Nace un rival

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Ya desde 1867, con los primeros inmigrantes ingleses, se había empezado a jugar al fútbol aunque de manera amateur y amiguera. Empezaron a formarse en los barrios, clubes y escuelas de Buenos Aires y Rosario, grupos que se reunían a jugar un partido. El caso de Independiente es diferente, porque empezó allá por 1904 en una tienda de ropa ubicada en la Avenida de Mayo, llamada “A la ciudad de Londres”, una de las más conocidas en su estilo.

Resulta que los empleados de la tienda tenían ganas de jugar al fútbol y eran todos de barrios diferentes. Entonces se les ocurrió armar un equipo para jugar partidos con los empleados de otras tiendas. Se organizaron en lo que se conoció como “Club Maipú Banfield” y para ser parte había que pagar una cuota social. No tenían nada, pero había que pagar para jugar. El tema empezó complicado, porque todos pagaban pero no todos jugaban. Los de menor edad pagaban para ir a ver los partidos nada más, originando roces entre ellos. Un tal Rosendo Degiorgi, zapatero de la tienda, lideraba a los desconformes, y cual sindicalista prematuro, armó una reunión en el bar de la esquina junto con los demás aportantes no jugadores.

Conociendo el disgusto de los muchachos, dos clubes recién formados les ofrecieron lugar para jugar, ya que estaban armando equipos. Pero ellos se mantuvieron en la línea que los tenía enojados y de esa reunión salieron con la decisión tomada. Se independizaron de “Maipú Banfield” con el nombre “Independiente Football Club” para que quedara clarito. Obviamente Degiorgi estaba a la cabeza, de zapatero pasó a presidente nada más que por poner su casa como lugar de reuniones (primera sede del club) y el aliento separatista de los opresores.

Evidentemente faltaba un secretario, porque el acta de esa reunión independentista de agosto, no fue conservada y hubo que llamar a asamblea de socios para firmar la que hasta el día de hoy se mantiene como el Acta Constitutiva del Club Atlético Independiente. ¿Qué día fijaron? El 1 de enero. Sí, así se aguafiestas como suena. Pero encima de eso, ahí empezó el mote de “amargos”, porque a esa reunión fueron los tres que estaban en estado presentable después de la juerga del 31 de diciembre. Así que, con mucho esfuerzo, terminaron de firmarla todos el 25 de marzo, pero quedó la fecha del 1 de enero como puntapié oficial de la entidad. En esa esquina se conservan varias placas que conmemoran aquel día.

Para marzo, Degiorgi ya había tirado la toalla y el nuevo presidente, Arístides Langone, empezó con la incómoda tarea de convocar jugadores, hacer más socios y cobrar las cuotas, porque no tenían ni una pelota de fútbol. Pero resulta que Langone no era nuevo en esto de fundar clubes, ya que había creado uno que se fue a la quiebra bastante rápido (Plate United BFC) y se agarró los shores, zapatillas y unas camisetas blancas a las que le cosieron el primer escudo de independiente, que no era rojo. Se trataba de una copia a un equipo escoses, y era idéntico a la bandera de aquel país.

Luego de tener pelota y ropa, el tema fue la cancha de locales. Primero fue una en Caballito, donde le ganaron al “Maipú Banfield”. Luego deambularon por varios sitios siempre dentro de la ciudad, en 1906 les ofrecieron un terreno que cambió la historia para siempre, el predio estaba en Avellaneda.

Esas eran tierras del reinado indiscutido de Racing Club. Cruzar el Riachuelo fue una osadía. Racing venía ganando todo lo que se le cruzara en una cancha desde 1904.

Allí, en Avellaneda, Independiente disputó su primer partido internacional y estrenó la camiseta roja. Por ese entonces, Atlanta los goleó 21-1, porque Langone (el presidente) era el arquero y estaba enfermo, evidentemente el suplente no atajó ni una. Tras esa goleada, Racing se agrandó (más) y pensó que sería fácil humillar al forastero. Si Atlanta les había ganado por una diferencia de 20, para Racing iba a ser un paseo. En los muros de Avellaneda empezaron a aparecer las famosas pintadas que decían 40-0, para intimidar al rival.

Lo que sucedió esa tarde del 9 de junio de 1907 en Avellaneda es conocido, y a pesar de que no era tiempo de redes ni transmisiones por radio y televisión, pasó a la historia porque Racing no era cualquier equipo.

Independiente llegó complicado hasta para conseguir jugadores. Rosendo Degiorgi (que había cedido la presidencia pero no el lugar de capitán del equipo), ante tal dificultad le propone al capitán de Racing cederle los puntos y jugar un amistoso. Obviamente el presidente del club le ordena al capitán no aceptar el trato porque la idea era ganarle al intruso para demostrar quién manda en Avellaneda. Racing tenía todo para ganarle a un Independiente humilde y sufrido. Pero como se decía ya desde esos inicios, los partidos hay que jugarlos y los puntos hay que ganarlos.

Así fue que Independiente improvisó once jugadores. En el primer tiempo, hace un gol Alberto Arregui y luego otro Jacinto Tagliaferro. El primer tiempo termina con Independiente dos goles por arriba de Racing, que empató rápidamente al iniciar el segundo tiempo. Llegados al minuto cuarenta y dos, casi por finalizar, un jugador de independiente apellidado Pomarini, produce un desborde por derecha y tira un centro por atrás que recoge Degiorgi. La pelota se le escapa un poquito pero da la mediavuelta y mete el gol. El partido terminó 3-2 a favor de Independiente y fue el inicio del infierno avellanedense, el nacimiento de ese primer clásico del fútbol argentino que se jugó ahí, entre Alsina y el ferrocarril Roca. Un partido que dividió aguas.

Independiente se instaló en el predio de “La Crucecita”, estadio en el que ambos equipos jugaron el primer clásico de la época profesional. Años después ese estadio con tribuna de madera, se incendió y no fue reconstruido. Volvieron las idas y vueltas por una cancha, hasta que llegó el terreno de seis hectáreas entre Alsina y Cordero, instalándose para siempre a trescientos metros de la cancha de Racing. Ahí empezó a nutrirse de los jugadores que Racing no captaba. Incluso la cuestión se fue al terreno social, porque en Racing jugaban los acomodados de Avellaneda, mientras que a Independiente iban los pobres. Cada clásico empezó a tener no sólo sabor a fútbol, sino que había una lucha de clases evidente en el campo de juego. Racing era el equipo que nació en su propia casa, mientras que el recién llegado tenía que hacerse de sus seguidores. Independiente, con esas primeras generaciones de hinchas obreros, fue fortaleciendo al club, tanto así que las cosas fueron tomando ese tinte infernal que llega hasta nuestros días, trasladándose a la vida cotidiana, a las calles, a los bares. Eran los señoritos de la municipalidad contra los peones, y viceversa.

El clásico le daba respiro a esa rivalidad social, tan distintos en cuanto a pasión y sentimiento pero tan necesarios para la armonía del barrio. Racing es la razón de ser de Independiente, que le dio a Racing los motivos para sostenerse en el tiempo. No importan los demás clubes. Racing le quiere ganar a Independiente, e Independiente a Racing, el campeonato es otro tema. En ese partido se juega todo. No entran los de afuera, es una mitad del barrio contra otra. Avellaneda se paraliza y la rivalidad es muy distinta a la de otros clubes distantes en lo físico. Unos pocos metros en donde se dirime todo, las broncas, los anhelos, las gastadas, los asados ente gente que no sólo está en un lado o el otro de la popular, sino que son vecinos, compañeros de trabajo, familiares, amigotes de salidas.

No sólo Avellaneda espera el clásico. Es un encuentro nacional pero con aroma de barrio, en donde todos se miran de reojo y portar una camiseta es para corajudos.

Ambos equipos han protagonizado encuentros memorables para unos y otros. Cómo olvidar el tercer partido del Apertura en 1998, en el que Racing de visitante le estaba dando una clase de fútbol a Independiente. Con el Chelo Delgado, Matute Morales, el Mago Capria y Diego Latorre en su mejor momento, venía ganando la albiceleste hasta que a los treinta y nueve minutos del primer tiempo… se cortó la luz. ¡Se cortó la luz! El árbitro suspendió el partido, que finalmente se jugó ( los seis minutos más el adicional), unos días después (de día), y terminó ganando Racing 3-1. El inolvidable de Independiente sin duda es aquel en el que se consagró campeón en el ´83, ganándole de local a un Racing que, ya en el partido anterior del campeonato jugado contra Racing de Córdoba, había descendido a la B. Metieron campeonato, ganaron el clásico y Racing descendió. Triplete que no les duró mucho y ese año sin clásico demostró que se necesitan, que Avellaneda respira en ese partido. Ricardo Bochini diría sobre ese hecho: “Yo lo que quería era salir campeón y después se dio que Racing se fue al descenso. Para los hinchas fue completo, pero nosotros lo que queríamos era ganar el campeonato, no que Racing se fuera la descenso”. Ese día, por extraño que parezca, nacieron más hinchas de Racing que de Independiente, por una compasión angustiosa para con padres y abuelos que lloraban una historia tan lejana a aquel soñado 40-0.

Independiente también pasó por el descenso, derrotado ante San Lorenzo el 15 de junio de 2015 y seguramente es un partido que, si pudieran, quitarían de su historia, con ataúdes embanderados en rojo por las calles y tribunas, con un Racing que se desquitaba lo vivido tantos años antes.

Pero así es el fútbol, uno gana y otro pierde. El empate deja ese sabor a pan sin levadura, como en el 2001, cuando Rocha anotó para Racing el empate. Según las palabras de un rojo famoso, Eduardo Sacheri, “es un clásico que duele”, sobre todo porque ese año (encima) Racing salió campeón después de 35 sufridos años para los hinchas de La Academia. Todavía recuerdo las lágrimas, los cantos, los festejos en todo el país que habían empatizado con esos hinchas fieles hasta la muerte que sólo esperaban ver a La Academia campeón una vez más. Ese día Racing batió su propio récord: es el único equipo argentino que ha llenado dos estadios al mismo tiempo, el de Vélez y el propio “cilindro” con una pantalla enorme y las tribunas y el campo repletos de hinchas.

Sin duda, el mejor clásico fue aquel en el que Racing eliminó a Independiente de la Supercopa 1992, en octavos de final con un gol (haciendo su propia versión de “la mano de Dios”) ejecutado por el Turco García. Ese fue para la amargura del diablo.

La alegría más cercana en el tiempo para Independiente, sin dudar fue el partido del 13 de diciembre de 2017 contra Flamingo, nada menos que en el Maracaná. Ese día Independiente era Argentina, como sucedió en día que Racing se alzó con la primera Copa del Mundo para el fútbol argentino contra, nada menos, el Celtic Football Club en lo que quedó para la historia como “la batalla de Montevideo”, por la violencia vivida. La previa del Maracaná ´17 también fue violenta para Independiente con disturbios en el hotel, colectivo con vidrios rotos camino al estadio, hinchas que se quedaron afuera a pesar de haber pagado su entrada y un estadio que se venía encima de hinchas locales. Con todo en contra, Independiente se llevó la copa y tuvo su “maracanazo”

Cada vez que el clásico se acerca a Avellaneda, los clubes se llenan de chicos pidiendo autógrafos a los jugadores, los periodistas se acercan a los entrenamientos, la ciudad se llena de colores. La violencia fue menguando con el tiempo y la convivencia ha superado tiempos de amenazas en las paredes, de tiroteos y peleas. Una ciudad sitiada setenta y dos horas antes. Una marea roja por un lado y albiceleste por el otro, cortan las calles. El verdadero clásico, el partido de la vida, la fiesta popular que viene del fondo de la historia, el primero, el más grande, el más esperado. Fue el primer clásico entre campeones de la copa Libertadores y el primero argentino entre campeones de la Copa Intercontinental, el primer y único clásico jugado entre campeones del mundo de Argentina antes de que dicho país alzase la Copa del Mundo.

Aquel 1 de Enero de 1905, nació el rojo rival de La Academia y, aunque La Guardia Imperial cante “amargo vos sos de Wilde, andate y no vuelvas más”, ahí estarán siempre, a trescientos metros de distancia, tan cerca y tan lejos, con la pasión en los colores de sus camisetas.

El apodo de “Rey de copas” lo discutimos en la próxima, cuando les cuente por qué Racing es “La Academia”. Por hoy, sólo Feliz cumpleaños al digno rival.