Gil que no activa, se le va la piba

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Salir con un chabón que te vuela la tanga con un solo mensajito pedorro de whatsapp no es lo que más les podría recomendar (aunque particularmente considero que no debería recomendarles un carajo, porque somos mujeres y nos gusta hacer mierda nuestra dignidad por ahí),  pero como hace mucho que no escribo para ustedes, leí algo que me gustó y “me inspiré”.

Es  que lastimosamente somos unas caídas del catre que nos pasamos la vida mendigando el amor de un mermo que jamás va a ser para nosotras. No digo que él no nos merezca ni mucho menos, ¡Vamo’ a ser honestas! No somos la última coca en el desierto… pero por ahí pasa que la compatibilidad entre ustedes se ausentó y te va a tocar malgastar noches empañando tus ojos por alguien que no nació para estar contigo.

Puede pasar que el pibe no tiene tus mismos gustos, no desea las mismas cosas que vos y por tal vez hasta no te incluye en sus proyectos. Él no tiene la culpa, ya nació afiliado a la inmadurez. El problema lo vas a tener vos si no te tomás un “avivol” a tiempo. ¡Salí de ahí campeona!

Porque ese tipo de chongos sólo sirven para garchar (si es que) y nada más. Por eso propongo que deberíamos hacer lo mismo que ellos creen que hacen con nosotras: Usarlos hasta que  estén tan gastados que cuando los dejemos, sientan que no van a poder darle algo mejor a otra. Como dice mi madre cada vez que cobro mi escaso sueldo: “exprimir cada centavo”.

¿Hoy no te querés juntar conmigo porque tenés un picadito con los vírgenes de tus amigos? ¡Perfecto! Yo me voy con las (según vos) atorrantas de mis amigas que se cagan de risa de sus novios que, mientras juegan a hacer goles, a ellas se los hacen.

Lo llamo ley de reciprocidad: si yo te doy todo y vos no me das nada, no es justo que me encuentres cada vez que quieras mojar el bizcocho. Deberían agradecernos que si se están creyendo irresistibles en este instante, se debe a que alguna vez existió una miope como vos y como yo que vimos mal y nos enganchamos con un lastre que de noche nos quiere, pero de día nos olvida, y creímos en sus mensajitos donde nos juraban amor eterno mientras ellos le hacían servicios full time a otras tantas poco afortunadas como nosotras.

Va a llegar el día en el que nos vamos a revolucionar en serio, y no, no hablo de pañuelos de ningún tipo de color. Estoy haciendo referencia a una determinada actitud, esa que hace que los hombres se den vuelta para vernos aunque llevemos puesto un camisón de algodón todo desteñido. Esa que nos vuelve cazadoras de pitos y que siempre los deja con ganas de más, con las mismas ganas con las que muchas veces nos han dejado a nosotras.

Y va a ser ahí cuando por fin ellos comprendan que alguna vez lo tuvieron todo, porque te tuvo a vos, y no lo aprovechó. No te quiso fuerte y mucho menos le hiciste falta… hasta hoy. Hasta que ese puto ego que los desborda, le golpea la entrepierna y le cuenta que ahora te lo hacen mejor, y le duele… le duele en el alma. Y es ahora bombona cuando te toca ser feliz a vos. Porque ya no tenés que preocuparte por un caído del catre que menosprecia tus sentimientos y subestima las inmensas ganas que alguna vez tuviste de verlo.

Cuando estés siendo feliz con vos misma, con otro u otros, ahí comienza tu independencia, esa que jamás debiste haber perdido.

Cuando estés tan contenta que no sepas si vives o sueñas, acordate que alguna vez hubo alguien que no te quiso y que te perdió. Entonces si se le ocurre aparecer para derrumbar tu estabilidad, vas a estar fuerte (en todos los sentidos) para responderle con todo el amor del mundo (y un poco de justicia divina) “disculpame, no tengo tu número agendado. ¿Quién sos?”.

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