En un espejo vi | Segunda Parte

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Todas las personas que se relacionaron con Julieta, a lo largo de sus dieciséis años, la conocían por varios de sus atributos. Aparte tener una belleza natural y ser muy simpática, era una muchacha muy educada e inocente, del tipo de personas que nunca se desubica, que nunca dice groserías, que busca el amor verdadero. Una muchacha que soñaba, desde muy pequeña, convertirse en escritora y enamorar al mundo con sus novelas románticas con finales felices. A todos les encantaba la compañía de Julieta, porque sabían que ella era capaz de ver el lado bueno de las personas, que se maravillaba de las cosas simples de vida y, por ese motivo, es que ella estaba rodeada de cientos de amigos. Sin embargo, todo comenzó a cambiar de forma paulatina cuando el espejo entró a su vida.

Al principio, el cambio era casi imperceptible: elevaba un poco el tono de voz, lanzaba un insulto inofensivo, que sus compañeros reían al oírlo, pues nunca la habían visto en esa situación. Su aspecto físico también comenzó verse afectado. No es que su belleza se viera opacada, si no que ya casi no dormía por las noches.

Antes de tener el espejo, después de revisar las redes sociales y chatear con sus amigos, se dormía alrededor de las dos de la mañana, pero ahora su teléfono quedaba relegado en su mesita de luz y lo miraba por horas, tanto era así que se dormía recién con las primeras luces del alba.

En las primeras ocasiones solo veía una nebulosa con unas cuantas siluetas, pero al ir pasando los días las imágenes eran cada vez nítidas y le mostraban cosas horribles, que ella no quería ver en un principio, pero que la envolvían en su oscuridad que, de cierta forma, Julieta encontraba fascinante. Ya no veía lo bueno en las personas, sino todo lo contrario. Solo le bastaba con pensar en alguien para que el espejo le enseñara sus secretos y sus miedos. Por ejemplo: una vez que dominó del todo la nebulosa, pensó en su amiga Micaela, y la vio más de una vez besarse y tener relaciones con muchos muchachos. Además, la vio hablando mal de ella. Julieta no podía oír lo que le demostraba el espejo, pero sentía la sensación de queasí lo era.

La vio seduciendo a Nicolás, el chico de que ella estaba enamorada, y la vio drogándose en una cama con un hombre veinte años mayor que ella. Su mejor amiga guardaba secretos, muy oscuros y perversos; y por primera vez en su vida, Julieta sintió asco y odio por otra persona. No podía creer todo lo que el espejo le demostraba.

También le mostró la doble vida de su padre, él tenía una amante desde hace varios años. Y su madre tampoco se quedaba atrás, le robaba plata su esposo desde hacía ya más de diez años y planeaba huir con otro hombre. El matrimonio perfecto, que ella pensó que tenían sus padres, era una mentira.

Todos tenían secretos, todos. Le causaba repulsión darse cuenta que el mundo que ella imaginaba era mentira y que todos estaban rodeados de vicios y excesos. Nada era lo que parecía ser, todos usaban una máscara falsa de moralidad y ética, pero en el fondo todos eran nada más que unos sacos vacíos, llenos de mentiras e inmundicia que no merecían vivir en este mundo. Solo ella era la luz en la oscuridad, solo ella mostraba su verdadero rostro. Y ahora que sabía los secretos de todos sus allegados, ya no podía ser la muchacha dulce, la niña buena, la que ve el vaso medio lleno. El mundo estaba contaminado y esa contaminación llegaría a ella tarde o temprano.

Entonces, tomó una decisión, mientras que el espejo le seguía mostrando más y más cosas horribles. Decidió preguntarle al espejo, “¿qué pasaría si exponía a Micaela frente a todos?”

La nebulosa pasó de un azul oscuro a un rosado intenso y Julieta sonrió al ver la imagen. Tuvo que retener la carcajada que le producía observar el resultado final. El espejo le enseñó que hacer y cómo hacerlo. El resultado final la dejo maravillada, aunque después de eso, ya no volverían a ser amigas y Nicolás la vería a ella como una mujer y no como una sombra.

Antes de guardar el espejo y dormirse una imagen apareció fugazmente, pero se mantuvo el tiempo suficiente para que Julieta pudiese grabar la imagen en su memoria visual. Un hombre alto, robusto y de barba alborotada la miraba fijamente. Se asustó un poco, sin embargo, estaba muy cansada, solo quería dormir. Creyó que se podía tratar de alguien que vio en la calle y que su imagen vino a su mente antes de dormir. Pero se equivocaba y mucho…

Continuará.

 


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