Terror x 2: La finca

  •  
  •  
  •  
  • 63
  •  
  •  
    63
    Shares

N.D.R: Este relato parte desde una premisa particular en el grupo de Facebook “Mendoza Tiembla: historias de terror de Mendoza” (click para unirte). La misma costaba en subir la foto que más miedo te haya dado, la que más “me gusta” tuviera, iba a ser la elegida para dos relatos de terror, escritor por Damián Valentín y el Dr. Bomur. Acá va uno de los relatos, al final encontrarán el enlace para ir al otro:

La Finca

Varias noches despierto exaltado, llorando con mi corazón acelerado, desesperado y gritando. Pido ayuda pero es en vano, ya que vivo sólo, en una finca que está pasando el pequeño pueblo de Jocoli, en Lavalle. La misma esta a unos 13km de aquel distrito. Por más que grite nada va a escucharme, en las noches reina el silencio, como así también brilla la luna dejando ver a la inmensidad del campo, el paraíso mismo para aquellos que preferimos el silencio a el ruido escandaloso de la ciudad.

Cuando compré aquella finca los pueblerinos me miraban de manera rara, por lo que yo los comprendí ¿quién en su sano juicio compraría una finca que dejó de ser cuidada y tan alejada de la civilización? Pero ellos no sabían que yo compré aquella finca porque siempre fue el deseo de mi difunta mujer.

Al principio todo iba bien, me sentía cómodo y tranquilo. Iba al pueblo una vez a la semana a comprar los suministros y luego regresaba a mi hogar. De a poco los habitantes comenzaron a soltarse y me saludaban amablemente, otros no tanto, pero a mi me daba lo mismo. Como dije, todo iba bien… hasta que una noche un ruido me despertó. La puerta de mi casa había sido violentada de tal manera que creí que habían entrado a robarme. Rápidamente tomé mi pistola y me oculté en el armario. Esperé unos minutos y no se escuché voces ni movimientos de algún tipo. Salí del armario y para sorpresa mía no había nadie. Creí que había sido el viento pero no, ni siquiera corría una brisa. Precavido cerré la puerta y me fui a dormir con un ojo abierto y el otro cerrado.

La noche siguiente, mientras preparaba mi cena, sentí que alguien revisaba mis cosas en la habitación. Sentí cómo las puertas del placard eran violentadas. Me dirigí rápidamente para encontrar al delincuente y no había nadie, sólo una joyas de mi difunta mujer tiradas en el piso. Pensé que se le habían caído al supuesto ladrón al huir. Llamé a la policía y les comenté lo sucedido. Según me dijeron no encontraron rastro alguno de la o las personas que entraron a mi vivienda. Tuve que tomar más precauciones así que en la mañana subí a mi camioneta y me dirigí a la ciudad, a la casa de uno de mis amigos. Le comenté lo sucedido y le pedí si por favor me prestaba uno de sus perros pastores alemanes para que en las noches sea mi acompañante y alarma si alguien se acercaba a la propiedad.

Esa misma noche dejé a “Malevo” atado en un poste cerca de la puerta. Le suministré agua, abundante comida y procedí a irme a descansar. No pasaron más de las dos de la madrugada cuando el ladrido del can me despertó. Mientras me ponía algo de ropa oí el llanto y quejido del perro. Al salir me encontré con una horrible escena: el perro estaba abierto de par en par desde su cola hasta su garganta. Ver esa imagen me desesperó y comencé a disparar hacia los yuyos esperando herir a aquel hijo de puta que le hizo esa atrocidad a Malevo… pero fue en vano. Asustado y temblando llamé a la policía, no tardaron más de 10 minutos en llegar. Al observar lo que yo vomitaron debido a la manera en que estaba abierto el perro con todos sus órganos fuera del cuerpo. La policía tomó cartas en el asunto e hicieron una búsqueda más profunda, pero no encontraron nada. Esa noche montaron guardia, por lo cual me fui a descansar más “tranquilo”. Tuve una pesadilla… me vi a mi durmiendo y luego como si estuviese flotando me dirigía hacia el perro y con mi propia mano lo desgarraba de par en par, quise despertarme pero no pude, me quedé inmóvil. Quería gritar y a penas podía. Nuevamente una escena vino a mi mente: me vi todo rígido, con los ojos abiertos, desesperado por moverme, luego vi como salía de mi habitación y me dirigía al patrullero donde descansaban los uniformados. Sin abrir las puertas, atravesando el parabrisas entré el auto y les corté la garganta a ambos mientras dormían, tan fuerte fue la imagen que logré dar un grito desgarrador, recuperé mi movilidad y como pude me dirigí afuera a ver a los uniformados. Al llegar ellos estaban muertos con una herida que les atravesaba el cuello de par en par, arrodillado caí al piso y llorando le pregunte a Dios:

-¿PORQUE SEÑOR?, ¿PORQUE ME PASA ESTO A MI? ¿QUE ESTÁ PASANDO? ¡¡¡SACAME DE ESTE INFIERNO TE LO PIDO POR FAVOR MI DIOS!!!

De repente una persona se paró delante de mí, quise levantar la cabeza y ver quien era pero no pude. Fue como si alguien tomará mi cabeza con tanta fuerza que me impedía inclinarla hacia arriba. Aquella persona era obviamente una mujer, lo supe por sus pies descalzos y su vestido crema cubierto de tierra, aquella mujer sólo reía mientras yo lloraba. Hasta que me dijo:

-Pará de llorar esposo mío y reí. Reí como aquel día en que me mataste, reí como cuando me apuñalaste más de quince veces, reí como cuando me aterraste en esta finca apenas la compraste….

Sentí como me sujetó del mentón y poco a poco me fue subiendo la mirada y la vi… la vi a ella con su rostro podrido que parecía ser un mismísimo demonio, me miró con odio fijamente a los ojos mientras yo no podía creer lo que estaba sucediendo y me orinaba en mis pantalones, me puso su mano en mi boca y con una voz furiosa me dijo:

-Esposo mío la ambición por la herencia te trajo hasta aquí, compraste esta porquería gracias a lo que te dejé, pero ¿sabes qué? Está también es mi morada y cada persona que trates de traer correrá la misma suerte que corrí en tus manos y cada mañana al despertar verás mi rostro demacrado…

Esas fueron sus palabras. Hoy en día vivo solo y espanto a toda persona que trate de acercarse a mi, no tengo amigos, no tengo familia, sólo tengo un vacío que día a día me carcome mi ser, por eso tomé esta cobarde decisión pero sólo así descansaré en paz…

Está carta fue escrita por puño y letra por el mismo Fernando Rubinich. Encontrada junto a su cadáver con una herida mortal en su cuello en aparente suicidio.

 

Leer el otro relato