Libro en blanco | Primera Parte

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¡Lázaro, levántate y camina! Juan 11 43-44
A veces, la muerte es mejor, Stephen King, Cementerio de animales

En una casa muy vieja en el medio del campo, un hombre de veintisiete años se encontraba parado con un solo pie sobre una viga de madera a más de tres metros de altura. Un aura extraña de un color negruzco, imposible de reconocer para cualquier ser humano, envolvía la vivienda. Un olor nauseabundo, similar al del mosto sulfatado mezclado con amoniaco rodeaba toda la fachada y muchos animales, conocidos y desconocidos por el hombre, cuidaban el terreno celosamente.

El ser humano que se encontraba parado con un solo pie en la viga, parecía estar flotando a simple vista, era como si se suspendiera en el aire como un experimentado trapacista. Sin embargo, esto no era lo que llamaba más la atención en esta macabra escena, pues en sus manos sostenía un libro de gran tamaño, específicamente de cincuenta centímetros de largo, cincuenta centímetros de ancho y un lomo de por lo menos veinticinco centímetros. Lo más escabroso de este vademécum no era su inmenso tamaño, sino que parecía estar forrado con piel humana y a su vez estar entretejido con tendones y nervios. No era un porfolio común y corriente, es más, si una persona común lograba tener acceso al mismo no vería absolutamente nada en sus folios, ya que estos se encontraban en blanco. Solo un brujo con una enorme jerarquía, como lo era Hernán, era capaz de leer tan abominable ejemplar redactado por los mismos demonios en lo profundos avernos.

Hernán, tal como el libro en blanco, no era un ser humano cualquiera, era un genio; un hombre con un CI de 170, interesado en adquirir conocimiento, aunque no de la misma forma que sus colegas científicos, que se desarrollaban en las áreas de ingeniería, arquitectura o matemáticas. Él prefería sumergirse en el mundo del ocultismo. A los quince años ya había leído más de treinta veces la biblia de varias religiones, leyó el Tora, el Corán, sin embargo, su sed de conocimiento espiritual era tan grande que incursionó en el satanismo. Su primer libro lo consiguió en su biblioteca local, creyó que cuando lo terminase se le haría muy difícil conseguir más información, pero para su sorpresa, el resto de los manuscritos que estudiaba llegaban a él a través de alimañas espeluznantes como: gatos negros, cuervos, zorros y otros animales que él nunca vio, aunque gracias a los papiros y manuscritos logró conocer su naturaleza demoniaca.

Hernán no quería adquirir el conocimiento para dañar a alguien o tener mucho poder, solo quería aprender y seguir aprendiendo, hasta que su cerebro reventara y rebosara. Se volvió un maestro y un experto en las artes oscuras. Realizó varios experimentos y logró descubrir que existía el cielo, el infierno, y también pudo vislumbrar la guerra que se avecinaba, aprendió miles de hechizos, se volvió alquimista y un humano con cierta reputación en el cielo y en el infierno, tanto así que desarrollo todos los hechizos de las clavículas de Salomón. Aunque no lo ostentaba, era la persona con más poder en mundo, capaz de exorcizar a cualquier demonio y derrotar a cualquier arcángel, pues conocía sus fortalezas y debilidades.

Ya eran las tres y media de la mañana, y las auras ennegrecían cada vez más la residencia, Hernán se encontraba envuelto en moscas rojas y verdes, parecía estar siendo atacado por un panal de abejas asesinas, pero estas no lo tocaban, en verdad cuidaban que su alma no se deprendiera de su cuerpo. Sus bellos faciales, así como los de su cuerpo, se paraban y se endurecían tomando la rigidez del acero o del hielo a temperaturas árticas, sus ojos se tornaban oscuros como un cielo sin luna y sin estrellas, y una especie de vapor blanco intentaba salir de su interior. Entonces, las moscas lo envolvían con más fuerza y le ayudan a contener su alma en el interior del cuerpo. Si no fuera por ese hechizo, el alma de Hernán ya hubiese sido engullida por algún demonio hace ya mucho tiempo. La conciencia desaparecía de su mente, entonces caía lentamente en el suelo siendo escoltado por las moscas, tal cual una hoja de papel cae lentamente al piso luego de ser despedida por una suave brisa.

Pasaron tres días desde que leyó el libro blanco y por fin recuperó la conciencia, si bien su alma no corría peligro, el precio que pagaba por seguir aprendiendo era muy elevado. A pesar de ser joven, aparentaba tener cerca de cuarenta años, se lo veía desaliñado, flaco y amedrentado, su aspecto era muy similar al de un vagabundo. Sin embargo, esto no le importaba, no había precio para el conocimiento y él quería saberlo todo.

Caminó sintiendo como las articulaciones y los huesos volvían a reincorporarse en sus respectivos lugares. El dolor en la espalda era atroz, se dirigió al baño, se miró al espejo y no se sorprendió al ver que su pelo largo, casi hasta su cintura, se desprendía a mechones. Se lavó con mucho su cuidado, su piel estaba muy caliente, al entrar en contacto con las palmas de las manos podía sentir como la sangre hervía.

Volvió a la cocina, conectó su celular y se sorprendió al ver tres llamadas perdidas de su hermana, Milagros, pero aúnmás sorprendente fue ver que teníamás de treinta llamadas perdidas de mamá. Ignoró estas últimas, pues la relación con su madre era pésima y hacia casi dos meses que no hablaban. Le marcó a Milagros, después de tres intentos la joven no lo atendió.

―“Debe de estar ocupada” ―pensó sin darle importancia. Entonces inició su sesión de Facebook y lo primero que vio lo dejo sin aire, se sintió tan aturdido y tan confundido como si se hubiese despertado de un coma de más de diez años y no de tres días. En la red social había muchos mensajes de despedida y saludos para Milagros, en esos tres días que él estuvo dormido, Milagros tomó la fatídica decisión de quitarse la vida. La culpa lo envolvió más que la oscuridad que lo tomaba como prisionero cada vez que se ponía a estudiar. Llamó a Azul, su mamá, más de diez veces de camino a la única sala velatoría que hay en Junín, pero ella nunca lo atendió y cuando llegó al lugar vio que el cartel con el nombre de su hermana ya estaba siendo retirado.

Entonces,decidió ir directamente al cementerio parque: La paz de los olivos, por lógica, ese iba a ser el lugar de descanso eterno de su hermana, ya que su padre se encontraba en ese mismo lugar. Llegó al cementerio, bajo del auto llorando al ver que muchos de sus conocidos ya se estaban yendo del lugar. Se dirigió lentamente a la tumba nueva que yacía al costado de la de su padre, y Azul se encontraba ahí, de pie al sepulcro, sosteniendo una rosa en la mano y tratando de mantener el llanto.

―Por fin llegaste ―le reclamó―, pero ya es tarde. Llegaste tarde a salvarla y su propio entierro.

A pesar de su gran inteligencia no supo que responder.

―Vos fuiste a la última persona que llamó antes de matarse. ―Azul mantenía una falsa calma, por dentro deseaba estrangularlo por no haber atendido a su hermana cuando lo llamó.

―No sabía que estaba pasando por esta situación, nunca me lo hubiese imaginado ―dijo al borde del llanto.

―Si la hubieses llamado o si la hubiese ido a visitarsabrías que en estos últimos meses había estado muy deprimida.Estabas enemistado conmigo, no con ella. Ahora es tarde para todo. ―Azul se volteó, dejó la rosa en el suelo; le dio la espalda la única persona que aún quedaba viva de sus años más felices y se marchó. Sin embargo, se detuvo un segundo y le dijo sin volverse:

―Ya no sos más mi hijo, en lo que a mi concierne ayer me quedé sin familia.

Hernán cayó arrodillado sobre la tierra reciénremovida, adonde habían dejado depositada a Milagros.

―Espero que con esto dejes de leer esos libros de mierda que te alejaron de todo el mundo. Chau, Hernán, espero no volver a verte nunca más.

―Perdóname―le dijo exhalando un último aliento que, a su vez intentaba reprimir un llanto devastador.

―Pedile perdón a ella por haberla abandonado y por no estar cuando mas te necesitó. ―Azul retomó su camino y dejó a su hijo arrodillado en el suelo con un cúmulo de nubesjuntándose sobre su cabeza. Estuvo llorando en silencio durante quince minutos, intentando ordenar sus ideas y sus sentimientos.

―Esto no se va a quedar así―dijo en voz baja ―.No, no va a quedarasí. ―Limpió sus lágrimas y se levantó, pensando en que esa noche no dormiría porque tendría mucho trabajo.

Continuará…


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