Mis vecinos

Salí a fumar al mediodía y me corrí hacia la entrada del auto para ver los jazmines. Mi vecina estaba arreglándoles un canterito para que no se les lave la tierra con las lluvias. Cuando llegué se asustó a pesar de que tenía la música fuerte y nos empezamos a reír. Hablamos un rato de las plantas, de algunos escombros para retirar, del portón que no cierra, hasta que mencioné que el vecino me había comentado que iba a llover.
—¿Quién? ¿El sicario?
—¿Cómo? No… no, Pablo, el vecino de…
—Sí, sí, el de enfrente.
—Sí.
—El sicario.
—Pero ¿cómo el sicario…?
—Es sicario.
—Pero Pablo es jubilado, fue encargado en un campo…
—Eso es una pantalla. Es sicario.
—Pero si camina con las piernas torcidas del caballo, habla como un hombre de campo…
—Sí, sí, pero es sicario.
—Pero ¿cómo sabés que es sicario?
—¿No viste que tiene tres autos?
—Sí, pero el hijo…
—El hijo es maestro.
— Bueno, pero tampoco es un delito tener tres autos…
—Pero ¿cómo los mantiene? Es jubilado…
—Es que no sé…
—Se pasa todo el día lavando los autos, lavando la vereda…
—Sí, es impecable…
—¿Y la mujer? ¿Qué hace…?
—No, la mujer… este…
—Marcos, es sicario. Todo eso es una pantalla, son la familia perfecta, tiran la basura con una sonrisa, se la pasan lavando los autos… ¿No te fijaste que cada vez que salen con el auto salen de a dos o tres?
—Este… sí… sí, es verdad.
—Es porque siempre uno queda de campana.
—Pero ¿y si es narcotraficante?
—¿Y lavar tanto los autos?
—Pero si fuese sicario tampoco andaría todas las noches…
—No, es una pantalla. Nadie sospecha nada. ¿Vos sospechabas que era sicario?
—No.
—¿Ves?
—Pucha, ¿vos decís…?
—Siempre tiene una sonrisa, y es jubilado, la casa está impecable, y ¡qué linda casa…!
—Pero me dijo que la compró hace tiempo…
—Es perfecto, ese sigilo sólo te lo da años de experiencia en el rubro… Te digo que es sicario, Marcos.

Y nos quedamos los dos mirando la casa de Pablo hasta que al rato un auto estaciona en nuestra vereda. Era Laura, una amiga de mi vecina.
—¡Che, ya no hay lugar en la vereda de tu casa para estacionar!
—Es que el vecino estacionó en la puerta de casa.
—¿Quién? ¿El sicario?
Giré enseguida y la miré a Laura.
—Sí, el sicario. Seguro que no debe querer que reconozcan la casa.
—¿Tenés mate?
—Sí, vamos al jardín.

Cerraron la puerta y me quedé mirando la casa pensando en todas las veces que me vieron entrar y salir los de enfrente. Y después miré la puerta de mi vecina y suspiré. Voy a tener que tomar más recaudos con esta mujer. Eso estuvo cerca.