El mensaje de Whatsapp | Cuarta Parte

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Se encontraba muy adolorido, debido a que durmió en suelo. Durante la noche, tuvo terribles pesadillas, donde la sangre lo perseguía por toda la casa e incansablemente su teléfono no paraba de sonar. Fue cuando, varios golpes contundentes lo despertaron y lo sacaron de ese terrible mundo onírico que quería volverlo loco.

Se levantó encorvado, maldiciendo el pinchazo de dolor que subía por su espalda, y se asomó a la ventana. Entonces, vio a un hombre pequeño de rasgos muy toscos vestido con un uniforme policial.

Se imaginaba de que se trataba esa visita, sin embargo, no estaba para nada asustado; por el contrario, tenía preparada una buena historia para defenderse. Salió de su casa y se dirigió hasta donde se encontraba el oficial.

―Buen día, oficial, ¿en qué lo puedo ayudar?

― ¿Cómo le va? ―respondió el uniformado sin demostrar ningún tipo de expresión―. ¿Sería tan amable de dejarme entrar?

Leandro abrió la reja y lo dejó ingresar.

― ¿Sabe por qué he venido?

―Me lo imagino, pero dígamelo usted.

El oficial sonrió―. Primero que nada, me presento: soy el inspector Esteban Rey, de la comisaria 23. Ayer por la mañana, su suegra realizó una denuncia por la desaparición de su hija.

―Sí, pero ella no desapareció ―dijo tranquilamente, sin poder evitar desviar la visa hacia donde había estado el charco sangre―. Me abandonó, que es muy distinto.

― ¿Usted dice qué se fue?

―Sí, se marchó de la casa el domingo en la noche. Aprovechó que yo había estado tomando y se fue. Yo recién me di cuenta en la mañana siguiente.

―¿Y por qué no hizo la denuncia?

―¿Usted haría la denuncia porqué su esposa lo abandonó?

―No me responda una pregunta por otra, no sea estúpido.

―¿Esto es una declaración bajo palabra o le puedo pedir que se vaya de mí casa?

―Mire, señor, si quiere yo me voy. No tengo problema. Lo que sí, le advierto, es mejor que venga ahora, extraoficialmente, si le gusta el término, a que vengan tres oficiales y le den vuelta la casa. Porque si su esposa no aparece y no encontramos ningún rastro de su supuesta huída, usted será el principal sospechoso.

Leandro lo miraba inexpresivo, no por lo que le dio el inspector, sino porque vio una pequeña gota de sangre en el pasillo donde su esposa dejo de respirar.

―Es extraño ―prosiguió el inspector―. Es que ella, según su testimonio, se fue de la casa un domingo por la noche; resguardada con la oscuridad. Y después de dos días, que ya se ha ido: no llama a nadie, no se comunica con su familia, con su mama; que por cierto está muy preocupada y no tiene un buen concepto suyo. “Se hizo fly”, hablando mal y pronto, y usted no parece no importarle.

―Si me importa―respondió mirando la gota que crecía poco a poco― pero no puedo obligarla a estar conmigo.

El oficial miró todo alrededor―¿Puedo entrar a su habitación?

―Si no queda otra.

El inspector lo ignoró, entró en la habitación. ―¿Puedo? ―le preguntó atinando a abrir el ropero. Leandro solo asistió de mala gana.

El inspector lo abrió y después de unos segundos lo cerró. Salió de la habitación con Leandro caminando de atrás, al pasar por el pasillo esquivó el pequeño charco de sangre.

―¿No va a decir nada?

―Sí, no lo iba a hacer, pero visto y considerando que vine sin permiso se lo voy a decir. Primero: es extraño que usted lleva dos días sin abrir su local en la avenida.

―Usted cómo se sentiría si lo dejaran, tendría ganas de ir a trabajar.

El oficial solo sonrió― Segundo: No sé por qué, pero veo que sus pantalones están llenos de barro y es extraño, porque aparentemente recién se levanta. ¿Estuvo toda la noche en su casa?

Leandro titubeó con la pregunta, no se había dado cuenta de que estaba sucio.

―Y tercero, lo que me resulta más raro de todo esto, es que su esposa se fue sin llevarse nada de ropa. Pero bueno son solo suposiciones. Le voy pedir que no se vaya muy lejos, porque es probable que más tarde o mañana vuelva con más preguntas. ―El oficial le sonrió y se marchó, mientras Leandro cerraba la puerta y sentía que se quedaba sin aire.

Continuará…