No me gusta el fútbol

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“El fútbol es popular porque la estupidez es popular” decía Borges. Y esto no lo decía por querer hacerse el “culturoso”, ya que Borges ES la cultura, sino porque realmente no le gustaba. A mí me pasa en parte lo mismo, no lo considero una estupidez, sino que no me gusta. No me gusta el fútbol y no es algo que me enorgullezca reconocer.

Considero tedioso estar frente a un televisor casi 100 minutos viendo un grupo de personas jugar a la pelota, yendo y viniendo de un lado a otro. Me cuesta horrores bancarme un partido completo, ni hablar de jugarlo. Además de que soy malísimo, resto siempre en el equipo que juego, y si bien conozco las reglas, no entiendo siquiera la dinámica del juego. No se anticipar, ni gambetear, ni dar o recibir un pase. No me puedo imaginar físicamente cómo se sobrepasa a un rival o cómo se logra llegar al arco, entre once rivales y once compañeros.

Fui una sola vez a la cancha y lo detesté. Me cagué de calor, veía mal, fue un castigo insufrible y sólo pensaba en que qué mierda hacía toda esa gente ahí cuando, de última, era mucho mejor padecer este calvario desde la comodidad del hogar, con un 50 pulgadas, birra fría, un sillón cómodo y una picada a mano.

Y eso que he tratado de obligarme a que me guste. Recuerdo un año me empeciné en realmente seguir a Boca. Me aprendí el nombre y la posición de todos los jugadores, el cuerpo técnico, estudié los torneos que había en un año y me dispuse a seguir todos los resultados, ver la evolución de los equipos rivales y quedarme los domingos viendo programas de fútbol para terminar de comprender el entorno de lo sucedido. También me compré unos botines y un equipito para ir a jugar con mis amigos al fútbol 5, me bajé el PC Fútbol a la compu y me compré el FIFA para la Play. Comencé en Enero y en Abril no soporté más.

Era una tortura fumarme un partido completo en la tele, me tiritaba el control de las ganas de hacer zapping, pensaba en la cantidad de capítulos de Padre de Familia o del Puntero me estaba perdiendo, en las historias de Ovnis del Discovery o las de la segunda guerra mundial del History, incluso cuestiones más mundanas como verle el culo a Sol Pérez o algún programa de chimentos bochornoso. Antes del Fifa prefería mil juegos más, no me bancaba ni un partido de 10 minutos, encima me cagaban a goles. Me divertía más jugar al Tetris que a esa bosta.

En la cancha duré menos, creo que fui dos veces y me harté de ser el hazmerreír de los pibes, así que le regalé los botines a mi cuñado (me los compré al pedo porque no se usan botines con tacos para las canchas de sintético) y me dejé la ropita para salir a correr canchero.

Me compré varios libros de Fontanarrosa y leí bastante de Casciari, me gustaron muchísimo sus escritos, pero no más que cualquier otra cosa de ellos dos. O sea… me copa cómo escriben, de lo que sea, de fútbol era una cosa más. Intenté escribir algunas cositas sobre el deporte del balompié, pero nada… era como obligarme a escribir pornografía (género que detesto).

Mi esposa está embarazada y, según me dijo el doctor, hay un 70% de posibilidades de que sea nene. La gente me dice “que lindo lo vas a poder llevar a la cancha” o “que lindo un nene para poder jugar a la pelota” y me agarra una angustia bárbara, porque soy de la idea de que no tenemos que hacer como nuestros viejos que nos querían imponer sus gustos, sino que tenemos que acompañar a nuestros hijos en lo que a ellos les gusta… ¿y si le gusta el fútbol? Voy a tener que llevarlo a jugar a un club, jugar a la pelota con él, comprarle camisetas y llevarlo a la cancha ¡qué horror! En fin…

Esto no tiene nada que ver con la cultura o sentirme “sofisticado”, hay otras cosas que no me gustan o que no hago para marcar esa innecesaria diferencia; no me gustan los lugares explotados de gente, no me gusta el regetón, no me gusta ir a comer a los lugares famosos, no me gustan los eventos sociales, no me gusta ir donde haya mucha gente desconocida, no me gustan las fiestas electrónicas, no me gustan los bienes fastuosos y de eso si me siento orgulloso y lo valoro o pondero. Pero no de que no me guste el fútbol.

Me encanta el entorno, el folclore, el asado previo o post partido de la selección, el salir a festejar cuando Argentina llega a los cuartos o a la semi, me gusta ver la alegría de la gente, me contagia, pero tampoco entiendo cómo el fútbol le puede cambiar el ánimo a las personas.

Este finde que pasó vi con estupor los nervios de los fanáticos, el nivel impresionante de gastadas, bullying y sobre todo el tiempo que se invierte en medirse el pito entre los rivales. Me he quedado asombrado observando el carácter de la gente, que no habla, anda mal del estómago, está tensos, idiota, mal agestada, con un nivel de stress insospechado. El país se detuvo el sábado por este tema… literalmente. Se cancelaron cumpleañitos de pendejos, se pasaron eventos, se cerraron locales… ¡impresionante! Y aún queda el partido de vuelta… no me quiero ni imaginar lo que va a ser ese día y lo que arranca hoy mismo. Éste es el único punto donde agradezco no sentir ese fervor por el fútbol, ya que en el fondo, es una angustia menos que debo cargar. Tengo amigos cuyo lunes depende de los resultados del domingo, incluso martes y miércoles. Tengo amigos que prefieren un River campeón de la libertadores a un Argentina campeón del Mundo, amigos que se han peleado a muerte con otros por cuestiones de fútbol, o que le han dejado de hablar a un familiar para siempre. Tengo amigos que lloran, que andan con cagadera, que no pueden comer, que están nerviosos y no le hablan a nadie.

En fin… no me gusta el fútbol y no me siento orgulloso por ello. No me jacto de ello porque me encantaría que me guste. Pero no.

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