Feminismo: el enemigo de la mujer | “Anti-porno y puritano”

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Parte 1: Feminismo: el enemigo de la mujer | “Infantil y mentiroso”

Parte 2: Feminismo: el enemigo de la mujer | “Elitista e ignorante”

Parte 3

Qué lío bárbaro se ha armado con esto del acoso y la seducción. Me parece un juego sucio haber borroneado el límite entre una agresión sexual y algo que no lo es. Da igual una violación que tocar una rodilla o robar un beso. Resulta inconcebible que un colectivo de mujeres, desde su moral y sus preferencias, decida e imponga en nombre de todas, lo que para ellas es agresivo.
La violencia siempre es clara. Y las mujeres criteriosas saben reconocerla sin ningún margen de duda. Un hombre con intención de seducirnos, podría ser torpe, insistente, hasta quizás molesto, lo cual no clasifica como agresor. Es el deber nuestro desestimarlo si no estamos interesadas, o ponerlo en su lugar en caso de ser necesario. Pero no se debe criminalizar la torpeza. Incluso hasta las mismas mujeres podemos ser torpes y molestas cuando queremos conquistar.

¿Dónde está la frontera del acoso? Existen tantos matices, que lo molesto es muy subjetivo. Lo que es aceptable para una mujer, puede no serlo para otra. Y lo inaceptable no siempre constituye un delito. Muchos hombres deben de estar replanteando su historial de comportamiento, ya que no creo exista alguno que no haya tenido al menos una actitud torpe o sin consentimiento previo.

Ahora, los nuevos códigos de seducción que se imponen, exigen que ciertas actitudes galantes de los hombres, sean previamente consentidas, de lo contrario constituye una agresión sexual. Ha resucitado un feminismo puritano que dice que un beso robado es una incitación directa a la violencia, y que cuentos como el de la Bella Durmiente deberían ser quemados en la hoguera por perniciosos para los niños.

Feministas mojigatas es lo menos que estábamos necesitando. ¿Imaginan a los hombres pidiéndonos permiso para seducirnos? “¿Puedo mirarte? ¿Puedo tomar tu mano y besarla? ¿Puedo darte un beso?” Más que un juego de seducción sería una petición de lo más deserotizante. No existe seducción posible en la que no estén presentes las insinuaciones, la insolencia, la osadía y hasta el factor sorpresa como cuando te roban un beso.

Este feminismo extremista empeora las relaciones. Posiciona a las mujeres como eternas víctimas y a todos los hombres como victimarios. Y nos conduce a un nuevo paradigma en el que las mujeres pasemos a ser las que dominemos la escena y se gesten varones cada vez más temerosos, débiles e inseguros, que no sepan cómo comportarse frente a una mujer, y lo que es peor que quieran evitarnos a toda costa, por temor a ser denunciados por cometer la más mínima torpeza. En definitiva un perfil de hombre para nada atrayente.

Y siguiendo con esta ola puritana, existe un amplio sector feminista que quiere promover una nueva sexualidad más humanizada y amorosa, por lo que no podía menos que demonizar al porno, ya que aduce es una forma más de violencia contra las mujeres.
Buscando información, en un intento de comprender más a fondo los motivos de esta oposición, encuentro un video hecho en España, el cual hace un tiempo circulaba por las redes, que explica de qué manera el porno es un instructivo para someter y denigrar a la mujer. Centrado únicamente en la fantasía masculina, fomenta una cultura falocéntrica, y lo que es peor, fabrica violadores en manada.

La pornografía existe desde tiempos inmemorables. Si revisamos sus orígenes, recordamos que en épocas prehistóricas abundan estatuillas y dibujos con enormes falos y senos. Imágenes de contenido sexual explícito que datan de la Edad Media. En la India existen templos de los más antiguos, en los que se exhiben un amplísimo repertorio de escenas orgiásticas divertidísimas de ver.

En el Antiguo Egipto se han encontrado imágenes que muestran numerosas y variadas escenas de sexo. Claro que su finalidad en aquellos tiempos era pedir a los dioses fertilidad y cosecha abundante. Es a principios del siglo XIX, cuando comienza a tener como único fin provocar la excitación del receptor. Y un dato importante es que sólo tenían acceso a estos materiales sexuales las personas distinguidas. Tiempo después, gracias a los medios de difusión modernos, los más pobres también pudieron acceder. Acá es cuando nace la oposición que, preocupada por los niños y adolescentes, quiere prohibirla por sus contenidos obscenos, inmorales y peligrosos.

Hoy, las feministas neo-conservadoras, por lo que pude observar, se quejan del porno, no por ser obsceno e inmoral, sino porque sólo muestra la sexualidad voraz y dominante del hombre. Perpetuando los derechos sexuales de éste por sobre los de las mujeres.

Fomenta una cultura de agresión sexual hacia la mujer, degradándola a la imagen de puta y a un objeto sexual que está al servicio del hombre, reafirmando la supremacía de éste. Pero lo que más llama la atención, es que tienen la creencia de que esta violencia rodada, podría reproducirse en la vida real. Y más aún, que la pornografía, es un instructivo del cual los hombres aprenden a agredir y violar a las mujeres. Entonces me detengo y pienso: todos los hombres deberían de ser unos cerdos abusadores y violadores. Esta creencia es situar a todos ellos en la categoría de subnormales. ¿Alguien, en su sano juicio (vean que aclaro “en su sano juicio”), podría desempeñar en la realidad los papeles de los actores pornos, sin el consentimiento del otro? Por otra parte, quien se frustre por no poder estar a la altura de los personajes, queriendo hacer las mismas performances, debería acudir de inmediato al psicólogo. El mismo consejo para las mujeres que, siguiendo el guión, dejan a un lado su propio placer, porque creen que deben ser sumisas y obedientes en el sexo para ser queridas. Toda persona sana y de buen criterio sabe reconocer que el porno pertenece al plano de las fantasías, y de hacerlas realidad debe contar con el aval del otro. Controlar las mentes enfermas, no es asunto de la pornografía.

Lo que sí es cierto, pero las feministas anti-porno parecen olvidarse de protestar, es que en la industria de la pornografía, las mujeres son explotadas debido a las malas condiciones laborales. Esta problemática social debería estar regulada por una legislación laboral que mejore estas condiciones.

Volviendo al principio, afirmar que estos guiones son de estructura machista, que muestran una sexualidad perversa, donde los hombres son los amos del sexo, mientras que la mujer es una mera esclava, es una verdad a medias. El mundo del porno provee un amplio abanico de categorías para todos los gustos, entre las que se encuentran, a tan sólo un click, papeles más dominantes de la mujer. Incluso, gracias a las activistas del movimiento “Change porn”, existe la pornografía feminista para quien prefiera escenas más amorosas y menos rudas.

Estas feministas de corte puritano son generadoras de miedo. Crean la impresión de que las mujeres estamos constantemente amenazadas y es necesario que seamos protegidas. Y a este respecto vuelvo a insistir en que el recurso más despreciable del feminismo es la victimización. Fomentar a una mujer vulnerable, no es la mejor herramienta. ¿Por qué pensar que la mujer no tiene la fuerza y la capacidad de enseñarle al hombre, qué es para ella satisfactorio y qué inaceptable en el sexo? ¿Realmente nos creemos incapaces de establecer pautas, o rechazar aquello que no nos agrada? ¿Por qué creer que el hombre promedio es un cavernícola ingobernable, incapaz de aprender a respetar el deseo de la mujer, y que sólo busca su propio placer? Vivimos en una época y en un costado del mundo, donde los hombres de bien, por suerte la gran mayoría, se interesan en hacer gozar a sus parejas, no sólo para que ellas la pasen bien, sino porque eso reafirma su virilidad. ¿Y por qué subestimar la inteligencia tanto del hombre como de la mujer, pensando que ambos no pueden discernir entre ficción y realidad?

No obstante vale la pena aclarar a los más novatos, los dudosos y sobre todo a los creídos, que a las mujeres no nos interesa el típico macho alfa bien dotado, ni nos importa qué tan rudos sean, ni los penes enormes. Nunca se crean los súper amantes, capaces de provocarnos múltiples orgasmos como en la ficción, eso jamás sucede. Generalmente nos sentimos a gusto con lo simple, lo estándar y lo amoroso. Lo cual no quiere decir que no nos agrade también el sexo más intenso. Y si alguna vez el acto no resultara lo que esperábamos, no pasa nada. El sexo debe ser valorado por el regocijo del encuentro, y no por la actuación de cada uno como si se tratase de un certamen que requiere puntuación.

El porno no está para educar, ni es un instructivo, ni fabrica violadores. El porno está para disfrutar. No tenemos por qué alarmarnos de las imágenes de sexo agresivas y rudas de las que tanto se quejan algunas feministas, porque no sólo son estimulantes para los hombres, sino para muchas mujeres también, y para tranquilidad de todos, pertenecen al plano de las fantasías y ahí quedan. Relajémonos y gocemos, que, salvo la pornografía infantil, el resto es una maravilla.