Ocaso del paraíso

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Cuando Odoacro reclama el trono de Italia, desprecia el título imperial y lo envía a Constantinopla reconociendo a este monarca el único emperador. El título de emperador romano ya no significaba mucho, y Odoacro vencía a Rómulo Augusto, llamado despectivamente Augústulo, un niño de 15 años. No hubo en la historia un imperio más largo que el romano, y sin embargo terminó igual que todos los reinos, agónicamente.

Algo le pasa a los reyes que no pueden anticipar el fin de sus reinados. Luis XVI en Francia, Humberto II en Italia, Nicolás II en Rusia… No terminaron peleando dignamente, sino que fueron quitados del medio. Eso tal vez los diferenció de las tiranías que siempre se fueron con sangre y lucha. Pero nada pasa de un día para el otro y hay señales que anteceden a la catástrofe, y que generalmente los protagonistas no ven. O no quieren ver.

Eduardo VIII, el rey Eduardo VIII, no llegó a reinar un año. Abdicó antes por su relación con Wallis Simpson, una mujer norteamericana y divorciada. Estoy convencido de que el reinado de este incompetente (como lo demostró el resto de su vida) habría sido un desastre, pero Eduardito algo valioso le estaba dejando a la corona: el aviso de que los tiempos estaban cambiando. Señales. Cuando el poder se acostumbra a gobernar, descuida la autoridad. Después vendrían otros escándalos innecesarios que fueron brutales alarmas como la vida de Lady Di, o el pacato príncipe Carlos, que tiene mil años y sigue siendo un príncipe a la sombra de su mamá, las ostentosas andanzas de sus hijos…, hasta hoy.

Hoy los ingleses se escandalizaron y comenzaron una gran discusión porque Meghan Markle, actriz americana de series, mujer del príncipe Harris y ahora duquesa de Sussex, cerró la puerta del auto. Sí, porque cerró la puerta del auto.

 

No cerró la puerta del auto de una patadita, o con el culo, la cerró de una manera muy elegante, muy sobria. Si vamos al rey Eduardo VIII, el escándalo era comprensible, no tanto por el divorcio de la mujer, algo que en Estados Unidos era más común, sino porque ¡era americana! Hoy tenemos en Holanda una reina argentina, pero el reino holandés es un reino muy prolijo, y precisamente sabe cómo aggiornarse. Pasó medio siglo de ese breve reinado inglés y la corona holandesa se adapta a los tiempos. Es un reinado contemporáneo. Así y todo cualquier monarquía está en discusión, pero en Holanda es por una cuestión de gastos y política.

En Inglaterra el revuelo por la puerta de Meghan Markel, impecable mujer en presencia y actitudes respetuosas, está dando una fuerte señal. Los ingleses no evalúan a la corona por su política. La están mirando en asuntos tan frívolos y ridículos que generan risa en el mundo. Al igual que aquel Augústulo que, con 15 años, entregó el imperio de todos los romanos a manos de un general que, con notorio desprecio, regaló la corona.