Conexión: Víctimas de un par de hormonas

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Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos o sin todos
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire y la tierra
ser feliz
contigo, con tu boca,
ser feliz.
Oda al día feliz

Era jueves por la noche, la tormenta climática llamaba a mí ventana y la de emociones a mi mente, las luces apagadas, las cortinas cerradas, y mis ojos estrábicos, perdidos en los pensamientos de frustración que enmarañaban mi mente. Otra vez, volvía a ver mis proyectos fracasar, describiré tal frustración como el jugador allí al borde del campo, ya pisando la línea y sintiendo el aliento de la hinchada, pero no, de repente algo cambiaría el rumbo de los sucesos.

Tanto esperé por ese momento, los sacrificios, el dolor, las madrugadas y de repente como si ese obstáculo me hubiera esperado durante años allí, me tomó por sorpresa y me dio donde más me duele.

No tiene caso hablar de eso ahora, en realidad estoy aquí para contarles otra historia muy distinta, a la que procederé sin más rodeos.

Mientras mi mente daba mil vueltas sin sentido, mientras las tristezas me abrumaban los ojos, acompañada de bronca y desazón, fue entonces cuando un mensaje de texto en mi teléfono cambiaría el rumbo de mi catarsis aquella nublada y ventosa noche.

-Vengo medio goma con vos, no es que me ataje pero, tengo que medir las ganas de hablarte.

-En cierto modo si te atajas. No hay quien pida justificación a la acción, más que el propio inconsciente.No es una droga, pero sin embargo su consumo lo vivís como una adicción. Podríamos a groso modo llamarlo segregación de endorfinas y en diferentes niveles, de dopamina. Te generan esa “necesidad del no sé qué”, que cuando no está sentís la ausencia apuñalarte el vientre.

-Que loco. Como todo tiene una explicación lógica. ¿No?

-La verdad que sí. Pero es más fácil vivir ignorando. En cierto modo saber nos mata todos los días un poco más de lo habitual.

-Parece que hablamos de la zona de confort. Ya no salimos a explorar. Tenemos una especie de rechazo a juntar cicatrices aunque nos den historias para contar.

-Creo que enceguecidos por la dosis diaria de dopamina, que nos ofrecen las redes sociales, de sentirnos contacto con todos y a la vez no estarlo con nadie. De saberlo todo y a la vez nada. Nos tiene sedados.

Porque si objetiva o subjetivamente me indigna alguna situación, siento algo que me incomoda en las vísceras, creo que necesito decir algo al respecto, necesito poner mi firma en ese papel virtual, entonces corro a las redes a plasmar mi descontento de inmediato, y a medida que las reacciones y los comentarios a favor van in crescendo mi hambre de justicia se calma,y por un momento dejo de palpar esa incomodidad en el estómago, parece que todo vuelve a su lugar, ya no soy tan empático a las injusticias y el dolor ajeno, no hice nada para cambiar la realidad pero me siento de algún modo más tranquilo, esta noche apoyaré mi cabeza en mi almohada, no en la de plumas, en la que amortigua mi consciencia, que hoy, sin lugar a dudas, será más confortable.

Es la segregación de dopamina, que me tiene tranquilo y sosegado, por saber que ahora todos están al tanto de que tal o cual situación me produce descontento. Y quizás más que plasmar el descontento, o de mostrarme no tan radical, solo busco ser escuchado o visto, porque en este eterno e inmenso océano del Internet por donde navego, solo quiero ser tomado en cuenta, que alguien me escuche, parece un sueño, en el que quiero gritar y no puedo, en el que quiero correr y comienzo a flotar aún más lento, en el que quiero hacer fuerza y ningún músculo me responde. Así me siento a diario en mi zona de confort, como un paciente psiquiátrico que está tan dopado que ya no reconocería ni el impulso de salir a mojarse con la lluvia.

Entonces pienso en un niño, que grita en público y con sus amigos, para hacerse notar y escuchar, o como ese animal de cuerpo cubierto de pelo al que tanto nos parecemos, que para comunicarse al grupo se golpea el pecho y arroja hojas al aire demarcando su territorio, causando un enorme alboroto en la selva. Así siento mi aparición diaria en el mundo virtual. Entonces a fin de cuentas y después de todo, no hemos evolucionado tanto.

-Sin lugar a dudas, no podré medir mis ganas de hablarte mañana.

-No te preocupes, yo tampoco. Buenas noches.