El diario secreto de Brenda Burke | Día 4

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Querido diario:

Hoy me sucedió algo mágico. ¡La evidencia de que ellas me escuchan! Cuando terminé de estudiar, le pedí a Paz y a Tania que me ayudaran en el examen de mañana. Traté de recordarlas con lujos de detalles, como si realmente estuvieran frente a mí. Les estaba hablando con los ojos cerrados y algo increíble sucedió cuando los volví a abrir: polvo de hadas, o de estrellas. No podría etiquetarlo con un nombre exacto. Una lluvia brillante de pequeñas partículas de luz comenzó a caer sobre mí, como un rocío luminoso, resplandeciente, que se desvanecía en el aire. ¡Eso es una gran señal! Estoy feliz. No estoy sola. Ellas están conmigo, aunque no pueda verlas como antes. Jamás volveré a dudar sobre la existencia de Fairiel. No fue un sueño. ¡Fue real! Ojalá todos tuvieran la posibilidad de conocerlo, como la tuve yo.

Por otro lado quiero contarte que he estado investigando en internet sobre la empatía y sobre lo que me sucedió con Sami en la escuela. Encontré muchas cosas interesantes, pero solo transcribiré un fragmento que me dejó boquiabierta:

“La empatía psíquica es el fenómeno de experimentar los sentimientos, emociones y dolencias de los otros. Esta empatía o capacidad por sentir lo que sienten los demás es un don psíquico, que a veces ayuda a algunos psíquicos o clarividentes para leer a las personas… Los que poseen la empatía psíquica, son capaces de mimetizarse y sentir lo que otras personas de su entorno familiar o amistoso, sienten, sin saberlo, sin tener comunicación a veces, incluso sin estar físicamente cerca; es decir, se trata de sentir a distancia; es un parpadeo de videncia, presentir…”

Empatía psíquica. Así es como la llaman. Me parece un poco fuerte la palabra “psíquica” pero tal vez tendré que acostumbrarme. He escuchado ese término antes: “¡Tu padre es psíquico!”, gritó mamá una vez cuando estaba mencionando a papá, y justo él la llamó por teléfono. ¿Lo habrá dicho en serio? ¡Tal vez soy como él!

Después de leer ese artículo de internet y mientras escribo aquí, comencé a  recordar algunas situaciones que me habían sucedido antes, parecidas a ésta, pero que las había pasado por alto, creyendo que se trataba de mi imaginación.   Cuando le conté a mis padres sobre Fairiel, pude sentir la incredulidad de mamá, y su afán por demostrarme que se trataba de un hermoso sueño, y nada más. Pero papá… con papá sentí diferente. Percibí como si mi relato le hubiera provocado nostalgia y a la vez temor. Lo había hecho reflexionar sobre algo, pero no sé en detalle qué.

Ninguno de los dos ha vuelto a sacarme el tema. Jamás volvieron a mencionar a Fairiel, como si se tratara de un tabú, o algo prohibido. Me hubiese encantado poder contar con ellos en esto, hablarles de lo que me sucede, y escuchar una palabra de aliento o una explicación. Pero tal vez tenga que acostumbrarme a arreglármelas sola y transitar este proceso como crea correcto, sin consejos, sin sugerencias… sin un abrazo, cuando extrañe aquel sitio.

Cambiando un poco de tema, he estado pensando mucho en Sami y en su problema familiar. No sé de qué se tratará pero voy a averiguarlo. Quiero ayudarla, es mi amiga. Mañana hablaré con ella.