinado y gris.

El primer Shopping Center del Oeste

Escaleras mecánicas, tres pisos, subsuelo con murales, un techo abovedado con colores espléndidos, una fuente en el corazón, un cine increíble en el último piso, locales con vidrieras enormes, pisos lujosos, entrada por tres calles diferentes de la ciudad, un supermercado subterráneo, un hermoso patio de comidas, una discoteca y un lugar con juegos para niños y adolescentes. No… no estoy hablando del Mendoza Plaza Shopping o del Palmares Open Mall, mucho menos de La Barraca. Estoy hablando de la galería Tonsa, el primer Shopping Center del Oeste del país.

Hoy es un tugurio de malandras que cambian dólares, disimulados en joyerías que compran oro, sastrerías viejas, sex shop’s pedorros y casas de cosas inútiles que nadie compra. Visitada por gitanos y peronistas ortodoxos con cubata y camisa desprendida a lo Leo Mattioli.

¿Porqué nos pasa esto?

Estos lugares funcionan en todo el mundo, en cualquier ciudad cultural, con gente arraigada a sus costumbres, gustosa de sus cosas, defensora de su cultura. Pero no… en Mendoza somos unos hijos de puta desapasionados del orto. No nos la jugamos por nada, vivimos criticando, quejándonos, masificándonos en lugares de moda, que pasan al olvido de un día para el otro. Porque preferimos figurar antes que disfrutar, porque vamos para que nos vean antes que para pasar un buen momento, porque pagamos pelotudeces por enlatados extranjeros y ninguneamos la gratuidad de lo cuyano, porque nos sabemos de aguante, ni de orgullo, ni de sentido de pertenencia, si valorar lo provincial. Somos caretas y tibios, beligerantes y envidiosos, no soportamos el éxito ajeno y nos fagocitamos con los fracasos. Somos cerrados y ortodoxos, despreciamos, como todo dinosaurio, el arte en cualquiera de sus expresiones, por eso “la mística”, “la tradición” y “la bohemia”, tres conceptos invaluables para que algo funcione, acá son cuestiones secundarias, preferentemente olvidables y de carácter despreciable. Por eso nada anda en el tiempo, por eso nadie acompaña, por eso todo se termina perdiendo y convirtiendo en un triste reflejo de una ciudad que no es.

No estamos y nunca estuvimos preparados para ser una gran ciudad, porque es la cultura urbana la que establece el nivel de una metrópoli y carecemos de ella, y tampoco nos cabe aceptar que seguimos siendo un pueblo, porque también despreciamos la cultura rural.

En fin… tenemos lo que tenemos porque somos lo que somos. Es triste ver cómo muchas cosas se están perdiendo.

¿Qué lugares similares recordás vos que se han perdido?

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