El Zoológico | Parte 1

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Debía tratarse de una enfermedad natural…Aunque resultaba imposible conjeturar qué clase de enfermedad producía aquellos terribles resultados.
“El color surgido del espacio”
Howard Phillips Lovecraft

I

-…Estamos rodeados, no tenemos salvación…Por lo menos les daremos pelea, aunque tengamos todas las de perder… No sé si este viejo rifle Winchester hará mella en esos seres abominables e impensados, pero no me queda otra opción que probar… Está anocheciendo y sé que están cerca, han sitiado este rancho en el cual nos hemos refugiado los pocos que sobrevivimos … Puedo ver sus siluetas recortadas por los colores del atardecer… Se están preparando para atacar, lo noto en sus movimientos de animales agazapados…. Nos doblan en número…

… Vengo escapando desde la ciudad, como muchos otros pensé que si me alejaba de la urbe tendría la posibilidad de subsistir a la locura, pero no fue así… El paroxismo de violencia es igual o peor que en el núcleo urbano… No sé cómo empezó todo esto, lo único que sé es que es un delirio… Debo concentrarme, estar atento y no dormirme porque eso sería la muerte segura y no quiero morir… De todas maneras como soy una persona práctica anoté mi nombre en un papel, por si fenezco y alguien encuentra mi cadáver y se le da por darme una digna sepultura: Mario Vallejo dice el escrito, tal es mi nombre…-

II

Ugg estaba cansado de tanto viaje, no acababa de llegar de uno que ya había recibido la orden de hacer otro, éste un poco más largo.

Debería de llevar la nave a mantenimiento y pasar por el Dispensario Espacial para que le dieran otra dosis de Vaccinum (ésta era una vacuna que anulaba cualquier clase de virus, de la clase que fuese, y que debía ser colocada en cada travesía).

La Federación Interespacial era muy rigurosa con las normas. Nadie, de ninguna especie, podía viajar por el espacio sin su dosis de Vaccinum  ya que podía existir el riesgo de una epidemia causada por el contacto de una especie con otra.

Era fundamental cumplir con esa regla para la coexistencia entre diferentes civilizaciones, por eso existía un estricto control sanitario de migraciones.

A Ugg todo lo anterior le importaba poco, lo único que quería era llevar la carga a la base que estaba en la Luna del tercer planeta desde el sol. Estaba acostumbrado a las travesías largas y tediosas. Pero estaba cansado, quería ver a su familia en los anillos de Saturno, su hogar.

Llevó su nave para estibar la carga.

Se inyectaría el Vaccinum luego de una pequeña siesta. Sus gigantescos ojos negros se cerraban por el sueño. Acomodó su largo cuerpo gris en la litera de su camarote.

Cuando despertó ya era tarde, no tenía tiempo para ir hasta el Dispensario Espacial. Debía partir.

En ese momento rompió el precepto más importante: viajaría sin su dosis de Vaccinum.

III

-…Enciendo el último cigarrillo que me queda, me gustaría escuchar a Marta retándome por fumar, pero no sé dónde está, la última vez que la vi fue cuando huíamos por esa calle oscura. Detrás nuestro se escuchaban los gritos de agonía de los que no pudieron escapar. La vi corriendo delante mio cuando una de esas… esas cosas la atacó…Marta dejó escapar un grito de agonía… No me detuve, escapé hasta que mis pulmones estuvieron a punto de colapsar… Fui un cobarde, lo sé.

No sé en qué momento comenzó todo… Esos monstruos llegaron de la nada y comenzaron a atacar… Luego de perder a Marta me subí a un camión militar que huía de la masacre y llegué a este pueblo perdido – sus habitantes huyeron, dejando sus pertenencias-  Así fue como conseguí este Winchester abollado, que no sé si aun funciona…-

IV

Ugg orbitó a la Luna de ese planeta que sus nativos llamaban Tierra, esperando su turno para alunizar y dejar la carga en la base que la Federación Interespacial tenía en el lado oscuro. Pero algo falló. Los motores dejaron de funcionar y la fuerza gravitacional del satélite lo expulsó, sin que Ugg pudiese controlarla. Había perdido el control total de su nave.

La nave gris aluminio tomó rumbo de colisión con la Tierra.

Al entrar en la atmósfera fue vista como una estrella fuga y alguien pidió un deseo.

Ugg intentaba encontrar un lugar idóneo para el aterrizaje forzoso, sus largos dedos grises pulsaban sin parar las pantallas táctiles del panel de control.

Un lugar entre montañas le pareció una buena opción. Los picos montañosos pasaban a su lado a toda velocidad. Entonces la nave golpeó contra algo y fue lo último que Ugg vio.

V

-… Mis compañeros están aterrorizados, los conocí durante la huida y nos pareció una buena idea aunar fuerzas y darnos compañía… Cuando llegamos al pueblo abandonado revisamos todas las casas para procurarnos de cosas que nos pudiesen servir – ahí encontré el rifle – Luego nos adentramos en campo abierto y encontramos esta tapera… Luego llegaron ellos y nos refugiamos.

Los veo como están escondidos en la oscuridad, todavía no entiendo por qué no nos atacan, los he visto hacerlo y no sienten temor y son sanguinarios… Decido acelerar un poco las cosas y de paso ver si el arma que me conseguí sirve de algo… La salida de la Luna llena me ayuda, bajo su luz le apunto a uno que está cerca y disparo… El ser da un chillido y cae al piso…Una inmensa alegría me invade… Entonces ellos esos seres monstruosos atacan…-

VI

Ugg despertó adolorido. Aunque su nave estaba destruida, la cabina de mando había soportado el accidente. Se levantó y se puso un equipo para respirar el nitrógeno que necesitaba para vivir.

Salió al exterior. La gravedad, diferente a la que estaba acostumbrado, hizo que sintiera su cuerpo más liviano y ágil.

Nunca había estado en ese planeta. El paisaje le pareció desolador, debía encontrar un lugar en donde guarecerse hasta que vinieran a rescatarlo.

Le puso una capa de invisibilidad a los restos de su transporte. Decidió subir por una ladera. Cuando llegó a la cima vio que estaba cerca de una gran ciudad, las luces de su alumbrado y sus edificios llegaban hasta el horizonte. Se sentó en el suelo y se puso a mirar el panorama. Estaba ensimismado, pensando en cuanto se demoraría la nave de rescate. Un ruido lo sacó de su ensueño.

Era un ser humano que lo miraba con ojos desorbitados por el terror. Ugg no podía permitir que lo descubriesen, ya tenía muchos problemas. Se acercó al asustado hombre e intentó tranquilizarlo con un gesto amistoso, sin querer le rozó el brazo.

La persona recién llegada se llamaba Walter Aroca y era un guardaparque que estaba dando una ronda de rutina por los cerros. Aroca vio en el firmamento un bólido y sintió un leve estremecimiento cuando éste se estrelló, entonces decidió ir a investigar. Fue ahí cuando descubrió sentado al ser gris, de casi dos metros de altura y unos ojos negros enormes detrás de la mascarilla que cubría su rostro.

Cuando Ugg tocó a Aroca este último sintió que algo le quemaba la piel, era un dolor espantoso que le subió rápidamente hasta su cabeza. El guardaparque se derrumbó en el piso y comenzó a convulsionar sufriendo un tormento horroroso.

Ugg no supo qué hacer cuando lo vio caer. Para su asombro, observó como la cabeza del ser humano comenzó a crecer hasta estallar. De la cavidad craneal abierta surgió el cerebro.

La masa encefálica había mutado en un ser con vida propia que podía flotar en el aire y que poseía una gran boca provista de un gigantesco colmillo.

Ugg recordó que no se había colocado su dosis de Vaccinum.

Había comenzado una epidemia espacial.