¿Tragar o escupir? Secretos milenarios del sexo oral

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Antes de empezar, aclaro que esta nota tiene contenido sexual explícito, lenguaje adulto y referencia cultural completamente desvinculada de cualquier prejuicio religioso, racial o sexual. No pretendo convencer a nadie de nada, ni incentivar la práctica de relaciones sexuales promiscuas. No obstante, si te considerás conservador, puritano, derechoso y moralista, el contenido que sigue es altamente sensible a tus ideologías, las cuales no juzgo pero es necesario advertirte a tiempo. Sólo voy a contar una experiencia a partir de la cuál tomé conocimiento de un grupo de mujeres del que muchos dudan su existencia, colocándolas en el plano de leyenda, y otros consideran una secta. Por lo demás, cada uno es libre de leer e investigar por su cuenta la veracidad de lo que voy a narrarles.

Había pasado ya los treinta cuando los varones de la oficina armaron una encuesta de índole sexual que debíamos responder las damas que nos animáramos a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, y hasta nos hacían jurar con las manos en alto, cuál declaración judicial. Obviamente no me iba a quedar con la intriga de qué es lo que tanto les inquietaba a mis compañeros, así que me sometí al interrogatorio. Un listado de preguntas estúpidas e infantiles de varones entre treinta y cincuenta años, ante las que, con cada respuesta femenina, se reían como bobos de dieciséis. No habrán sido más de cinco interrogaciones hasta que llegó la última, anunciada con bombos y platillos: “¿Traga o escupe?”. Al jolgorio siguió el silencio, los interrogadores se pusieron serios y expectantes. Miré de reojo a mis demás compañeros y sus gestos eran más que elocuentes. Revisé mentalmente mis experiencias, moví mi boca, me descrucé las piernas y las volví a cruzar, me mordí los labios, inspiré, erguí mi mentón y con toda la altanería que me fue posible respondí: “trago” y dejé mi boca abierta en la última letra de la palabra, seria. No hubo risas. Después de unos segundos que parecieron eternos, un par de ellos se levantó sin decir nada, otros se agarraron la cabeza y los que me habían hecho las preguntas me dieron la mano, con gesto para nada jocoso y con halo de un pudor que no supieron disimular. Gol de puntita al ángulo.

La cosa no quedó ahí porque en entre ellos había uno que me venía histeriqueando con mensajes de texto de doble sentido, guiñaditas, miradas impúdicas, roce de manos y alguna que otra “apoyadita” en la entrada o salida de alguna reunión de trabajo. Días después de aquél interrogatorio, me llamó a su oficina por el interno con una excusa laboral. Fui, me senté en la silla del escritorio frente a él, me pidió que me acercara para ver en la pantalla de la computadora algo que quería mostrarme y, cuando me levanté y me apoyé con los codos en el escritorio, mientras veía la pantalla sentí el roce de su dedo índice en mi escote. Era octubre y ya la bufanda y los pañuelos estaban bien guardados. Cerré los ojos y respiré profundo. Luego lo miré y me dijo: “¿me prometés que esto queda acá?”. Obviamente asentí y no voy a dar demasiados detalles de aquello (quizás en otra nota), pero lo traigo aquí porque lo que sucedió marcó un antes y un después en mi experiencia sexual: el sabor de su semen era distinto a todos los que había probado, no importa cuántos, importa que todos sabían más o menos igual y el de él era distinto, dulce podría decir. Muy dulce.

Hasta ese día yo desconocía que realmente podían tener diferente sabor. Y cuando digo diferente no me refiero a mínimas variaciones entre más o menos agrio, más o menos ácido, más o menos amargo. En esa línea de ácido, agrio y amargo, incluso sutilmente salado, va la media. Pero… ¿dulce?, eso sí que era nuevo. No podía confesarle esto a nadie, primero porque había prometido que no diría nada (la discreción es una virtud muy bien valuada) y segundo porque intuí que aquella última pregunta de la “encuesta” estaba vinculada a algo que apenas empezaba a vislumbrar. Es un tabú, claro está, y lo sigue siendo porque calificativos como “pete”, “negra petera”, “flaca gauchita”, o “puta chupapija”, incluso el “tiburón blanco”, evitan que se hable de esto abiertamente. No pasa sólo ahora, sino que como comprobé, Confucio (varios años antes de la era cristiana) también prohibió la felación por considerarla una práctica inmoral. Freud no había nacido obviamente, si no Confucio hubiera tenido problemas con su identidad sexual reprimida por un complejo de Edipo no resuelto.

Las Tigresas Blancas: Madame Shu

 

Me senté frente a la computadora con muchas preguntas. Empecé a investigar cómo actuaban las papilas gustativas de la lengua, en qué lugar de ella se sentía cada tipo de sabor. Luego quise saber qué decía la ciencia sobre las calidades y cualidades del semen y si entre esos estudios había alguno que incluyera el sabor, además de la viscosidad, el color, el aroma y la textura. Recordé que el olfato y el gusto están relacionados y entonces me di cuenta de que a ese semen dulce no le había sentido aroma a nada y otros sí eran intensos.  Así, buceando en las profundidades intelectuales de don Google, llegué al conocimiento de un grupo de mujeres que se hacen llamar “Tigresas Blancas”. No son cualquier grupo, son expertas en felaciones. Su fama y experticia se debe no sólo a la cantidad de semen que han probado, sino a la forma en la que conducen al varón en cuestión a ese estado de éxtasis en el cual se entregan al disfrute en la boca de esas damas y se olvidan de los otros espacios en los cuales poder verter su néctar varonil.

Las tigresas rara vez desean un coito genital, incluso en contadas ocasiones permiten que las satisfagan mediante la práctica del cunnilingus. Ellas sólo quieren que el hombre eyacule por estimulación bucal. Me pregunté en dónde estaba su propia conexión con el placer y esa fue la pregunta que le hice a una, que me permitió referirme a ella en esta nota como “Madame Shu”. Ella no habla castellano, pero se maneja muy bien en inglés y fue el idioma que utilizamos, ya que de chino yo no sé nada. No es difícil dar con ella si uno está realmente interesado en sus prácticas sexuales porque ellas no quieren que se pierdan en el tiempo y, aunque no estoy autorizada a revelar el modo por el cuál llegué, me facilitó el contacto con otras tigresas que se encuentran en occidente, previo aviso de que las contactaría. La conversación con Madame Shu fue por la vía del Skype y al verla quedé tan asombrada como con todo lo que me dijo.

Le conté inicialmente la experiencia que había tenido con el sexo oral que le practiqué a mi entonces compañero de trabajo y que mi duda inicial había sido el sabor del semen. Ella sonrió y pude ver su perfecta dentadura en el rostro oriental que carecía de maquillaje pero tenía una piel perfecta. Luego le conté todo lo que había leído y finalmente le hice la pregunta que yo consideraba más importante: Qué placer obtienen ellas al practicar la felación en forma casi diaria. Mi mente educada en una sexualidad de disfrute compartido, tenía a la felación como una práctica en dónde quién disfrutaba era sólo el hombre y la mujer se disponía a ejercer un rol activo aunque de sometimiento, con la única finalidad de estimularlo para una exitosa penetración vaginal. Nada más alejado de esa realidad para una tigresa.

Primer beneficio: rejuvenecimiento

Primero que nada, Madame Shu me aseguró que mediante la práctica de la felación rejuvenecen de diez a quince años si lo hacen con frecuencia  (una vez por semana, mínimo), debido al tipo de ejercicio al que someten los músculos de su cuello y rostro, evitando la flacidez y activando la producción de colágeno con el bombeo intensivo de sangre a las células capilares faciales. De esa manera su piel luce fresca, joven, tersa y lisa, incluso en mujeres que tienen más de setenta años. Esa es la edad de Madame Shu, para mi absoluta sorpresa, ya que no le había dado más de cuarenta. El rejuvenecimiento no sólo es externo, sino que retrasan de una manera exponencial su envejecimiento. Muchas de ellas todavía menstrúan y algunas mueren sin conocer la menopausia. La industria cosmética se cae en dos minutos con esta revelación de acceso gratuito y absolutamente igualitario. Si no me creen y no desean probar in situ, pueden ejercitarse con mate, sorbetes,  mamaderas y chupetes. No es lo mismo, pero bueno… a los fines de ejercicio facial, sirve. Eso sí, pónganle la misma onda y energía que al asunto en cuestión y si se disfrazan de bobotas, ni les cuento el éxito.

Segundo beneficio: salir del tabú para fluir

Segundo, al verse y sentirse jóvenes, encuentran en la práctica sexual un espacio de exploración casi infantil y, psicológicamente rompen el tabú de la primera infancia en donde el placer ante la succión del seno materno para alimentarse, se reprime.  Al traspasar ese límite, disfrutan de manera orgásmica el hecho de succionar, chupar y lamer. No necesitan que se lo practiquen a ellas, les basta con hacerlo. Vuelven a ese estado inconciente en dónde Freud situó el origen de la libido: la teta de la mamá… ¿Entienden chicas? No se repriman… En cuanto a los varones, ese estado de poder deísta que representa el seno materno, es trasladado a su miembro varonil y, también de manera inconciente, allí sitúan su seguridad todopoderosa. Cabe aclarar que este grupo nació como tal allá por el siglo III a.C, por lo cual nada sabían de Freud. Lo hacían porque les cabe, les gusta y lo disfrutan. Los que le buscan una explicación al fenómeno han encontrado algunas respuestas en el gran sótano oscuro que es el inconciente profundo.  Paradójicamente, esos estudiosos son occidentales, los orientales no se preguntan nada. Mientras algo no altere su estabilidad energética, lo hacen sin meditar al respecto… Fluyen como el chi.

Tercer beneficio: Juego

Tercero, al liberarse de ese tabú y manejarse sexualmente como si fuera un juego “inocente”, sin límites ni prejuicios de ningún tipo con nadie,están más conectadas con su libertad, con su deseo, con su disfrute. Acá empecé a comprender un poco, puesto que en oriente están culturalmente más vinculados a aceptar todos los procesos vitales desde un lugar de plena conciencia con su yo más primitivo, y entienden la moral desde ese lugar de respeto al cuerpo como lugar de culto, su propio templo para conectar con la divinidad a través del desbloqueo de los canales energéticos que lo atraviesan. El sexo es una herramienta más, tal como la alimentación, el sueño y la meditación, todas prácticas realizadas a partir de una conexión con su energía vital. Lo que reprimen, los enferma. Fluir es vital para trascender.

Cuarto beneficio: hábitos saludables para una buena eyaculación

Cuarto, y acá viene lo que nadie te va a decir, esa jovialidad, frescura y belleza, no sólo se deben a la felación sino a los hábitos de vida necesarios para segregar fluidos corporales de alta calidad. ¿Por qué? Resulta que esta práctica habitual se sostiene a partir no sólo de una apertura mental  que permite el flujo energético sin bloqueos de ningún tipo, sino de qué tan sabrosos sean los fluidos involucrados. Las tigresas no son gauchitas, son exigentes. La exquisitez de los flujos no es natural, sino que está íntimamente vinculada al tipo de alimentación, a la hidratación, y a la irrigación sanguínea conseguida mediante el ejercicio físico y la elongación. De seguro no sabés que el semen se forma de las proteínas disponibles en el torrente sanguíneo.  Si tu sangre está bien, tu semen estará bien. Y para que tu sangre esté bien, la calidad de la alimentación es básica. Es decir: buena comida equivale a buena sangre (no una sangre oxidada con fármacos, hormonas, químicos y drogas varias), y una buena sangre garantiza un buen semen.

¿Qué es un buen semen?

Blanco, espeso y abundante. Obviamente que las tigresas no van a estar haciendo control de calidad por amor al arte, sino que están entrenadas para saber qué tan bueno es el semen de un hombre sólo con observarlo. Madame Shu me aseguró que la ola de dietas vegana, paleolítica, vegetariana y naturista, sumada a la práctica de la meditación y las disciplinas del yoga, en occidente está relacionada con las necesidades y exigencias de los cultores de la felatio y el cunnilingus. Yo por mi lado investigué que en los bancos de semen prestan mucha atención a los hábitos de los donantes, porque saben que de eso dependen la calidad, cantidad, movilidad y supervivencia de los espermatozoides. Encontré estudios que revelan que en los últimos cincuenta años, en occidente ha disminuido notablemente la calidad del esperma debido a la mala alimentación, al estrés, a los trastornos de sueño y ni hablar de la adicción a los celulares que la mayoría de los hombres guarda en sus bolsillos. La radiación electromagnética  y el consumismo atroz están haciendo estragos en la calidad del semen, que lógicamente altera la cadena de ADN y nacerán cada vez más niños con problemas neurológicos y con capacidades cognitivas alteradas. ¿Vieron que los Z aprenden a manejar el celular antes de hablar? Bueno, son hijos de los Y. Saquen sus conclusiones.  Retomo: buenos hábitos, buen semen. Si no, por más que la tengas de veinte centímetros y se te pare en 3,2,1… es una golosina entretenida de mal sabor, pero no sirve pa´na.

Estos hábitos de vida no sólo influyen en la calidad de los fluidos genitales, sino en el sudor, las lágrimas, la saliva, los mocos, la cera de las orejas, las lagañas y hasta el sebo del cuero cabelludo. Ni hablar de la piel, tanto exterior como de las mucosas (boca, vagina y ano entre ellas), el aliento, el brillo de los ojos, del cabello y de las uñas. Por eso es que las tigresas no sólo se quedan con la observación, sino que con el intercambio de saliva en un beso, la caricia en el pelo de un hombre y el fluir de la respiración por la boca o la nariz durante un abrazo ya saben qué tan bien (o mal) puede estar el semen. De igual manera, de esto mismo puede servirse el hombre para saber qué tan suave, flexible y aromática puede encontrarse una vagina. Igual no se vuelvan paranoicos, las feromonas hacen gran parte del trabajo y no las engañan con una duchita, talco y perfume. De hecho, las Tigresas no usan productos cosméticos artificiales, fabrican sus propios jabones y perfumes con productos naturales, limpian su piel con leche de pepino,  y con la cantidad de agua que tomandiluyen cualquier intensidad en los olores de sus fluidos. Agua muchachos, agua. No fernet, ni coca, ni vino. AGUA.¿O quieren todo fácil? No sean vagos, pónganle onda ustedes también.

La lágrima de dragón: elixir de juventud

Hasta acá vamos bien, pero decidí preguntarle a Madame Shu para qué quieren un semen de buena calidad si no van a copular ni pretenden engendrar. Entonces me dio dos respuestas. En la primera me ilustró sobre lo que ellas llaman “lágrima de dragón”, que es la gota de líquido seminal que sale del miembro erecto de un hombre con las primeras contracciones ante el impulso sexual. Esa gota está llena de nutrientes como glucosa, calcio, magnesio, zinc, fósforo, sodio, vitaminas C, B12 y varias proteínas (el colágeno es la más codiciada de ellas. Sí, como todo lo que tiene colágeno, esa gota es viscosa). Además, contiene oxitocina (sí, la misma hormona que a las mujeres nos induce el parto, y nos estimula la producción de leche en la glándula mamaria. La produce la hipófisis, si el tipo está estresado… no way), serotonina (el más popular de los neurotransmisores con la función de regular el ánimo), cortisol, prolactina (antidepresivo natural) y melatonina (que mejora los tiempos del sueño). Insisto con que todo esto lo saben ahora. Las primeras de ellas actuaban por consecuencia. Notaban cómo mejoraba su estado natural femenino con las felaciones y no dudaron en ir por ahí. “¿No te habrás creído que la belleza de Cleopatra es famosa sólo porque se bañaba en el Nilo, verdad?”me preguntó Madame Shu con ironía, dándome una idea de cuántas en la antigüedad conocían esto. Pero yo no estaba pensando en Cleopatra, sino en Ricky Martin… En fin…

“Entonces realmente consideran al semen como elixir de juventud”, afirmé. “No sólo nosotras…”, dijo y pensó un momento antes de continuar. En esa pausa entendí que lo que vendría no era fácil de escuchar.  “Yo soy el camino, la verdad y la vida, el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna. ¿Te suena, cierto?”. Yo me quedé estupefacta y medité largamente sobre incluir esto en la nota. El primer prejuicio me dijo que está loca. El segundo me dijo que han sacado de contexto esa información. El tercero me dijo que no sólo sobrevivieron a Confucio, sino a todos los demás profetas y moralistas de los siglos. Finalmente, recordé lo que me hicieron jurar mis compañeros de trabajo: toda la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. Mis lectores también lo merecen. Aquí está todo para que los filtros los pongan ustedes.

Luego de procesar brevemente sobre esa última declaración de Madame Shu, indagué sobre cómo se mantenían a salvo de las enfermedades de transmisión sexual. Su respuesta fue tajante: “En nuestros orígenes no existían estos peligros, pero hemos tenido que adaptarnos a los tiempos. Un hombre sano no regala su semen a cualquiera, lo esperable es que quiera usar condón, no nos negamos pero estimulamos el miembro sin él y bebemos la primera gota. En cuanto a las enfermedades de contacto con el roce, se aprecian al tacto con la mano y se notan en el gusto de la saliva. Te aseguro, niña, que estoy absolutamente sana y llevo más de cincuenta años como Tigresa”, me dijo. La segunda respuesta que me dio Madame Shu en relación a la importancia de la calidad del semen, es que lo usan para la piel (segundo jaque a la industria cosmética).

Mi cara de asco debe haber sido notoria porque me explicó que los hombres se muestran complacidos cuando las tigresas untan su cara, cuello y senos con el semen. “¿No lo beben?”, pregunté. Ella me respondió que no es necesario hacerlo ya que con la primera gota es suficiente y el resto es notablemente más beneficioso en su uso externo. En el caso de que el hombre use preservativo, ellas lo quitan suavemente luego de la eyaculación y se muestran dispuestas a eliminarlo pero, una vez en el cuarto de baño, vacían el contenido del recipiente de látex en sus manos y de igual manera lo utilizan para la piel. “¿Y el olor?”, pregunté incrédula. “Ya sabrás que un buen semen no lo tiene…”, respondió con tranquilidad. En cuanto al tiempo que lo dejan reposar en su piel, me dijo que aproximadamente quince minutos, luego se limpian.

Con todo lo que me había dicho, tenía una idea clara de por qué Confucio las prohibió incluso antes de que existiera el catolicismo. Me contó que las Tigresas Blancas nacieron como una elite dentro de la China de Mao Tsé, los japoneses quisieron intentar su propia versión de ellas con las geishas pero no hay punto de comparación. Así, en el mundo oriental se habían extendido por doquier y Confucio, como cualquier otro líder, temía que haya algo que domine a las masas más que su propio poder. Tanto así que creó su propia vertiente filosófica y moral, separándose de Mao Tsé, quién nunca pretendió que sus enseñanzas fueran entendidas como una religión. Por eso, desde Confucio hasta hoy, las prácticas de las Tigresas Blancas están consideradas como sectarias.

¿Por qué tigresas blancas?

Porque en China el animal más poderoso es el Tigre Blanco, muy difícil de encontrar y mucho más difícil de reproducir porque la hembra necesita más de cien cópulas para preñarse, de ahí que la naturaleza la ha dotado de gran poder de seducción para encontrar todos los machos que necesita para la continuidad de su especie, amenazada de por sí por sus pocas capacidades de camuflaje para cazar y ser blanco de otros depredadores. De modo que, imitando a estas hembras felinas, las mujeres chinas que desean pertenecer a esta elite se han esmerado en la formación de sus hábitos sensuales y sexuales con el objeto de conseguir todo el semen que puedan, no con fines reproductivos sino como elixir de juventud.

¿Qué pasa con los hombres? Los Dragones de Jade

Buscando semen ellos también… No, bueno, sí…

Va en serio, aquí viene lo interesante. En virtud de la necesidad de obtener un semen de buena calidad, las tigresas blancas no le practican una felación a cualquier varón, sino a aquellos a los que se les nota la vitalidad. ¿Cómo? Tomen nota muchachos: piel rozagante, músculos tonificados, postura corporal correcta, cabello brillante. Todo eso evidencia no sólo una sana alimentación sino la práctica de ejercicio físico y suficiente hidratación. No importa si es lindo, si no es saludable, ellas saben que ese semen será imposible de saborear y las cualidades nutritivas estarán mezcladas con altos niveles de productos químicos artificiales que sabotearán su experiencia. Por el contrario, aunque el hombre no parezca bello, si es saludable no dudarán en seducirlo y estrujarlo literalmente.

Una vez que la tigresa tiene su amante, acá se pasa a un segundo nivel, y es que no todos los amantes se convierten en un “Dragón de Jade” (para seguir con la terminología oriental usada por Madame Shu). El Dragón de Jade sólo puede tener a una Tigresa Blanca como compañera sexual, pero la tigresa puede tener varios Dragones Verdes (que no son de Jade, son verdes nomás, a secas). Los Dragones Verdes son todos aquellos a los que una tigresa le practica felaciones y nada más, eventualmente le permite un cunnilingus a alguno extraordinario. Esa puede ser la antesala para pasar a ser Dragón de Jade si ella queda satisfecha, pero no es garantía de nada. El Dragón de Jade tiene otros privilegios, como disfrutar de la genitalidad, algo que ella no le permite a nadie más. No se trata de fidelidad, ni convivencia (ya que si conviven lo hacen en habitaciones separadas y la mayoría de las tigresas evitan este tipo de relación), mucho menos de matrimonio. Ellas cultivan a su cuerpo como templo divino y el exceso de una sexualidad genital, no sólo las desgasta sino que las estropea y en ocasiones hasta pueden verse lastimadas. Nada obliga a cualquier varón a convertirse en el Dragón de Jade de una Tigresa Blanca, ni a la ella a estar sólo con el elegido, sino que si encuentra uno mejor no dudará en destronar al que tiene en ese momento, que automáticamente volverá a ser un Dragón Verde. Se trata sí, de una conexión vinculada a lo extrasensorial, al placer en su máxima expresión y a una comunión de cuerpos en el mismo plano energético o de “tao”, siempre con la felación como punto de partida.

El Dragón de Jade para convertirse en tal, debe satisfacer a la tigresa con un mínimo de tres eyaculaciones en cada encuentro, algo que no es difícil de conseguir si se relaja y deja que ella actúe, podrán dar por descontado que sabe conseguir ese objetivo. ¿Cómo? La práctica del yoga les permite una gran flexibilidad, de manera que mientras succionan, masajean y lamen, hacen cosas increíbles con su cuerpo. Son etéreas, gráciles, se mueven como la seda. No suelen estar de rodillas, sino que en ocasiones se abren de piernas completamente mientras el hombre permanece parado o sentado sobre el borde de una cama o silla. Hay algunas que mientras tienen en su boca el miembro erecto de un hombre acostado, se estiran de tal manera que contorsionan su columna hasta acariciar el torso del hombre con sus pies, facilitándoles el acceso a su vagina para la estimulación manual, mientras ellas usan sus manos para estimular otros zonas erógenas del hombre. La práctica de la respiración conciente las ayuda a no desconcentrarse. No le creí a Madame Shu, así que quedé con la boca abierta cuando ella se alejó de la pantalla de la computadora para mostrarme tal postura, que consiguió en menos de un minuto.

Volví al principio de lo que me llevó a investigar sobre todo esto: el sabor de ese semen que había probado como distinto a todos los demás. Entonces caí en la cuenta de que mi compañero de trabajo no era tampoco un varón cualquiera sino un Dragón de Jade y que me había dado a probar el elixir del que disfrutan las Tigresas para que yo dejara de tragar cualquier cosa, como seguramente deben haber pensado mis demás compañeros en aquel interrogatorio. Más yo había ido más lejos de lo que imaginaba porque no es habitual que un hombre adulto use el sexo oral para algo más que un juego previo. Llegar al éxtasis en la boca de una mujer no sólo es para pocos varones, sino también para contadas féminas que están dispuestas a permitirlo. Uno de los motivos es el sabor desagradable que tiene, algo absolutamente remediable. Yo tenía la prueba de que no todos son iguales y que la piel perfecta, sin arrugas, ni manchas, ni cicatrices de varicela o acné, las manos suaves y la dermis de su miembro eréctil comparable con un terciopelo de la mejor calidad, se debían a un esmerado cuidado de hábitos y de higiene que lo hacían irresistible y delicioso a un nivel poco común. Someterlo a mi exploración bucal fue un placer en sí mismo, imposible de comparar a nada de lo conocido. Y mientras más iba sabiendo sobre las tácticas de las tigresas, más intensos se volvían los encuentros. Hasta que un día le pregunté: ¿quién es tu Tigresa Blanca? Sus ojos brillaron, su mueca seductora desnudó la sonrisa y sólo me respondió: “La estaba buscando. ¿Me permitirías probarte?”. No hizo falta aclarar cuestiones como que podría ser destronado y que yo podría seguir probando sin dar explicaciones. De hecho así sucedió y lo cambié un par de años luego porque encontré un semen mucho mejor.

Sí, un semen mejor, aunque duela muchachos. No es la billetera, ni la ropa, ni el auto, ni la cara, ni el tamaño del pene. Es el semen. Básico, primitivo, esencial.

Pueden pensar que las tigresas con unas manipuladoras, histéricas, filofálicas y egoístas. También que los dragones no existen, a pesar de que Disney se haya esmerado en ponerlos como los custodios malos de princesas buenas y Daenerys los monte como mascotas.

Por mi parte, después de conocer a las Tigresas Blancas, sólo me queda concluir que si una mujer no quiere hacer una felatio es que seguramente sabe que no está ante un ejemplar de exquisito semen y que si un varón no quiere eyacular en boca es porque la felación no lo merece. Por otro lado, si quieren una Tigresa no la busquen entre las trasnochadoras, consumidoras de hidratos de carbono y abundante cafeína o alcohol. Si la encuentran, les aseguro que no la dejarán a no ser que hallen otra de esa misma elite. Lo mismo queda para nosotras, que cuando encontramos un  Dragón de Jade, lo deleitamos con todas las maravillas sexuales y con un cuerpo que fluye manjares de diosa oriental.

Fluyan. Fin.

Nota final: si vas a tener cualquier tipo de contacto casual, con desconocidos, o por afuera de una relación estable, usá siempre preservativo para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Cuidarte es tu responsabilidad.