El anillo | Cap 1: Vamper

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Yo pienso que cuando uno tira algo, el deber del otro es no recogerlo. Hay veces que sí, depende del corazón de ciruja que cada uno tenga, pero hoy en la vida voy dudando. La historia es más o menos así…

Estaba terminando de cursar en un instituto de capacitación laboral en Lujan de Cuyo. Hacía un curso con orientación contable y recursos humanos. Lo hacía solo los días viernes desde las 19:00 hasta las 22:00, el resto del día ayudaba a mi viejo en la construcción de un local para un comercio que luego abrimos.

Un día, mientras estaba haciendo números y estudiando en casa, tipo 10 de la mañana, mi vieja se había ido a hacer unos tramites al centro de Lujan. Aproveché y le encargué unos blocks de hojas y también que me cargara la red bus que estaba en cero. Al volver me trajo lo que le había encargado. Con los blocks me puse a plasmar un trabajo práctico que tenía que terminar para presentar esa misma tarde.

Mi vieja, además de hacer los trámites, se fue al súper a comprar unas cosas y trajo unas facturas con alta crema pastelera para tomar unos mates. Mientras estaba cebando le dije…

– Tere, ¿Me pudiste cargar la tarjeta?

– Si hijo, estuve parada una hora para cargarla- Respondió

– Buenísimo, me olvide el otro día. Estaba apurado- Contesté

– ¡Ah! Mira hijo lo que me encontré en la parada del micro.

Entonces se puso a revisar su cartera, que como la de toda mujer es infinita aparentemente. Después de casi 10 minutos apareció lo que había hallado. Un anillo. Una argolla de acero quirúrgico tamaño mediano, y levemente baqueteado por el paso del tiempo. En realidad parecía el blindaje de un ruleman.

– Vieja, yo pensaba que te habías encontrado una bolsa con guita u otra cosa, no esa basura- Exclamé

– A vos no te viene nada bien hijo. Toma es de hombre, tiene una víbora calada.

– Bueno gracias Tere, cuando salga me afano una rosa de algún cantero y te la traigo.

Me lo puse para ver que tal me quedaba. En ese momento me recorrió por el cuerpo una extraña sensación de energía, me dio un escalofrió terrible. No le di ni media bolilla, creí que me habían caído mal el mate y las facturas. Pero como no soy una persona a la que le guste lucir tales artilugios, no me lo dejé puesto, y lo puse en mi llavero. Terminé mis estudios y me fui a laburar un rato con mi viejo.

Estaba colocando la última corrida de ladrillos mientras el Pelado (mi viejo) estaba haciendo unos encofrados. En ese momento se dio cuenta del anillo que llevaba en el llavero.

– ¿Cuantas cosas más le vas a poner a ese llavero hijo? Parece el de un Guardia de Cárcel- Señaló el pelado.

– Pasa que la Tere se encontró este anillo y me lo trajo. Pero no me lo voy a poner- Respondí.

– Me parece que está roto. Está rajado en el medio- Mencionó.

– No, es un dibujo de una víbora. Mirá.

Ahí nos dimos cuenta de que no era una especie de reptil rastrero, sino un esperma. Fue tal la sorpresa que nos estuvimos cagando de la risa un buen rato. Quien lo hubiera imaginado, un “gusarapo de mipalo”. Bizarro a más no poder. Una razón más para no querer utilizarlo, imaginen la cara de la gente cuando se diera cuenta.

Seguimos con las labores de la obra, al terminar me preparé y fui a los cursos. Terminé mi jornada de estudios, al salir mis compañeros me invitaron a ir al baile. Acepté inmediatamente la invitación y, como ya estaba vestido bien sobrio tipo salida tranqui, no tenía ni medio drama.

Fuimos a la casa de uno de mis compañeros para realizar la previa y agregarle unas cuantas calorías a nuestros estómagos, yo por otra parte me tomé 30 gotitas de Hepatalgina y una Milanta como buen pibe hecho percha. A eso de la una de la mañana subimos al auto de Mauro, uno de los muchachos del instituto, el cual no dejó pasar por alto el hecho de que llevaba un anillo en mi llavero

– Che Vamper, ¿Qué haces con ese anillo en el llavero?- Señaló.

– Mi vieja se lo encontró en la calle y me lo regaló- Respondí.

– Deja de llevarlo ahí y ponetelo, se ve re facha.

– No se che, es que tiene una caladura de un esperma.

– ¡Jajajajajaja! Dale puto, ponetelo. Lo haces y te garpo la birra.

Como no soy un flaco al que le gusta que le inflen de más los kinotos, accedí y me lo puse, de inmediato volví a sentir esa especie de energía recorriendo mi cuerpo, esta vez con más fuerza y vigor, es difícil de explicar pero me encontraba sumido en un volcán de sensaciones inaplicables en cuanto me lo puse. Lo disimulé lo mejor que pude mientras arrancábamos rumbo al boliche para no hacerme acreedor de las gastadas del grupo, pero al llegar una fuerza posesiva tomó poder en mi ser. Veloz como colectivo lleno, arranque hacia la taquilla a comprar mi entrada.

– ¡Hola Bombón! ¿Vos viniste a saludarme? ¿Verdad que si?- exclamó la chica de taquilla.

– Emm, si algo así. ¿Cuánto sale la entrada?- respondí sorprendido

– No corazón, vos entras gratis- Dijo con un tono cariñosón al mismo tiempo que me daba terrible beso en la mejilla.

Pensaba en ese momento que ya había tomado demasiado durante la previa, o que tal vez confundí la Hepatalgina con ayahuasca. No me había pasado algo así desde antes que se me torciera la nariz y me aparecieran ojeras, tras lo cual soy un repelente para las mujeres. No le di bola a la situación, esperé a los muchachos y entramos. Sonaba de fondo “Alone Or Dance” en la pista, mi cuerpo comenzó a actuar casi como de manera involuntaria, ¿Estaba bailando la Mother Fucker electro que tanto me reventaba escuchar? Eso era la posta de las verdades,  pues lo estaba haciendo, bien, bastante bien, muy bien, y en mi reverenda vida jamás lo había hecho tan bien. Me dirigí a la barra con la idea de pedir mi tan adorado Cuba Libre, ¿Y qué pasó?

– Flaco, marche un Mojito a las rocas- Ordené

Entonces sentí como un “paremos el mundo que no sé dónde carajos estoy”, ¿Acaso estoy tan pelotudo?, pensaba. Sentí que alguien tocaba mi hombro y me hablaba.

– Hola bonito, ¿Qué haces tan solo en una noche tan linda?

Era una muchacha rubia, más bien terrible rubia, con un estilo bien rock, ojitos claros, muy bonita. Pero claro, era imposible que le hablara a un Cuasimodo como yo. Al lado mío había otro flaco.

– Che cabezón, creo que te hablan- Le dije.

– A ese no le hablo yo, te digo a vos papi- Intervino la rubia

– ¡Ah! Qué lindo, mira vos.

En ese momento salió de mi interior repleto de timidez una respuesta mucho mejor e involuntaria.

– Estas hecha una diosa bebe, sos muy rock hermosa

La flaca levantó su mano derecha y ya me preparaba para el cachetón que me iba a propinar, en eso veo que se acomodaba el pelo y reía de manera picara

– ¿Enserio lo decís? Yo creía que no me ibas a dar bola- Respondió la diosa griega.

– Si mi vida, sos la mujer más linda de la argentina.

– ¡Ay! ¡Sos hermoso! ¿Cómo te llamas?

– León, pero me dicen Vamper.

– ¡Wau! ¡Muy buen apodo! ¡Vení que mis amigas te quieren conocer!- indicó.

Esto ya se ponía algo raro, demasiado para mi gusto. Sin entender un pomo y sin poner muchos peros la acompañé con sus amigas.

– ¿Y quién es este bombonazo que viene con vos?- Dijo una de sus amigas.

– Les presento, él es León, pero le dicen Vamper. Es mi pareja.

Aguantaaaaaaa, ¿Que carajos pasa acá? ¿Se alinearon los astros a mi favor? No habían pasado ni cinco minutos y ya era “su pareja”. Las chicas me saludaron con un beso en la mejilla y un abrazo, muy cariñoso por cierto, y me sume a la joda. Reventé la Tarjeta de Crédito en la barra y comenzaron a pasar los tragos, encargados de regar la amistad. Mojito, Cuba Libre, Séptimo Regimiento, Fernet, Cerveza. La noche estaba pasando muy rápida, ya estábamos en esa etapa de la sintonía etílica en que todo era un descontrol, una de las amigas de la rubia me invitó a bailar arriba de la barra, la rubia echaba fuego de lo hermosa que estaba bailando al compás del cuarteto.

Ya se estaba acabando la joda, las luces comenzaron a prender y apagar en señal de “Ya se termina el baile”, atiné a saludar a las chicas a modo despedida, “ojala las vuelva a cruzar” pensaba entre mí. Pero como las cosas no son como deberían ser, ellas me frenaron…

– Vamper, no te vayas. Veinte con nosotras que la seguimos en mi casa- Dijo la rubia.

– Y no se…. Bueno

Eran las 11:00 del mediodía del sábado, desperté y me encontré con las chicas en una habitación, y cama desconocidas para mí. Botellas por todos lados, la ropa tirada tanto mía como de ellas.

– ¿Qué Carajos Paso Acá?- grité.

Continuara…

Escrito por Erik Da Vila para la sección: