Venezuela al desnudo

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“América Latina es ingobernable”
Simón Bolívar

Hoy se celebra en Ottawa una reunión del Grupo de Lima para tratar el tema de Venezuela luego de que Juan Guaidó se autoproclamara Presidente con el apoyo de la Asamblea Nacional y varios países, agudizando la crisis política. No es casual la fecha de reunión. Se conmemora el Día de la Dignidad Nacional, al cumplirse un aniversario más del golpe de estado (fallido) de las Fuerzas Armadas comandadas por Hugo Rafael Chávez Frías al gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez. Va a haber movilización y arenga chavista, seguro. Preparate para ver sangre y bombas por CNN.

Lo que pasó ese día lo pueden encontrar en cualquier enlace, se trató de un alzamiento armado contra las políticas liberales del gobierno, impulsadas por el FMI, principalmente la liberación del precio de los combustibles. ¿Te suena?

Bueno, prepará el mate, sentate y poné a Olga Tañón de fondo si querés, porque sabés que cuando hago informes no viene corta y este en particular tiene plus porque viví en Venezuela, no me lo contó nadie. Te voy a ilustrar el temita del jugo de dinosaurio y por qué es la punta del ovillo para la escalada chavista. Pero primero te voy a contar un poco de cómo viven los venezolanos y no es lo que te dicen en la tele.

“Lobesia… Maduro es un dictador y el pueblo venezolano se está muriendo de hambre, ¿qué decís? ¡Hay que intervenir ya y mandar ayuda humanitaria!”

Mirá, acá también decían unos que CFK era una dictadora, que la estaban esperando en Comodoro Py y que iba presa apenas saliera de la Rosada. Bueno, ahí la tenés sentada en una banca del Senado por voluntad popular. Ahora dicen otros que el dictador es Macri. Muchachos, está claro que eso de las dictaduras y las democracias es un concepto que no estudiaron bien y por eso votan como votan y después no les gusta lo que votaron. ¿Hay gente que se muere de hambre? Sí, pero no todos, no más que antes de Chávez, no más que en muchos otros países de Latinoamérica.

Así que olvidate de que alguien se meta en Venezuela a la fuerza. Eso no va a pasar porque a los supuestos invasores no les conviene, a los supuestos aliados del régimen tampoco y a los venezolanos menos. No se trata de evitar un “baño de sangre”, que lo va a haber pero por otras razones. Se trata de que las cuentas del país están quebradas, el gobierno viene pagando parte de su deuda con petróleo en vez de dólares y a sus varios acreedores no les interesa ejecutar la deuda sino seguir haciendo negocios.

Pero eso es lo de menos, creeme. La falta de diálogo, una oposición hipócrita y la imposibilidad de reconciliar a las clases sociales, desembocaron en la Venezuela de hoy, que no es otra cosa que la consecuencia de la iniquidad de los mismos venezolanos.

¿Cómo es la vaina, chamo?

Me trasladé a Venezuela luego de la crisis del 2001 en nuestro país, acompañando a mi esposo en sus obligaciones laborales. Estaba contenta, puesto que después de haber llovido balas con perdigones en el patio de mi casa, enfrente de un supermercado que estaba siendo saqueado (en Neuquén), creí que no habría algo peor. Y en verdad no lo hubo, pero lo vivido en Venezuela me hizo añorar mi país y la forma tan pasionalmente racional con la que hacemos las cosas.

No la pasé mal allá y, entre conversaciones con la gente, paseos conociendo el país y su cultura, y la escucha atenta de las cadenas nacionales de Hugo Chávez y su programa televisivo, tuve aprendizajes que me ayudaron a entender el negocio de la revolución anti-imperialista y el último auge de los populismos en América Latina, incluidos los nuestros hasta hoy, porque si pensás que Macri no es populista te aconsejo volver a repasar Historia de las ideas políticas y sociales Latinoamericanas.

La primera vista que tuve de Venezuela fue desde la ventanilla del avión y no se veía muy pintoresco. Al salir del aeropuerto nos esperaba José, un taxista bastante simpático que tenía un auto viejo, aunque no más que los otros taxis.

—¿Está lejos? —pregunté luego de veinte minutos de autopista zigzagueante entre cerros.

Al ratito, aparecían los primeros indicios de población al costado de la autopista. Yo rogaba que toda la ciudad no fuera así, y recordé los caseríos que uno ve al ingresar a Buenos Aires por autopista desde el aeroparque Jorge Newbery o al lado de la estación de Retiro, si va en micro. “No, no debe ser todo así”, dije para mis adentros. Pero ya llevábamos varios kilómetros de ese paisaje que evidenciaba cada vez mayor hacinamiento y pobreza.

—Esto es Catia —me dijo José, mirándome a través del espejo retrovisor, haciendo referencia a esa zona de edificaciones escalonadas en el “cerro”, como le llaman coloquialmente a ese conglomerado de viviendas en el costado norte de la autopista Caracas-La Guaira. No era sólo Catia, sino que cuando uno atraviesa el centro cívico y sigue de largo por la autopista hacia el este, se encuentra con Petare, otra zona de caseríos aún más grande que Catia. En el medio hay varios parajes similares en donde se encuentra la Gran Sabana, la zona de outlets y venta al mayoreo de la ciudad.

En el “cerro”, tanto en Catia como en Petare, a diario suben y bajan por sus angostas e improvisadas escaleras, miles de almas que van a trabajar a la zona alta, en donde la empresa nos había alquilado un departamento bastante mejor de lo que podríamos costearnos en Argentina. El edificio estaba en una zona llamada “Valle Arriba”. ¿Arriba de qué? Podría decirse que arriba de un cerro en el sureste de la ciudad. Pero con la primera impresión del trayecto desde el aeropuerto, me quedó claro que era arriba de los pobres. Ese es el primer contraste a simple vista, en donde los de arriba y los de abajo, lo son en todos los órdenes.

—Hay gente que nunca salió del cerro —me contó un día Xiomara, que vivía en Petare y me ayudaba con las tareas domésticas de la casa. Ante mi cara de asombro, continuó—: El cerro es profundo, después de lo que uno ve, hay más hacia atrás, y otro cerro, y otro y otro hasta El Ávila (el cerro que pone límite al norte de la ciudad).

―¿Y cómo viven? ―pregunté espontáneamente porque no podía siquiera imaginarlo.

―Pa´lante… ―respondió ella con cierto gesto de resignación.

―¿Tienen luz? ¿Y cloacas? ¿Y centro médico? ¿Y escuela?

―Ahora sí, lo hizo Chávez ―fue su respuesta contundente.

―¿Y antes de Chávez?, porque eso no se formó en diez años…

―Con Carlos Andrés Pérez estaba pasable, ¿me entiende? ―Como no entendí, agregó―: en el primer gobierno de Pérez ―y enfatizó con un dedo en alto.

Y es que el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) estuvo de maravillas con el auge petrolero de los ´70, tirando mantequilla con tocino al techo. En ese primer gobierno, Pérez nacionalizó la industria del petróleo y creó la empresa “Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima” (PDVSA). Sin embargo, cuando el precio del barril cayó, el país entró en una importante crisis para poder solventar el alto nivel de importaciones. Tuvieron que endeudarse. Las cosas no mejoraron en los ´80, ya que a la balanza comercial negativa se sumaba el alto gasto público y la creciente deuda externa. El segundo gobierno de Pérez (1989-1993) lo asumió con una economía cada vez más complicada y una tensión social en escalada efervescente. Los venezolanos creyeron que elegir a Pérez una vez más, los retornaría a los años de bonanza, pero las condiciones internacionales habían cambiado y él amoldó su plan económico a las recomendaciones del FMI. Los venezolanos se sintieron traicionados y a poco de empezar, el apoyo al gobierno cayó en picada no sólo en la población, sino entre los sectores del ejército.

―¿Nunca se te enfermó un hijo?―le pregunté a Xiomara.

―Ufff, montón. Si la verraquera se ponía arrecha tocaba bajar del cerro con el chamito en brazos y pedir la cola (hacer dedo) hasta que alguien te llevara al hospital.

Xiomara era una mujer de casi cincuenta años, alta y morena, con una sonrisa genuina a pesar de sus pocos dientes, honesta y muy trabajadora. Nunca se quiso bañar en mi casa antes de irse porque argumentaba que le hacía mal después de planchar. Prefería hacerlo en su casa con fuentones de agua que había dejado todo el día al rayo del sol para que estuvieran tibios cuando llegaba. Venía dos veces por semana, de 7 a 15. Almorzaba en casa pero rehusaba compartir la mesa con nosotros. No le insistí, entendí que no se sentía cómoda a pesar de que jamás le pedí que cocinara, nos sirviera la comida, se ocupara de la mesa, ni lavara los platos. Me contó que en otras casas en las que trabajaba nunca le habían ofrecido un baño, ni le habían convidado la comida, ni tenía espacio para sentarse a almorzar. Le permitían, si eran buenos, llevarse un tupper con algo de comida.

Traté de averiguar entre amigos venezolanos cómo era, en general, la forma en la que se relacionaban con las personas que trabajaban en su casa. Esperaba la respuesta: “A esos hay que tenerlos a raya. Les das la mano y te toman hasta el hombro. Cuídate de esa gente”, me dijo una de las vecinas.

Xiomara era pobre y también chavista. Hablé mucho con ella de lo que venía pasando en la Argentina de entonces, como vivían los pobres aquí y lo que yo pensaba de lo que veía en Venezuela. Ella fue categórica al afirmar que “los pobres siempre vamos a ser pobres.” Hice silencio y bajé la cabeza mientras me preparaba un mate que ella nunca aceptaba, le gustaba tomarse un guayoyo (café liviano) antes de irse.  “No es bueno pasar trabajo (estar desocupado), ¿sabe? Los pobres no necesitamos mucho. Alcanza con electricidad pa´ la nevera (heladera), una poceta (inodoro), un centro de salud cerca y la camionetica (micro) para ir a trabajar. Dignidad, señora. Y hay muchos a los que eso les parece demasiado. Si por ellos fuera nos matan como ratas, pero no lo hacen porque después no tienen quien les limpie.” Así, crudo, en primera persona.

El Estado venezolano ocupa más del 20% de su PBI en subsidios universales, es decir para todos. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales, como todos los de América Latina. Al principio, los colonizadores españoles se hicieron de su oro, diamantes, perlas y muchos minerales más, además del cacao, tabaco y azúcar. Luego de la independencia, con una población mayormente compuesta por etnias indígenas y africanas, el gran problema del país siempre fue la extrema pobreza. Las cosas parecía que cambiarían drásticamente en 1910, cuando se descubre que la cantidad de petróleo bajo su tierra y mar, superaba notablemente la valía de los minerales y otros productos de su agricultura. El país se convirtió en el primer exportador mundial del recurso petrolífero y su deuda externa desapareció por completo. La infraestructura del país mejoró, no así el nivel de vida de los venezolanos más pobres.

A raíz de las riquezas que generaba el petróleo, se descuidó la agricultura, la pesca, la ganadería, la industria. Como recursos financieros no le faltaban, todo lo que Venezuela necesitaba para subsistir, lo importaba. Su economía se volvió absolutamente dependiente del petróleo. Altos índices de analfabetismo y pobreza contrastaban con una creciente élite que con los ingresos del petróleo se había capitalizado en oro. La brecha de desigualdad se hizo abismal y continúa hasta hoy.

Los subsidios del Estado venezolano abarcan la electricidad, el gas, el transporte, el combustible y los alimentos de la canasta básica. Desde Chávez a la fecha, los pobres cuentan con esos servicios en el cerro, en donde además se les colocó red de agua potable, cloacas y centros de salud,  mientras los van acomodando en viviendas dignas que son gratuitas para los pobres. ¿Sabés por qué no había centro de salud en el cerro? Porque los médicos venezolanos no querían ir a trabajar allí ni aunque les pagaran fortunas, por eso llegaron los médicos cubanos. Pero enseguida te cuento lo de la salud.

Cuando Chávez intenta el primer golpe de estado, además de todo lo que te comenté y que viene desde el mismo origen del país, a esa sociedad dependiente del paternalismo petrolero, Carlos Andrés Pérez intentó sacarle los subsidios. ¿Vos creés que a ese Chávez golpista lo apoyaban sólo los pobres? Oíme: los pobres no tenían electricidad, no tenían gas, ni vehículo ¿Quiénes eran en realidad los subsidiados? No les caía simpático el golpe de Estado, pero después de meterlo preso por esa insurrección, lo indultaron. El tipo armó un partido, se presentó a elecciones y lo que sigue lo sabés. Lo votaron, ¿entendés? Tres veces lo votaron. No sólo los pobres, sino la mayoría, porque no querían que les sacaran los subsidios.

Seguro te estarás preguntando ¿cómo un país que tiene en su suelo tremenda cantidad de petróleo y sobre ese suelo a la empresa petrolera más grande del mundo extrayéndolo, está endeudado y sus habitantes pasando por penurias que reclaman una intervención humaritaria?

Bueno, verás, los subsidios generan no sólo gasto público, sino derroche en el consumo. Y no hablo de los pobres, hablo de los que pueden pagar sin necesidad de un subsidio. ¿Que no hay tanta gente que puede?

La foto que sigue es de Puerto La Cruz, estado de Anzoátegui (gobernado por el chavismo), en el interior de Venezuela.

¿Lo ves? Casas con muelle, lagos artificiales, campos de golf, restaurantes internacionales (en los que a veces costaba conseguir un bife pero había cerdo, pescados, pastas y pasapalos (tentenpiés) varios. ¿No se parece a las imágenes de CNN, no?

Lugares como este hay en todos los estados y ciudades del país. Los dueños de esas propiedades son venezolanos. Hay algunos extranjeros, lógicamente viviendo en Venezuela por trabajo.

Muy lindas las casas, pero… ¿cómo hacen para conseguir comida y medicamentos?

Ay, ay, ay… ¿Vos creés que estarían ahí si la situación fuera tan extrema como te la cuentan? Nadie les impide salir del país, te recuerdo.

Quizás más que Puerto La Cruz, me sorprendió La Trinidad. Eso es otro mundo a media hora de Caracas.

Ahí sí hay plata, mucha plata al punto que tienen el centro médico por excelencia de todo el país (al que sólo acceden los que tienen un buen seguro médico o el que puede costearse su salud en efectivo). Ahí no faltan insumos ni medicamentos, todas las áreas están equipadas, la maternidad es de primera línea.

Paremos un toque con el tema sanitario. El tema no es que no llegan medicamentos sino que los laboratorios no ceden el brazo con el régimen por el tipo de cambio. Es decir que pueden importar medicamentos al cambio oficial pero no los pueden vender al precio de dólar paralelo, entonces como no es negocio para los laboratorios, no los importan. Ah…, pero por ayuda humanitaria sí, porque ahí los compran las potencias y los mandan gratis a los necesitados pero los laboratorios no pierden plata. ¿Lógico, no? Sí, y también perverso umbral para negociar con el poder.

Los médicos de la Trinidad y de varios centros médicos privados, tienen aceitado el mecanismo para conseguir medicinas en el exterior porque allí estudiaron y mantienen sus contactos. ¡Qué buenos tipos, che! Ponele, pero no lo hacen gratis y los corruptos del régimen que están en el entongue, tampoco. ¿O pensás que son todos locos que escuchan pajaritos? No, papá. Miles de los fervientes adeptos al régimen, que también ganan en bolívares, mirá que se van a perder la changa en dólares. Sí, son unos corruptos.

Estos buenos hijos del capital venezolano graduados en el extranjero, han hecho primaria y secundaria en los colegios bilingües del país. Hay muchos, sobre todo en las zonas petroleras, por la necesidad de los expatriados norteamericanos de mantener la escolarización de sus hijos según el sistema de su país. Cuesta poco más de U$S 200 la cuota. Seguro te parece razonable. Lo que no  parece razonable es que esos colegios estén llenos si supuestamente hay tanta gente muriéndose de hambre, sin medicamentos, sin servicios básicos y ganando menos de veinte dólares al mes. Por otro lado, ¿cómo pagan el colegio americano si hay restricción en el tipo de cambio? Ya voy a eso.

Cuando fui a Maracaibo la cosa fue más parecida a lo que yo imaginaba de toda Venezuela. Una ciudad muy dinámica, casi con un nivel de vida semejante al de Caracas, asentada a la vera del lago sobre el que claramente se ven las torres petroleras poblándolo. Una vida urbana muy similar a la de Buenos Aires y en donde te tratan de “vos”.

Los maracuchos son en su mayoría empleados petroleros y defienden uno de los mayores bastiones chavistas, de esos que te paran el pozo a los tiros si el comandante lo ordena. Viven del petróleo y lo defienden como su propia alma. Hay contrarios al régimen también, y la violencia de los enfrentamientos es similar a la de la capital. Seguramente los has visto en las marchas, muy fornidos ellos, con fuerza, porte y masa muscular. Esos no están desnutridos, vale…

¡Vente pa’ ca’, mi reina!

Fue chocante ir al supermercado de jogging y zapatillas y encontrarme a una cajera arreglada como una megastar, un escote envidiable, una sonrisa hermosa enmarcada por el labial impecable y unas pestañas postizas que se veían desde los diez metros, ni hablar de los tacos que usaban.

¿Había mercadería en el supermercado? Así es. A veces faltaban algunas cosas, pero era uno o dos días, nada que no se pudiera reemplazar.

“Pero Lobesia… ¿si falta la leche, qué hacés cuando tenés niños?” Mirá, todos los productos lácteos de Venezuela se importan desde Colombia. “¡Claro, por eso no hay! ¡Están bloqueados!”, me dirás. No, no están bloqueados. Cuando hay bronca en la frontera el quilombo es por la guerrilla narco, no porque haya bloqueo comercial, así que el tema de los productos colombianos en falta no tiene nada que ver con el chavismo y no es nuevo.

Vuelvo a la cajera. Todavía no me explico cómo hacían para teclear la máquina registradora con las uñas esculpidas y pintadas como una obra de arte. La desprolija era yo, así normalita a lo mendocina, porque las otras venezolanas de la cola, sí estaban vestidas a la altura de la cajera.

Las ves por la calle a todas, absolutamente a todas (de ciudad o pueblo, profesionales o lavanderas), arregladas de pies a cabeza de acuerdo a su clase social, meneando la cadera, con implantes en sus senos, tacones y maquillaje impoluto, destilando sonrisas y miradas por doquier. Tanto así que las extranjeras nos reconocíamos entre nosotras a simple vista: chatitas, zapatillas, jeans comunes, remeritas sueltas, mínimo maquillaje, pocos accesorios y el pelo al natural.

Cuando salí del supermercado y fui a cargar gasolina, el bombero me saluda con “¿Lleno, mi reina?” Sí, lleno. No hay opción porque hay un solo tipo de combustible y es tan barato que no vale la pena cargar menos que un tanque. Cuando termina la carga me dice: “ya estás lista mi amor”. No sabía si sorpenderme más por el trato amoroso o por el precio. Había gastado más dinero en comprar una botella de salsa de tomates en el supermercado que en llenar el tanque de combustible. No es que la salsa de tomates era cara, sino que el precio de la gasolina era un chiste. ¿Cómo sé que el tomate no estaba caro? Porque salía lo mismo que un kilo de bananas y tres veces menos que un vino argentino de mala calidad, promedio un dólar. Entendeme bien: un dólar el tanque lleno, no el litro. La más increíble comparativa fue cuando por fin me fui a un beauty, como llaman las venezolanas al salón de belleza. Hay por todos lados y están abiertos desde las 6 (amanece a las 5.30) porque la mayoría pasa por ahí antes de ir a trabajar. ¡El lavado y peinado me salió la mitad de lo que salía la salsa de tomates! Ahí entendí que estar de punta en blanco, era más barato que comer.

A propósito de eso, ya que te muestran tantas imágenes de una Venezuela azotada por el régimen, te insto nuevamente a que observes bien a la gente de esas marchas (chavistas y opositores), pero bien observalos. Fijate cómo los ves, en qué se mueven, qué tan famélicos están, qué ropa visten. No me putees todavía, porque no te he contado ni la mitad.

El mambo y la gozadera

Poné atención a esto. Las empresas extranjeras depositan el sueldo (en dólares) a los expatriados, a través de una cuenta en un banco de Miami por la restricción del tipo de cambio. Obviamente los venezolanos que trabajan en la misma empresa no tienen esa opción y, aunque el sueldo es en bolívares, no se los ve piel y hueso. ¿Cómo obteníamos bolívares si el sueldo lo depositaban en el exterior? Si los sacábamos de un cajero a la conversión oficial era como ganar diez veces menos. Atendiendo a esa necesidad, hay gente que vive oficialmente del cambio negro. Los tipos (¡que son venezolanos y bien bolivarianos, eh!) tienen un pinche titular de una cuenta en el exterior y otro pinche en bancos venezolanos. Había que hacerle una transferencia en dólares a la cuenta pinche en el exterior y el tipo hace la transferencia en bolívares desde su cuenta pinche en Venezuela al cambio paralelo, por una pequeña comisión que uno ni la calculaba porque ganaba mucho al hacer ese truco. Esa changa, por loco que parezca, le sirve para vivir como un duque sin más que sentarse en la comodidad de su casa a hacer transferencias bancarias on line. Cero problema con los impuestos, cero problema con la justificación de bienes. Es su trabajo, nadie lo cuestiona y mucho menos lo denuncia porque el tipo es una especie de servidor a la orden del pueblo oprimido por el chavismo.

El otro curro con el cambio lo tienen los dueños de las financieras. Ellos no pueden hacer cambio de dinero al valor paralelo, pero habían encontrado una manera: “las remesas familiares”. Esto es la cantidad de dinero que ingresa al país para los particulares, provenientes de familiares en el extranjero. Las financieras entregan a los residentes venezolanos, bolívares al cambio oficial y cobran una comisión completamente legal. ¿Y dónde está el beneficio para los venezolanos? Mirá, si el sueldo promedio de un trabajador en Venezuela es de U$S 15 (no te agarres la cabeza, lo dolarizo para que puedas comparar, pero es relativa esa comparación porque como te dije, todo está subsidiado), imaginate que si un familiar envía U$S 50 es una fortuna (apuesto que te va a gustar saber que ese es el equivalente al sueldo de un legislador venezolano. ¿Te parece poco? Bueno, es tres veces más que el resto del pueblo, como en todos lados, y a los tipos no se los ve tan mal, no?) y poco importa que la financiera se quede con uno de esos dólares. Pero los dueños de las financieras se quedan con el dólar verde en su cuenta extranjera a través de la cual se envían las remesas familiares desde el exterior, mientras que al receptor venezolano le entregan bolívares por el equivalente al cambio oficial de U$S 49. Así sacan su ganancia, luego usan al servidor que se encarga del tongo de las transferencias pinches, y touché… el círculo es perfecto. El cambio oficial es un mecanismo mentiroso para sostener una ecuación de balanza comercial que es un dibujo, pero con el que los empresarios han hecho millones.

Te pregunto yo a vos: si hay mucha gente viviendo (muy bien) del cambio paralelo, ¿a quién le conviene que alguien libere la economía? Al trabajador que gana en bolívares y no tiene familia afuera (y mientras no le liberen el precio del combustible, ojo…), a nadie más. Y no a todos los trabajadores porque miles de profesionales independientes tienen la cuentica en Miami. “¡Me estás jodiendo, Lobesia…!” Me encantaría que fuera un joda, pero no. Los hijos de la élite venezolana, estudian en el extranjero por tres motivos. Primero porque pueden pagarlo. Segundo porque la educación pública en Venezuela es mala. Tercero, porque nunca se juntan los pobres y los ricos en ningún sitio.  Así que al tener dinero afuera, se les multiplica solito el capital cada vez que el pueblo sale a la calle o Maduro dice alguna burrada. Si la cosa se pone fea, toman el avión y bancan la parada en Colombia o Miami. ¿Por qué no se van del país definitivamente? Muchos lo han hecho. 800 mil en los gobiernos de Chávez  y 3 millones más desde que Maduro es presidente. En total 4 millones de venezolanos han emigrado, lo que equivale aproximadamente al 18% de su población. Ahhh… ¡Entonces si se pueden ir no es una dictadura! No. Es un régimen constitucional sostenido por elecciones populares, libres y soberanas. El que se quiere ir, se va. El que quiere entrar, entra. El que se quiere presentar a elecciones, se presenta. Los que se han quedado es porque no tienen adónde ir, o porque no les conviene irse, o porque no quieren vender sus bienes a un valor de mercado completamente inestable.

“¡Pará Lobesia! ¿Vos estás diciendo que hay gente que apoya silenciosamente el régimen bolivariano porque le conviene a su economía de acumulación capitalista?” Talcualmente. Y no hablo sólo de esos cambistas medio pelo o de los que tienen la cuentica en Miami, sino también de los tenedores de deuda de los bonos venezolanos (Goldman Sachs) que compraron esos bonos a tres veces menos de su valor con altísimas tasas de interés. Es lo que se llama una “Apuesta de riesgo”

Apuesta de riesgo

Yo sé que quizás se te hace complejo entenderlo, te lo resuelvo como a los niños cuando preguntan el porqué de todo.

¿Por qué Venezuela vende sus bonos de deuda baratos y a altas tasas de interés? Porque necesita el money cash, right now.

¿Pará qué necesita de manera urgente ese dinero en efectivo? Para hacer frente a los subsidios, a las importaciones, a los sueldos de los miles de empleados estatales, sobre todo los de PDVSA. Y  por encima de todo para el sostenimiento del Ejército y la Guardia Nacional. A esos mejor que no les falte nada, mucho menos armas de última generación capaces de enfrentar a cualquier ejército del mundo y neutralizar cualquier insurrección interna. Ah… ¡Entonces sí es una dictadura! Pero no seas bobo… revisá la inversión en armamentos de EEUU, Rusia, Alemania, Francia.

¿Por qué el mercado internacional le presta dinero a un país con deudas que superan en tres veces sus reservas? Porque ese es el negocio. Ellos saben que si Venezuela se declara en quiebra no pierden la inversión, porque tienen miles de fábricas de PDVSA en todo el mundo que en caso de cesación de pagos podrían ser embargadas.

¿Y de dónde sacan la plata para seguir pagando los intereses de la deuda? China negoció con Maduro un acuerdo bastante especial. Le presta plata para que cumpla con los demás acreedores pero no exige que Venezuela le devuelva en efectivo, sino con algo que por mucho tiempo allí no va a faltar. Exactamente, petróleo.

¿Y si el gobierno de Venezuela cambia, estos acuerdos tienen vigencia? Jajaja. Seguro que si los opositores venezolanos toman el poder les van a devolver la plata a los que han bancado a Maduro para hacer negocios a costa de ellos mismos… No, si el régimen chavista cae, a Goldman Sachs y a China no les van a devolver esos U$S 50 mil millones (Leíste bien, todo ese quilombo es por la mitad de la deuda que tomó Macri ¿No es chistoso que digan que nos salvaron de llegar a lo mismo que Venezuela y que nos gobierna el mejor equipo de los últimos cincuenta años?). Como a los acreedores no les conviene que el régimen caiga, siguen asegurando el flujo de dinero para que tampoco falten armas, ni nadie se niegue a que instalen un par de bases militares y quizás hasta les concedan una silla en el directorio de PDVSA.

Todo se olvida con la rumba

Eso no se negocia. Podés tener un día de tremendo trabajo, el gobierno puede ser de lo peor, la inflación no puede más, te comiste la cadena nacional de seis horas, pero… vivas donde vivas y seas del color político que seas, la pasada por la licorería antes de volver a casa es sagrada y son todos hermanos ante El Cacique y La Polar al ritmo del reggaetón y la ranchera.

El Cacique es un reconocido ron venezolano que empezó a fabricarse al oeste del país y ahora es propiedad de Diageo Internacional que lo fabrica en Venezuela y lo distribuye a todo el mundo. La Polar es la empresa venezolana de bebidas malteadas, cervezas, refrescos y algunos productos alimenticios de la canasta básica. Es privada y factura más que PDVSA. Viene sosteniéndose con esfuerzo pese a que el gobierno la tiene cercada porque con el tipo de cambio siempre hay tensión para la importación de pasta de cebada y lúpulo. Ante las amenazas de parar la producción por falta de materia prima y cesantear a los trabajadores, los revolucionarios contraatacan con la toma. “Planta parada, planta tomada por la clase obrera”, había declarado Maduro, que es más duro que sancocho e` pato, en 2016.

La expropiación de empresas comenzó por el desfasaje en el tipo de cambio. Ya que la economía venezolana es dependiente de un alto nivel de importaciones, los empresarios necesitan dólares para sus operaciones. El gobierno los autoriza a realizarlas al cambio oficial pero después los empresarios trasladan a los precios el valor de importación de cambio paralelo. ¿Quién se queda con la diferencia? El empresario, obviamente es su negocio. Sin embargo, cuando el gobierno expropia empresas y remata los productos (generalmente electrónica), las colas para obtener artículos son interminables. ¿Son pobres? ¡Ni ahí! Tampoco es que regalan los I-Phone. Son los que quieren el fin del régimen pero se aprovechan de sus bondades.

El tema es mucho más profundo que el análisis simplista de que el gobierno para la importación o expropia. No es tan así nomás.

Vamo’ a redondear la arepa

La harina de maíz precocida, más conocida como harina P.A.N (Productos Alimenticios Nacionales), es la base de la alimentación venezolana. Con esa harina se hacen las arepas (que los colombianos también reclaman como su patrimonio cultural), las cachapas, las hallacas y los bollos. Todas comidas muy tradicionales con las que pasan el día, la noche y la vida.

La marca Harina PAN fue registrada y su patente la compró la empresa Polar. Aunque no es la única marca de esta harina de maíz precocida, es un producto que cuesta conseguir por el control de los precios máximos.

El tema no es que no hay alimentos o medicamentos, sino la presión del gobierno para sabotear y expropiar las empresas por el instrumento del tipo de cambio, y la presión de las empresas para empujar a una revuelta popular que haga caer el gobierno y se termine el tema de los precios máximos.

Volvamos a la gasolinería

Te quejás por un boleto a $18 ¿Sabés cuánto vale en Venezuela? 0,002 centavos de dólar. Sacá tu cuenta pero acordate que en Venezuela los que usan el micro ganan U$S 15 al mes. ¿Te acordás que te conté que el tanque de gasolina valía la mitad de una botella de tomates y la botella de tomates equivalía a un kilo de bananas? Bueno, no es difícil inferir que al que tiene auto las bananas no le hacen cosquillas, pero el que no lo tiene suda para comprar bananas aunque el pasaje de micro le salga casi nada. Esa es la trampa de la revolución.

¿De verdad todavía creés lo que ves por CNN o por TN? Por los canales internacionales te muestran caos social en marchas y contramarchas, hambruna, desabastecimiento, anarquía, muerte. Fantasmas socialistas. ¿Sabés qué? Si por CNN fuera, en el mundo los argentinos de buena ley son los porteños y al resto nos consideran como nosotros a los bolivianos (que los hay muy ricos también, sobre todo si se dedican a la extracción de cobre y gas). Las imágenes agónicas de Venezuela no difieren de las que podés encontrar en Formosa o Santiago del Estero. Lo siento si te hiere el orgullo, pero somos sudacas, un peldaño más abajo incluso que los africanos de las colonias inglesas.

Maduro habla del imperialismo yankee como si el cuba libre que se toman no dependiera de los litros de petróleo que les compra EEUU, como si un golpe de estado no subiera el precio del barril en la bolsa de New York, como si nunca un hijo de la revolución hubiera viajado en primera clase ni veraneado en Miami o como si la ropa que usan fuera de la Gran Sabana.

El régimen ha vendido a los propios que la crisis venezolana es producto de un aislamiento político ejercido por las potencias hegemónicas (dejen de leer a Gramsci, pana). Y los opositores le han vendido al mundo que los venezolanos son víctimas de un psicópata que habla con pajaritos, como si los tíos Donald o Vladimir fueran una joyita y les vayan a tener consideración.

No, la crisis venezolana es producto de la contradicción de una sociedad que dice una cosa pero hace otra. Es producto de una falta de valores morales aberrante, que no considera en absoluto la conciliación de las clases sociales. Es producto de una corrupción social y cultural, antes que política y económica.

Argentina y Venezuela

Colombia y Brasil están dispuestos a colaborar con Estados Unidos para hacer llegar a Venezuela la ayuda humanitaria a través de sus fronteras, mientras que la mayoría de los países de Latinoamérica han reconocido a Guaidó como presidente. Más arriba te conté que 4 millones de venezolanos se han ido de su país denunciando los abusos y la corrupción del régimen chavista. El ex presidente de Brasil, Michel Temer dijo que “esa ola migratoria amenaza la estabilidad de los demás países latinoamericanos”, porque los venezolanos que emigran no son los más ricos ni los más pobres. Son la franja más afectada por la inflación, aquellos que ganaban en bolívares y no recibían remesas familiares. Los que aún sin ser pobres, no podían costear salud ni educación privada. Vienen con lo puesto y a todos les abrimos las puertas porque somos re buenos. Total…, acá sobra trabajo, sobran escuelas, sobran hospitales y universidades, sobra energía. Total… a EEUU ni en pedo entran emigrados, pero el FMI nos presta más plata que la que China y Goldman Sachs le prestan a Venezuela.

¡Lobesia… pará un poco, son seres humanos! De acuerdo, pero después no le salgas a decir “negros planeros” a tus compatriotas y bajá un cambio con el “se robaron todo” ¿Qué te creés, que los miles de inmigrantes que vienen acá no cuestan a los argentinos laburantes la misma plata que aquellos a quienes condenás por ser beneficiarios de planes sociales? Pero si vienen a trabajar, Lobesia, van a pagar impuestos y van comprar acá. Bueno, tan humanitario que sos con los de afuera, esperate que les den la nacionalidad y voten… No sé, pensalo.

En nombre de Bolívar

Difícil encontrar una plaza que no se llame Simón Bolívar (yo no la encontré), y la mayoría a duras penas sabe quién fue y lo que pasó con San Martín en Guayaquil. Los revolucionarios se llenan la boca hablando del Che y tampoco tienen noción de los perversos ideales que tenía un tipo que aborrecía a los homosexuales más que a los capitalistas. Los yankees no son unos santos, pero los venezolanos tienen más de yankilandia que ningún otro país de América Latina. Dicen que no los quieren invadiendo el país. ¡Lógico! Si EEUU invade Venezuela, ¿qué sentido tiene para el rico tener los dólares en la cuentica de Miami? ¿Qué sentido tiene para el pobre que le aumenten el pasaje de micro? ¿Qué sentido tiene para el trabajador raso que gana en bolívares y se mueve en auto si el litro de gasolina le va a salir más que las bananas, los tomates, la Polar y el beauty?

¿Entendés que el chavismo no es la causa sino la consecuencia? Yo lo entendí hace años.

Uno más. En Venezuela las elecciones no son obligatorias. No te resulta extraño que de 20 millones de electores sólo vayan a votar la mitad y de esa mitad Maduro saque el 60%. En las elecciones legislativas de 2015, las que pusieron a Guaidó el frente de la Asamblea Nacional, la participación ciudadana fue del 70% y de ese porcentaje el partido que representa obtuvo el 56% de los votos. ¿Por qué van a votar a las legislativas y no a las presidenciales? Puede ser por descreimiento o desencanto. Le pregunté un día a Xiomara por qué ganaba elecciones Chávez si tanta gente estaba en contra del régimen. Ella me dijo: “Es que no se juntan con nosotros en la cola”.  Pero después se quejan de esas “cucarachas chavistas fraguadoras de elecciones” que, en realidad, son las víctimas de un régimen que se alimenta de la carroña capitalista y mentirosa tras la máscara del socialismo más recalcitrante, apañado con la perversión de los blasfemos de falsa moral que ahora tienen también su presidente. No son idealistas, son negociantes de la peor calaña. Una pseudomafia que se carga sin asco los muertos propios y ajenos, en nombre de una revolución que se pasa por la entrepierna el ideal bolivariano de la Patria Grande con el que se llenan la boca, pero lo entendieron mal todos. Acá también.

Ese es el régimen. Una caricatura de sí mismo. Y lo van a defender porque a los ricos se les cae el negocio y a los pobres… los pobres siempre van a ser pobres. Lo quiero ver al ingeniero sentarse con Goldman Sachs y los chinos. Quiero ver a esos que piden libertad cuando el FMI salga a salvarles las papas y después los ajuste (eso es lo que pasó hace 27 años y el golpista terminó siendo presidente). Quiero verlos llenos de todo lo que tanto dicen que les falta, pero a precio dólar libre. Quiero verlos cuando se les acabe el enamoramiento con el muchachito y haya que arremangarse.

Ojalá puedan recuperar las finanzas, levantar la producción de petróleo, usar la renta petrolera para diversificar la economía, para crear una industria de sustitución de importaciones, para generar más trabajo, recomponer el salario de los trabajadores, bajar la inflación, disminuir el analfabetismo y mejorar la calidad de vida de los más pobres. No creo que yo llegue a verlo, pero ojalá hayan aprendido en estos 27 años que los subsidios igual hay que pagarlos. Ojalá se perdonen entre ellos las afrentas históricas. Ojalá ese grito que llaman libertad no sea de odio. Y ojalá el nombre de Bolívar no quede para siempre pegado a toda esa mierda, sepultado bajo los escombros de una Patria que no supieron sostener.

Otro día te cuento de la verraquera de vecinitos que se cargan, su voto negativo a la paz con las FARC y su vinculación con verdadero interés de EEUU sobre Venezuela: el control de las fronteras colombianas.