Trabajadores del campo: los olvidados en Mendoza

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Los feos. La parte fea. Están ahí abajo. Donde la tierra tapa hasta sus ojos. Donde los libros no te enseñan a hablar en inglés. Los “no colonizados” están allá, los vemos desde acá. Chill out y jazz, suena lejos de sus folclores, de sus cumbias y “culiados”. Los pobres, los pobrecitos, los campesinos y “professional drivers” de tractores. Los cabecita negra. Acá. Los resentidos sociales, los que se honran por andar mil horas en bici para ir a estar entre unas viñas y que los magnates de Amarok 4×4 los tapen en tierra. Esos, están acá en esta nota. Bien resentida, bien dolida, bien de adjudicarles lo malo de la sociedad a ustedes, a la parte alta.

Corazones de barro

Entramos con la lengua afilada, por la parte bruta. No podemos decir “hola” porque se nota lo “bruto”. Lo que se nota en nosotros es la falta de “ok “, “off course”, “delicatesen”… Lo mojado de la punta de nuestros dedos al repasar un libro.

Los tontos, pasan para la fuerza bruta. Los cómplices de sus negreos, de su falta de AFIP, los malos cuando hay que hacer demandas laborales si precisamos derechos. Los destructores de sus PyMEs. Los giles trabajadores.

Los corazones de barro… Duros hasta que se rompen. Ninguneados

Están ahí pero no se miran. Cabeza gacha, pidiendo disculpas. Pies y manos de hierro, rostros resquebrajados, inocencias inmaculadas, vinos tintos, y sonrisas simples.

No sirven más que para caballos. No se pueden encontrar cosas en común, ni pensar en dialogar. Son comunachos. Como lo fue su abuelo, su padre y ahora él.

Son pobres… Son ninguneados. Son un “le pago en dos días”, cuando las deudas están a la mitad del cuello. Son el postergamiento… Simples maquinitas de laburo.

Falacias

“No Aníbal, ate esa viña con alambre, o mojese las manos, sea hombre, no hay cinta este año”, “¿Solo 50 tachos? ¡Ha venido flojo!”. Que feo que te vengan a contar estos tipos de Iphones traídos por primos de USA y sucesiones de viejos que les dejaron todo, que te destruyen la facilidad de trabajo por no querer gastar unos mangos más cuando mienten a más no poder con los impuestos al valor agregado. Asco, unos ignorantes, giles de manos al bolsillo.

Miramos

¿Y ustedes ahí? ¿Qué linda vida no? ¡Qué bueno! Lograr todo. Estar en la cima. Seguramente sus problemas no van más allá de lo que el contador puede ver en sus números rojos, o que la empleada no allá traído un Finlandia.

Tal vez sus discusiones en casa sean por faltas de atención o que el jardinero no podo el ligustro del ala norte. Pero los pobres admiramos esa vida. La del sol que para ustedes sale todos los días.

Nosotros nos preocuparemos por llegar a fin de mes sin tener que comer fideos blancos, o por ver cómo hacerle el cumple de 18 al Benjamín. Eso sí: a la canasta.

Pero tal vez el día que queramos defender una postura comienzan a verse las diferencias. Nos van rebajar por nuestras topper, joggins de réplica, remeras de estampados desgastados en la primer lavada. O tal vez no, tal vez por tener la misma ropa que ustedes, pero no es más que careteos de un pobre infeliz.

Te van a rebajar por tu falta de diente alguno, por tu mal aliento, por tu pelo sucio.

Te van a rebajar por tu falta de dialecto. Por ser del campo. Por tener algún problema para decir “ómnibus, taxi, o Boulogne Sur Mer”.

Te van a maltratar por no tener un título con un diploma, y en ello querer estar charlando de igual a igual. No sos más que una mentira con inteligencia no aprobada.

Te van liquidar por todo eso. Te van a querer aplastar. Pero nunca lo van a lograr. Porque el pobre es consciente de su clase.  El pobre sabe que de pobre a rico es fácil hospedar una comodidad. Pero al revés, morirían en el primer intento.

Estamos hechos de plomo. Somos algo más que tu igual ante el universo y burrito sencillo. Somos los que aguantamos.

Se de ricos que son gente muy soluble. Excelentes seres humanos y amigos. Ser rico no te hace mejor que nadie. La vulgaridad también está en un fideicomiso o sueldo de ejecutivo.Disculpa aquellos que con un mango más siempre fueron excelentes personas. Excelentes jefes o dueños, exceptuando de una cantidad porcentual elevada de sus pares.